Noche 6 al 10

NOCHE 6

Un aroma nostálgico.

Osmanthus…

Mi aroma favorito.

Como aferrándome a él, alcé ligeramente la nariz.

—…

Algo me rozó. Suavemente, con un cosquilleo.

Logré abrir los pesados párpados y percibí la luz, aunque algo blanco y esponjoso cubría mi visión.

Entonces, escuché junto a mi oído el sonido de alguien aspirando por la nariz, una y otra vez. Cuando inhalé profundamente por la boca, aquello blanco y suave se movió.

Unos ojos azules me observaban. Sus cejas bien definidas se fruncían con tristeza, y sus labios de un tenue color rosado se movieron.

—Menos mal… despertaste.

Leonis.

Me observaba con una belleza escalofriante. Incluso con la mente aún aturdida, pude sentir el inmenso poder demoníaco de sus ojos.

¿Recuperó sus fuerzas después de beber mi sangre?

Ya no quedaba rastro de aquella presencia marchita, como un árbol seco, que había sentido antes.

Ante mí, se alzaba un auténtico vampiro.

—Apártate.

Lo dije secamente.

El hombre, que había estado pegado a mí como si se aferrara a mi cuerpo, reaccionó sobresaltado y se apartó. En ese instante, percibí el aroma del osmanthus. ¿Sería jabón…? Provenía de la piel de Leonis. El hombre bajó un poco la mirada y me sorprendió. Su cuerpo se había encogido con una expresión apenada.

Me puse de pie y miré alrededor. No era la sala VIP de el ‘Cubo’.

Era una amplia habitación sin ventanas con paredes de yeso y techos altos, decorada con muebles de gran calidad. Los muebles de tonos negros eran pulcros y daban un aire casi artificial, aunque la iluminación indirecta era de un color cálido e incandescente. Había plantas ornamentales —no sabía si reales o no— y, en lugar de cuadros, una enorme pantalla mostraba peces nadando elegantemente.

Un lugar desconocido.

Si tuviera que imaginarlo, probablemente era la habitación privada de Leonis. Él ya se había cambiado a ropa casual y llevaba un albornoz sobre el cuerpo, con el cabello aún húmedo.

NT: Albornoz es una prenda de lana de baño.

No me sentía mareado. Mi cuerpo aún seguía pesado, pero mi cuerpo se había recuperado un poco mientras estaba inconsciente. Me llevé la mano a la nuca, donde seguramente me habían golpeado. Estaba seca y pegajosa, y mi cabello todavía olía a vino.

—Bueno… primero, déjame disculparme. Lo siento. Fui terriblemente grosero contigo —dijo Leonis con aquella voz clara y serena.

Esperaba que fuera mucho más arrogante. Observé al hombre disculpándose con los codos apoyados sobre las rodillas.

Tenía las manos fuertemente entrelazadas sobre las piernas, los dedos tan tensos que las puntas se habían puesto rojas. Sus hombros estaban encorvados, quizá por nerviosismo, y su cabello aún húmedo lo hacía parecer apenas un muchacho de poco más de veinte años. Sin embargo, la presencia que emanaba contenía un poder inmenso, y aquella sensación me hizo fruncir el ceño.

¿Cuál es su faceta verdadera…?

Aunque entrecerré los ojos para observarlo, no logré descifrarlo.

—Bebiste como un maldito animal. Si hubiera sido un humano, habrías matado a dos personas.

Mi voz salió áspera, y tuve que aclararme la garganta.

—¡Lo siento! Jamás imaginé que había tomado tanta sangre tuya… —Sus ojos azules se llenaron de desconcierto. La piel, antes completamente pálida, ahora tenía algo de color. Y, para colmo, podía oler mi sangre en su cuerpo.

—Vas a compensarme como es debido. Deberías conformarte con sangre humana… pero aun así decidiste saciarte con la mía.

—¿Eh? ¿Qué quieres decir con eso…?

¿Ni siquiera se ha dado cuenta?

Leonis parecía genuinamente confundido. Inclinó apenas la cabeza y me observó con detenimiento.

Chasqueé la lengua antes de continuar. Ya no tenía sentido ocultarlo.

—Soy un hombre lobo. Por eso no muero aunque me hayas succionado la sangre de esa manera absurda… aunque creí que iba a morir. 

Dije aquello con tono burlón, mostrando mis grandes colmillos, pero Leonis estaba aún más impactado. Abrió mucho los ojos.

—¿Un hombre lobo…? Imposible. Creía que ya se habían extinguido con la gran catástrofe.

—Después de beber mi sangre como si fueras un maldito barril sin fondo, deberías haberlo sabido mejor que nadie. Esa es la prueba.

A pesar de mi sarcasmo, Leonis seguía atónito. Se llevó el puño al mentón, como si estuviera sumido en sus pensamientos.

—Así que yo, ¿después de cientos de años… bebí la sangre de otra criatura…? ¿Por qué…?

Frunció el ceño, y al hacerlo, la apariencia juvenil que había mostrado hasta hacía un momento desapareció.

Desconocía sus circunstancias, ni me importaban.

Inesperadamente, era alguien con quien se podía hablar de forma normal, quizás por eso mi enojo empezó a disiparse un poco. También pensé con calma que, al haber vivido evitando involucrarme con otros, hacía cuánto tiempo no tenía una conversación así.

Enfadarse es agotador. Y la verdad, sentía el cansancio físico.

Me recosté contra el respaldo del sofá.

—Primero, una ducha. Luego, ropa. Tengo hambre.

Mirándolo con los ojos entrecerrados, hablé, y Leonis reaccionó sobresaltado.

—Tienes razón, claro…

Se levantó apresuradamente, arrastrando los pies descalzos mientras me conducía al baño. Al ponerme de pie, noté que era más bajo que yo y no muy corpulento. Al mirar su delgado cuello, volví a sentir la amargura.

¿De verdad había sido sometido por un tipo así?

También me irritaba conmigo mismo por haber bajado la guardia, pero inevitablemente mi enojo terminaba dirigido hacia Leonis.

—Úsalo. Prepararé ropa para ti. Y comida también. Luego podremos hablar con calma de todo esto.

—No necesito tu comida. La comida de esta ciudad no hay quien se la trague. Prepárame ingredientes. Cocinaré yo mismo.

—Entonces… ¿Qué ingredientes necesitas?

—Lo que sea. Todo lo necesario para cocinar.

Las cejas de Leonis se fruncieron con expresión preocupada. Me resultó un poco divertido, así que no le di más explicaciones. Durante un rato me miró como esperando que añadiera algo más, pero terminó rindiéndose. Luego asintió, como si hubiera tomado una decisión.

—Entendido.

Me quité la camisa, cuyo cuello había quedado desgarrado. Me descalcé y llevé la mano al cinturón; entonces entrecerré los ojos y lancé una mirada amenazante hacia Leonis.

—No te quedes mirándome babeando.

—¡!

El hombre se cubrió la boca apresuradamente con una mano. ¿Ni siquiera era consciente de la expresión hambrienta que había puesto? Después de haber bebido tanto, seguía queriendo más… qué monstruo tan glotón.

—Ah… esto… tómate tu tiempo.

Leonis se dio la vuelta y desapareció a paso rápido hacia la sala de estar.


Maldita sea. No soy tu alimento.

Me quité los pantalones y los arrojé al suelo con irritación. Entré en la ducha rodeada de cristal esmerilado y enseguida dejé que el agua caliente cayera sobre mí. Apoyé la mano contra la fría pared de mármol. El aroma del vino empezó a desaparecer arrastrado por el agua. La sensación del calor envolviendo mi piel consiguió calmarme un poco.

Me toqué el cuello donde me había mordido.

Ya no quedaba herida alguna, pero la sensación seguía vívida.

Había dominado mi cuerpo… incluso mis pensamientos.

Como si todo mi ser hubiera pasado a pertenecerle a otro.

Y lo que más me sorprendía era que no me hubiera resultado desagradable. Aunque hubiera estado atado por el poder de un hechizo, nací como hombre lobo, un depredador en la cima de la cadena alimenticia.

Y aun así…

Por primera vez en más de mil años de vida, me convertí en la presa. Había sido devorado.

Eso era lo que me irritaba.

Después de haber sido mordido, quería devolverle el favor arrancándole la carne a mordidas. Mientras observaba el agua resbalar por mi cuerpo y perderse en el desagüe, pensé en ello.

Y entonces…

Mi estómago gruñó con fuerza.

Por mucho que me llenara la cabeza de autodesprecio y rabia, eso no mejoraba mi humor.

Ya había saboreado suficiente amargura.

Al diablo. Necesitaba comer. Llenar el estómago.

Quería algo guisado, pero ahora mismo prefería algo rápido de preparar. La calidad de la carne vegetal en esta ciudad era sorprendentemente buena; bastaría con dedicar algo de tiempo a la salsa y simplemente saltear la carne.

Por ahora, lo mínimo que podía hacer era aprovecharme de ese hombre.

Y además…

Si encontraba una oportunidad, sería yo quien lo sometiera.

Así quedaríamos a mano.

Cerré el agua y, tras secarme el cuerpo, me enrollé una toalla en la cintura. Dijo que prepararía ropa, así que crucé por encima de mis prendas sucias tiradas en el suelo y regresé a la sala. Mi hambre ya estaba llegando al límite.

Leonis estaba frente a lo que parecía ser la puerta de entrada. Se había quitado la bata y llevaba ropa informal mientras daba instrucciones sobre algo. A través de las puertas dobles, cajas y más cajas eran transportadas al interior.

—¿Qué demonios es esto?

Apartándome el cabello mojado hacia atrás, pregunté. Leonis se dio cuenta de mi presencia, se giró y sonrió.

—Ingredientes. Y también utensilios, ya que dijiste que cocinarías.

—¿Qué?

—Vamos, escoge lo que quieras.

Me acerqué rápidamente. Dentro de las cajas había verduras y toda clase de ingredientes. Miré hacia la cocina al fondo y vi pilas de ollas y sartenes completamente nuevas.

—Nunca he cocinado, así que tranquilo, todo esto lo trajeron de la cocina del restaurante de arriba. Elegí ingredientes de buena calidad.

—…

—Ah, y esto también. Creo que es de tu talla. La ropa mía te quedaría demasiado ajustada, así que hice que lo trajeran de una boutique. No sé si será de tu gusto, pero por ahora quisiera que te conformaras con ello.

Lo que Leonis me tendió fue un suéter gris oscuro de excelente calidad y un pantalón negro de algodón tipo sweat. En la etiqueta colgante había una cantidad absurda de ceros.

—……

Me los empujó en las manos. Mientras tanto, los empleados del restaurante seguían entrando cajas llenas de ingredientes. Y entonces, quién sabe qué se le pasó por la cabeza a Leonis, porque detuvo a uno de los camareros y le pidió el delantal que llevaba atado a la cintura.

El camarero se lo quitó apresuradamente y se lo entregó. Leonis volvió hacia mí y dijo:

—Si vas a cocinar, también necesitarás esto, ¿no?

Y acomodó cuidadosamente el delantal doblado sobre la ropa que sostenía.

—…Tú…

—¿Eh? Si necesitas algo más, dímelo. Creo que aquí tenemos todo lo que necesit…

Interrumpí aquellas palabras con una sonrisa amable mientras me miraba hacia arriba.

—¡Hay límites para lo que puedes hacer!

No hace falta decir que mi grito, cargado de desconcierto, dejó paralizados a todos los que estaban en la sala.

Leonis abrió mucho los ojos, completamente desconcertado.

Suspiré y me presioné el entrecejo.

Este hombre… se está pasando de la raya.

**

NOCHE 7

Un aroma especiado y, a la vez, dulce.

El fuego se encendió en una estufa que no se había usado ni una sola vez hasta ahora, y el hombre cocinaba moviendo la sartén frente a ella. El aceite chisporroteaba. Al añadir los condimentos, el crepitar se vuelve aún más fuerte.

Observaba aquella figura alta moviéndose con destreza. Desde su cintura estrecha hasta la amplitud de su espalda, su cuello robusto… Tenía un cuerpo musculoso y hermoso.

¿Eso es un hombre lobo? ¿De verdad?

Los había visto unas cuantas veces hace mucho tiempo. Al ser ambas especies de pocos individuos y tener formas de vida distintas, era raro cruzarnos.

Sin embargo, había oído que, a medida que la civilización humana progresaba, los hombres lobo disminuyeron rápidamente en número. Nunca escuché con claridad la razón, y como no tenía relación con ellos, tampoco la conocía. Pero se supone que preferían estar en la naturaleza y no eran urbanos. Seguramente fue por eso.

Luego escuché que se extinguieron en la gran catástrofe. Aunque no eran más que rumores. A pesar de que se decía que los hombres lobo poseían cuerpos inmortales y resistentes al igual que los vampiros, entre mi clan se contaba que se habían “extinguido".

En aquel entonces, muchas especies se extinguieron.

Fue algo triste, pero para mí no había sido más que una especie entre tantas.

No me detuve a pensar el porqué. Ni tampoco: ‘¿Por qué los hombres lobos inmortales habían desaparecido?’

La persona que podría despejar esa duda estaba ahora mismo frente a mis ojos. El hombre que me permitió volver a comer después de doscientos años.

...Bueno, aunque dudo que él lo haya deseado.

Me sentía mal por él, pero no podía evitar observarlo con una curiosidad intensa. Además, se veía delicioso... No, mejor dejo de pensar en eso.

El hombre se da la vuelta con un plato en la mano. Ya se había puesto el parche en el ojo. Cuando lo vi salir del baño, la herida cicatrizada en su párpado izquierdo dejaba ver una cuenca ligeramente hundida junto con la piel. Comprendí que no ya no había un globo ocular dentro.

Si seguía mirándolo fijamente, volvería a mostrarme los colmillos. Bajé la mirada hacia el líquido en el vaso de whisky que estaba sobre la mesa.

Un plato se deslizó dentro de mi campo de visión. Carne bañada en una salsa de color rojizo oscuro y aroma apetitoso. Venía acompañada de verduras calientes. Soltaba un vapor suave.

—¿Eh?

Miré al hombre. Se sentó a un asiento de distancia de mí, con su propio plato en la mano. Al mismo tiempo que se sentaba, clavó el cuchillo en la carne y comenzó a comer.

—Puedes comer esto, ¿verdad? Pues come. —Dijo tras tragar el primer bocado—. No tengo ganas de comer solo estando frente al dueño de la casa.

Sin siquiera levantar la vista, siguió devorando la comida. A veces, de forma inconsciente, cerraba los ojos con una expresión de ligero deleite mientras asentía levemente. Solo en esos momentos se suavizaba el profundo ceño fruncido entre sus cejas. 

—Entonces... acepto tu invitación.

Tomé los cubiertos que habían sido colocados con descuido junto al plato y corté la carne. Estaba suave. Cuando me la llevé a la boca...

—Está delicioso...

¿Qué clase de salsa era? Tenía un ligero sabor a zanahoria, apio y cebolla. Había pensado que era una simple salsa de tomate sofrito, pero parecía contener muchos trozos pequeños de vegetales. Hacía que la insípida carne sintética tuviera un sabor intenso.

Comí con entusiasmo. Las verduras cocidas también estaban calientes y suaves. Limpié la salsa con ellas y terminé el plato hasta dejarlo vacío. Ahora que lo recordaba, Christian me había dicho que aquel estofado que había comido en Cubo también lo había preparado este hombre.

—Cocinas muy bien —le dije, tanteando el terreno para hablarle.

—La comida de hoy en día no sabe como la de antes. Es mejor cocinarla uno mismo... Supongo que, con el cambio de generaciones, esos sabores se han ido olvidando —respondió él sin mucha entonación.

Me sentí aliviado de que, al menos, pudiéramos mantener una conversación. Durante un rato, solo se escuchó el tintineo de los cubiertos contra la porcelana. El plato del hombre, que tenía mucha más cantidad que el mío, también quedó vacío. Bebió de un trago el agua de su vaso y soltó un suspiro de satisfacción.

—Aaah...

Se limpió la comisura de los labios con el pulgar y, con ese mismo dedo, apartó ligeramente el plato.

—¿Y bien? ¿Por qué bebiste mi sangre? Se supone que la sangre humana es el alimento principal de ustedes.

Su voz era baja y calmada. Su único ojo me tenía atrapado; no me permitía evitar la pregunta. Me sorprendió un poco pensar cuánto tiempo había pasado desde la última vez que alguien me miró de forma tan directa... y entonces, respondí.

—Desde hace unos doscientos años, no he probado la sangre humana. Por alguna razón, dejé de ser capaz de beberla. Cada vez que lo intentaba, terminaba vomitando o mi salud se deterioraba drásticamente. Tras repetirlo una y otra vez, acabé abandonando por completo la idea de alimentarme.

Ante mis palabras, totalmente extravagantes para un vampiro, el hombre abrió un poco más su único ojo, sorprendido.

—... Es un milagro que hayas sobrevivido.

—¿No crees que estoy mintiendo?

—Tengo buen olfato. Sé que hasta hace poco no eras más que una rama seca. Además, me parecía extraño que, siendo un vampiro, no olieras a sangre.

—Ya veo... Bueno, el caso es que cuando empezaste a sangrar en aquella habitación, experimenté una sensación que ni yo mismo esperaba.

El hombre escuchaba mientras tamborileaba sus garras de color azabache sobre la mesa. Me costaba un poco decirlo, así que dejé que desvié la mirada.

—Es decir... cuando percibí el aroma de tu sangre, sentí deseos de beberla y...

—Y entonces, me atacaste.

Apreté los labios y asentí. El hombre soltó un bufido por la nariz.

—¿Y cómo te sientes ahora?

—¿Eh?

—Tu estado físico, ¿te sientes bien? Aunque no parece que estés mal y diría que también recuperaste tu energía vital.

—Ah... Sí, tienes razón —asentí, acariciando mi propio pecho mientras él me señalaba con el dedo.

—Es sangre de hombre lobo. Tu energía vital es muchas veces más potente que la de los humanos. Es normal que hayas recuperado esa cantidad de fuerza de una sola vez.

—Supongo que debe ser eso... Era densa y deliciosa.

—Basta con eso. Te lo dije que no me miraras con esos ojos.

El hombre frunció el ceño y parpadeó con brusquedad. Me pregunto qué clase de mirada estoy poniendo, ¿Acaso lo estaré mirando con hambre? Si era así, ciertamente estaba siendo demasiado grosero.

Él... por cierto, todavía no sabía su nombre.

—Sé que es tarde para preguntar, pero... ¿cómo te llamas?

Sus ojos rojos vacilaron por un instante.

—... Slash. Así me llaman.

No parecía ser su verdadero nombre. Probablemente era un apodo por el mechón de pelo blanco que atraviesa su cabello.

—Slash. ¿Puedo llamarte así?

El hombre, Slash, inclinó un poco el mentón.

Su actitud era calmada. Percibía su cautela, pero no parecía amedrentado. En sus claros ojos rojos no siento ira ahora mismo; eran como un mar en calma cuya profundidad es imposible de conocer. A simple vista, parecía tener entre treinta y tantos o cuarenta años, y percibía una madurez reflexiva en la comisura de sus labios firmes. Pero no podía saber cuántos años tenía en realidad.

Sin embargo, había algo que sí podía entender.

Él era, sin duda, un ser de sangre pura al igual que yo.

Sentí emanar de su cuerpo una antigua y poderosa energía espiritual. Era una fuerza acumulada como la de un árbol gigante que va ganando densidad lentamente. Sentí una majestuosidad similar a la de un bosque oscuro que se extiende hasta el infinito; la capacidad de acogida de la madre naturaleza que convive con el temor. Bajo su piel, percibí el oleaje de una fuerza vital poderosa.

Ah...

Deseaba sumergir todo mi cuerpo en ello.

—Viendo que no puedes dejar de mirarme así aunque te lo diga, mi sangre debió saberte muy bien.

De nuevo, volví en mí.

Parpadeé y, al mirar a Slash, él me miraba con los ojos entrecerrados, harto. Sacudió la cabeza como diciendo ‘no hay remedio contigo’.

—¿Todavía tienes hambre?

Me pareció que incluso asentir sería una falta de respeto, así que bajé la mirada. Por más que intentara mantener la calma, los latidos y el aroma fragante que emanaban de Slash estaban a punto de arrastrar mis pensamientos hacia una sola cosa, hambre.

Slash se levantó y se dio la vuelta.

—Ven.

Me llamó con un gesto de la barbilla. Me levanté y lo seguí. Terminamos frente al sofá de la sala. Él se sentó allí y apoyó la espalda en los cojines amontonados.

Entonces, acarició su propio y robusto cuello y levantó la barbilla.

—Bebe.

—¿Eh?

—O cambiaré de opinión, bebe rápido.

Intenté decir ‘Pero…’, aunque mi cuerpo reaccionó antes que mis palabras. Me senté a su lado, junto al cuerpo de Slash que estaba inclinado sobre el sofá.

—No uses Encantamiento. Me fastidia.

Esa mirada que me observaba desde arriba era una clara advertencia. Era una mirada tan feroz que me helaba la columna, pero precisamente por eso resultaba tan seductora.

Superpuse mi cuerpo sobre el suyo. Al apoyar la mano en su pecho, sentí el calor y los fuertes latidos de su corazón, lo que aumentó aún más mi apetito.

Era distinto a lo de antes. Distinto a cuando perdí el control y devoré su sangre con ansia.

Ahora mi mente estaba despejada, mi razón seguía ahí. Sentía una mezcla de culpa y vacilación dándome vueltas en el centro de mi frente. Aún así, también sentía una impaciencia desesperante que me hacía sentir hastiado de mi actitud, lo quería pronto, rápido…

No podía resistirme a ese aroma.

La punta de mi nariz rozó el cuello de Slash. Sentí el palpitar de las venas ardientes contra mis labios y me estremecí de placer.

Clavé los dientes en la piel tersa que previamente había humedecido con la lengua; sentí cómo esa piel estallaba. De inmediato, la densa sangre se extendió por mi boca.

—Mmm...

Realmente era deliciosa, y un gemido de admiración se me escapó sin querer. Para no desperdiciar ni una sola gota, cubrí la herida con mis labios y la lengua, succionando con suavidad.

No entendía por qué, de repente, Slash me había permitido beber su sangre. 

¿Compasión…? 

No, quizá estaba esperando el momento para transformarse y destrozarme la cabeza de una mordida mientras yo estaba distraído ‘comiendo’, pensé algo así.

Pero...

Incluso si fuera así, no me importaba.

Slash tiene el derecho de hacerlo.

Tal vez no era más que simplemente resignación, pero aun así, no podía resistirme al hambre. Era difícil borrar la naturaleza que ya había despertado de nuevo dentro de mí.

—......

Slash soltó un largo suspiro. No es que me hubiera aceptado por completo, pero tampoco estaba tenso. Sentir eso me tranquilizó.

No tenía por qué apresurarme, debía ir despacio.

Siguiendo el ritmo de sus latidos… procurando no beber demasiado. Todo está bien, su cuerpo está cálido. Los latidos que percibo en mi palma son lentos y potentes. Su respiración también es profunda y calmada.

La cálida sangre de Slash me va llenando.

Ah, ahh…

Qué deliciosa.

Qué alegría.

Soy feliz…

Mi corazón, que había estado vacío durante tanto tiempo, por fin empezaba a llenarse.

Ya ni siquiera entendía por qué seguía viviendo.

Pero ahora… había encontrado a alguien capaz de llenar ese profundo agujero en mi interior.

De pronto, Slash se movió.

Su brazo rozó mi espalda y su palma, grande y pesada, se posó en mi nuca.

—... ¿Estás llorando?

Su voz grave resonó sobre mí.

Al abrir los ojos cuando me lo dijo, las gotas que se habían acumulado en mis pestañas cayeron sobre su piel morena. Solté un pequeño gemido sin apartar mis colmillos de su cuello, pero mi voz se quebró, casi infantil.

La palma de Slash se movió apenas sobre mi cabello.

—No llores…

Eso dijo con un tono incómodo, casi resignado.

Volví a cerrar los ojos.

Sentí el roce de las lágrimas deslizándose por mis mejillas. Y Slash no volvió a decir nada más.

**

NOCHE 8

—Aún no me he presentado, yo soy...

—Leonis, ¿verdad? Lo sé.

Interrumpí las palabras del hombre, quien hablaba mientras se incorporaba y se recomponía tras terminar su "comida". Me sentía un poco perezoso, pero no había ningún problema.

Me acaricié el cuello donde me había mordido, pero no me quedó sangre en la mano.

Al mirar de reojo a Leonis, se veía radiante.

Bueno, era de esperarse. Acababa de asimilar la sangre de un inmortal. Su cabello brillaba resplandeciente, su fina piel tenía un toque de color y sus labios lucían de un rosa tenue. Se veía mucho más joven que cuando lo vi por primera vez.

En comparación con la sangre humana, se supone que mi sangre es casi como veneno. Como un alcohol de alta graduación. Que la beba con tanto gusto y se revitalice se debe, después de todo, a que es un poderoso Ancestro... probablemente. Al no haber precedentes, yo tampoco lo sabía con certeza.

—Bien, hagamos un trato.

Me crucé de brazos y me giré hacia Leonis.

—¿Un trato?

—Tú vas a seguir queriendo mi sangre de ahora en adelante, ¿verdad?

Se lo solté directamente. Viendo que me había traído a su propia habitación, esa debía de ser la intención de Leonis desde el principio. El hombre se sobresaltó, pero asintió levemente.

—Si a ti te parece bien, Slash. Por supuesto, si pudiéramos hacer eso, yo estaría encan...

—Lo que yo pido es estabilidad en casa, comida y ropa. Haz el esfuerzo necesario para que pueda ganarme la vida en esta ciudad. Garantiza también mi identidad. Esa es la condición a cambio. Ya te he dado mi sangre dos veces, no puedes negarte.

—¿Te basta con algo como eso?

Leonis se quedó desconcertado.

Es un tipo que no conoce las dificultades.

—Para mí, que soy un hombre lobo, es algo difícil. A diferencia de ustedes, que viven siendo venerados como los salvadores de la humanidad, nosotros seguimos estando en las sombras incluso ahora. Vivo haciéndome pasar por humano. Si no tengo un ID que demuestre mi identidad, no puedo llevar una vida decente. Ni siquiera puedo permanecer en un solo lugar.

—Ya veo, entonces ¿has estado viajando todo este tiempo? ¿Cuánto hace que llegaste a esta ciudad?

—Acabo de llegar. Como no puedo conseguir un trabajo decente, me contrataron en Cube como guardaespalda ambulante.

—Con que era eso.

A Leonis le brillaban los ojos por la curiosidad. Sentí que si seguía hablando de mi pasado, terminaría interrogándome minuciosamente sobre toda mi vida hasta los últimos mil años, así que cambié de tema.

—Por eso, quiero que seas mi respaldo. Para ti, que eres el fundador y el líder absoluto de esta ciudad, debe ser pan comido, ¿no?

—Por supuesto. Te garantizaré una vida sin privaciones, todo lo que desees.

Sacudí la cabeza.

—Con algo normal basta. No me interesan los lujos. Me conformo con no pasar apuros por un lugar donde dormir y algo de comer, y con tener un trabajo decente.

—¿Trabajo? ¿Quieres trabajar?

Leonis ladeó la cabeza, extrañado.

Yo también ladeé la cabeza.

—¿Ah? Pues claro. Si no, ¿qué hago? Me aburriría.

—En esta ciudad hay un montón de lugares para entretenerse, ¿no podrías simplemente pasar el tiempo divirtiéndote?

—¿Y a ti te parecería divertido pasarte la vida entera solo jugando?

Al preguntárselo, Leonis pareció caer en la cuenta; se quedó pensativo un momento y murmuró: "En efecto...". Siendo ambos "prácticamente inmortales", debía entender el sentimiento.

—La gente tiene deseos porque su tiempo es limitado. Por eso el entretenimiento destaca tanto. ¿No crees?

—Es verdad. Para nosotros, resulta menos aburrido estrujarnos el cerebro pensando en cómo construir adecuadamente un camino que se extiende hasta la eternidad.

Una analogía inteligente, muy propia de un vampiro. Yo, en cambio, simplemente quería un medio para ir viviendo el día a día.

El hombre asintió con semblante serio.

—Está bien, también te conseguiré un trabajo.

—Con eso me basta.

En realidad, con que me dieran un ID personal ya sería suficiente. Mi sangre se produce dentro de mi cuerpo como en un motor de movimiento perpetuo. Desde mi punto de vista, la compensación era más que suficiente. Me irritaba que este hombre me tratara como alimento, pero si al final de todo hay tranquilidad, puedo soportarlo.

Y bueno, si el hecho de que me chupe la sangre es como el de hace un momento...

No estuvo mal ver al rey de esta ciudad, ante quien todos se arrodillan, sorber mi sangre con tanto cuidado, haciendo ruiditos como un bebé inocente.

Incluso saboreé una sensación de superioridad.

Y además...

¿Y además? ¿Qué?

Fruncí el ceño ante una repentina sensación de extrañeza. Leonis, que me estaba mirando, preguntó: "¿Pasa algo?".

—No, no es nada.

Aparté hacia un rincón esa emoción incierta, como una tenue niebla que cruzó por mi mente.

—Yo, esto... si pudiera recibir esa cantidad de sangre más o menos una vez cada dos días. No, incluso una vez a la semana bastaría... —dijo Leonis, frotándose el dorso de la mano con los dedos entrelazados de manera inquieta.

—Por mí no hay problema si bebes esa cantidad todos los días. Para mí son buenas condiciones, y para ti es una cuestión de vida o muerte; no voy a aprovecharme de tu situación.

—¡¿De verdad?!

El hombre levantó la cabeza con los ojos brillantes; se veía genuinamente feliz desde el fondo de su corazón.

Que reaccionara de esa manera me dejaba un poco desinflado, supongo que porque me hacía reconocer otra vez que, después de todo, soy su alimento.

—Está bien, pero bajo ningún concepto uses Encantamiento.

—No lo haré a la fuerza. Es una promesa. Si te desagrada, me esforzaré al máximo por ni siquiera mirarte a los ojos.

Estuve a punto de decirle que no hacía falta llegar a tanto, pero me detuve. No es algo en lo que yo debía ceder.

—Mantendrás tu promesa hasta que mi sangre deje de ser de tu agrado.

—¡Eso es imposible, tu sangre es muy deliciosa, Slash! Jamás me va a desagradar.

Lo soltó con total firmeza, pero son palabras de alguien que en el pasado, siendo un vampiro, se volvió incapaz de beber sangre humana. No tienen credibilidad. Lo miré con frialdad, pero él no pareció darse cuenta y continuó hablando de lo deliciosa que es mi sangre como un sumiller evaluando el sabor de un vino.

—... En todo caso, la sensación al tragar es excelente, pero el dulzor que se extiende en el momento en que entra al cuerpo es justo como el de un melocotón maduro...

—Cállate.

Ante mi voz harta, Leonis finalmente cerró la boca. Aun así, mantenía los ojos cerrados, como si estuviera rememorando el sabor.

Sin embargo, pareció caer en la cuenta de algo y el hombre enderezó la espalda.

—Entonces, hagamos un contrato formal. Será mejor para ti si lo tenemos en papel o en datos electrónicos. —Dijo, intentando levantarse.

—No lo necesito, no quiero papeles.

—Pero si es algo impreciso, para ambas partes...

Estiré la mano hacia el cuello de Leonis, quien fruncía el ceño con preocupación.

Lo agarré y lo atraje hacia mí.

Superpuse mis labios contra sus labios húmedos.

Pude sentir cómo el hombre contenía el aliento.

Incliné un poco el rostro, empujé mi lengua entre sus dientes y toqué la punta de su lengua con la mía.

—¡...Mmm…!

Leonis soltó un gemido cuando le mordí apenas la punta, causándole una pequeña herida. Sus delgados dedos se aferraron al cuello de mi suéter.

Succioné la sangre que se había filtrado en su boca.

En ese instante, nuestros alientos se entrelazaron.

Con los ojos entreabiertos, miré sus pupilas azules. Brillaban como una gema tallada de forma compleja.

Cuando mi lengua se apartó, los labios de Leonis la siguieron por un breve instante, pero pareció volver en sí de inmediato y retrajo la mandíbula.

—¿Qué estás...?

Sus ojos llenos de desconcierto me miraban de cerca. No llegaba a estar alterado.

Deslicé mi mano desde el cuello de Leonis, recorriendo su barbilla suave con los dedos, y luego yo también me eché hacia atrás.

—Es el contrato. Los vampiros tienen el "Beso de la muerte" como una atadura absoluta e incuestionable, ¿verdad? Solo seguí ese ejemplo.

Leonis parpadeó varias veces; luego, frunció el ceño, contrajo el mentón y se cruzó de brazos.

—Ese método tan antiguo ya no se usa hoy en día —me dijo, con un tono ligeramente reprochador.

—Lo siento, pero yo soy chapado a la antigua.

Le mostré una sonrisa burlona.

Disfruté del sutil sabor a sangre que quedaba en mi boca.

La sangre de Leonis también es deliciosa.

No puedo permitir que olvide algo importante.

Que el "lobo" también es un carnívoro…

**

NOCHE 9

—¿De verdad hace falta tanto?

—Por supuesto. Y eso que esto es solo lo mínimo.

—¿Cuántos trajes llevamos ya...?

—Hay que elegirlos según la ocasión. Además, a veces hay que enviarlos a la tintorería. Es natural tener repuestos.

Dejé la taza de té sobre el platillo mientras respondía.

Slash estaba de pie frente a un espejo, atrapado entre dos sastres, con los hombros caídos por el fastidio. Cada vez que se encorvaba, el sastre de más edad le empujaba los hombros para devolverle una postura correcta.

—Para empezar, tu cuerpo ni siquiera encaja en las tallas estándar. Es mejor hacerlos a medida.

Slash se encogió de hombros y arqueó una ceja.

—Sí, sí. Adelante, disfruten jugando a vestir muñecos.

Lo dijo en tono burlón, pero lo cierto era que yo sí lo estaba disfrutando.

Disfrutaba eligiendo la ropa de Slash y preparando todo lo que necesitaba para su vida diaria. Después de formalizar nuestro ‘contrato’, quedó bajo mi tutela.

Mientras pensaba cómo ayudarlo a establecerse en la ciudad, llegaron desde Cubo sus pertenencias personales, y me llevé una sorpresa. Todo lo que poseía era un par de viejas botas de senderismo, una gastada parka tipo mods y una única mochila de lona desgastada.

Y, según él mismo, aquella mochila sucia era toda su fortuna.

Dentro había una camisa usada, unos vaqueros igualmente gastados, varias prendas interiores y calcetines, una bufanda antipolvo, unas gafas protectoras, guantes, una navaja multiusos... y, por alguna razón, un cepillo de dientes completamente nuevo y sin funda.

Al parecer, la camisa y los pantalones que llevaba puestos cuando nos conocimos eran simplemente el uniforme prestado por Cubo.

—Cuando algo se estropea, lo reemplazo y ya está.

Slash lo dijo como si no tuviera ninguna importancia. Aquello dejaba claro que había vivido literalmente con lo puesto.

Ni siquiera alquilaba una habitación fija. Había estado pasando de una pensión barata a otra y, cuando se quedaba sin dinero, dormía en callejones. Después de empezar a trabajar como portero en Cubo, utilizó como vivienda la zona de descanso que el local tenía para su personal.

Me sentí como si hubiera recogido a un perro callejero.

Aunque, pensándolo bien, hoy en día los perros de verdad están mucho más protegidos. Además, Slash era un hombre lobo... es decir, un lobo. Hablar de ‘callejero’ y ‘salvaje’ en su caso era un poco complicado.

En cualquier caso, tenía que ocuparme de poner en orden su vida.

Y así fue como llegamos a esta situación.

Pasamos todo el día recorriendo las boutiques de la avenida principal para comprarle ropa mientras nos desplazábamos en coche.

A Slash no parecía interesarle en absoluto. Simplemente me seguía.

Incluso cuando se probaba la ropa, nunca elegía nada por sí mismo; se limitaba a dejarse llevar por mis decisiones y mostraba el mismo aburrimiento de principio a fin. Cuando daba alguna opinión, era únicamente sobre la comodidad de las prendas.

“Aprieta demasiado.” “El cuello me pica.” Ese tipo de comentarios.

Con su gran estatura y su imponente complexión, a Slash le sentaba bien cualquier cosa. Si además encargaba a los barberos de mi hotel que arreglaran su peinado y su barba, el resultado era impecable.

Sin duda sería un guardaespaldas muy atractivo. Porque sí, Slash se convertiría en mi guardaespaldas personal. Ese sería su nuevo trabajo.

Hasta ahora también había contado con escoltas en los actos oficiales. Durante los últimos cien años mi salud se había deteriorado notablemente, así que eran necesarios para afrontar cualquier imprevisto. Además, su presencia servía como una forma de disuasión y de representación ante los demás.

Todos esos guardaespaldas pertenecían al equipo de seguridad del Stella, el hotel que poseo y administro en el centro de la ciudad, un complejo que alberga toda clase de instalaciones de entretenimiento.

Normalmente se encargan de la seguridad del hotel, y la mayoría de los empleados del Stella son humanos, pero el personal de seguridad es diferente. Todos ellos son vampiros, aunque la pureza de su sangre varía de uno a otro.

En otras palabras, vivo rodeado y protegido por miembros de mi propia especie.

Incluso mi chófer personal es un vampiro.

—Todo está listo, señor.

El sastre se dirigió a mí con una reverencia. Para entonces, Slash ya se había quitado la ropa de prueba cubierta de alfileres.

Ahora llevaba una camisa de seda sintética con un ligero brillo y un traje negro de dos piezas confeccionado de serie. Los zapatos, completamente nuevos y de estilo monk strap, probablemente se habían elegido porque el largo de los pantalones le quedaba un poco corto, dando al conjunto un aire algo más informal.

—Te queda muy bien.

Lo felicité, pero Slash soltó una breve carcajada por la nariz.

—¿Y no podía ir con la ropa que llevaba antes?

—Si no te importa que el resto del personal te menosprecie, entonces puedes vestir como quieras.

Me puse de pie y le respondí con frialdad, devolviéndole el golpe. Slash me lanzó una mirada de reojo por un instante, pero no replicó. Simplemente metió una mano en el bolsillo de los pantalones y me siguió.

Al salir de la boutique, el chófer bajó del coche que estaba aparcado junto a la acera para abrirnos la puerta. Sin embargo, antes de hacerlo se quedó observando a Slash, sorprendido por el cambio.

Slash estaba metiendo a presión en el maletero las bolsas con su antigua ropa. Habíamos comprado tantas cosas que el espacio ya debía estar completamente abarrotado.

Incluso entonces, las miradas de los transeúntes seguían posándose sobre él.

Después de que yo ocupara el asiento trasero, Slash se deslizó al interior del vehículo y cerró la puerta por su cuenta. El coche arrancó de inmediato.

Parecía que el cuello de la camisa nueva le molestaba, porque no dejaba de tirar de él con los dedos.

—¿Te irrita la piel? —pregunté.

Slash me dirigió una mirada cansada.

—No es eso. Caminar por la ciudad contigo me pone incómodo.

—¿Por qué?

—Porque siento miradas indiscretas por todas partes. Todos se preguntan quién es el tipo que va junto al jefe de Meteora.

Solté una pequeña risa. Quizá parte de la razón fuera esa, pero Slash parecía no darse cuenta de algo. No era consciente de lo atractivo que resultaba ahora que se había arreglado un poco.

—Será mejor que te acostumbres.

Me limité a responder eso. Mientras, por alguna razón, una sensación de orgullo iba creciendo dentro de mí.

Cuando regresamos al hotel, dejamos que el personal se encargara de subir las compras y nos dirigimos a la sala de seguridad.

Mi oficina y mi residencia también estaban allí, dentro del hotel, así que el departamento de seguridad se encontraba en el mismo edificio.

En otras palabras, el Stella era mi castillo.

El edificio circular que rodeaba la torre central albergaba toda clase de establecimientos. Por ello, la variedad de clientes que transitaban por sus instalaciones era enorme, como un banco de peces moviéndose sin cesar.

Atravesé el amplio vestíbulo acompañado de Slash. Normalmente utilizaba una entrada privada, pero quería que él viera el aspecto exterior de mi castillo.

Por el rabillo del ojo lo vi alzar la vista hacia el enorme atrio abierto. Era raro verlo impresionado.

—Lo había visto desde lejos, pero parece una fortaleza rodeada por murallas.

—Es el corazón de Meteora. En otras palabras, es nuestro escaparate.

—¿Y por qué está construido como si fuera una fortificación? A estas alturas ya no debe quedar nada que pueda asustarte.

Mientras entrábamos en el ascensor reservado al personal, respondí:

—Pronto lo entenderás, ahora que también vivirás aquí. Este edificio sirve además como refugio para todos los habitantes de la ciudad. se construyó así por las lecciones que nos dejó la Gran Catástrofe.

Slash se quedó mirándome fijamente. Era una mirada difícil de interpretar.

Las puertas se cerraron y el ascensor quedó aislado del exterior. El zumbido del mecanismo acompañó el inicio de la subida.

—¿Qué pasa?

—...Nada. No importa.

Parecía que había estado a punto de decir algo, pero cambió de opinión. Yo tampoco insistí.

Cuando las puertas volvieron a abrirse, la escena era completamente distinta a la de las áreas comerciales. Ante nosotros se extendía una sala funcional y austera. Filas de ordenadores y monitores ocupaban el espacio, mientras miembros del equipo de seguridad se movían de un lado a otro entre ellos.

En cuanto percibieron mi presencia, todos se volvieron al mismo tiempo.

—Señor Leonis.

Llevaron una mano al pecho e inclinaron la cabeza en un saludo impecablemente sincronizado.

La jefa de seguridad avanzó unos pasos. Llevaba el cabello pelirrojo recogido en una coleta y una leve sonrisa en los labios.

—Lamento haberlo hecho venir hasta aquí personalmente.

—No pasa nada, Lily. Quería ser yo quien se los comunicara.

Le devolví la sonrisa. Ella bajó ligeramente la mirada.

Aunque era menuda y a simple vista parecía una muchacha joven, también era una de los eternos.

—Por cierto, ¿tu hermano ya te ha hablado de esto?

—No. Últimamente ni siquiera hablo con Christian.

—Deberías contactarlo de vez en cuando. Puede parecer frívolo, pero siempre está pendiente de ti.

—Sí...

Respondió, aunque infló apenas las mejillas con gesto de disgusto.

De verdad, esos dos hermanos deberían llevarse mejor.


Dejando eso de lado, me giré hacia el resto del personal y elevé un poco la voz.

—Gracias por su trabajo. Como les había avisado, hay algo que quiero comunicarles personalmente.

No sabía qué expresión tendría Slash detrás de mí. Ni siquiera era capaz de percibir bien su estado de ánimo. Solo sabía que estaba allí. Nada más.

Lily y los demás miembros de seguridad permanecieron inmóviles, esperando mis siguientes palabras.

A veces me sorprendía lo obedientes que podían llegar a ser. Como fieles seguidores de los Verdaderos Ancestros, para ellos mi autoridad era absoluta.

—Por diversas circunstancias, he decidido contar con un guardaespaldas personal. Quiero que todos conozcan a esta persona.

Fui directo al grano. Nadie dijo nada, pero varias cejas se fruncieron al mismo tiempo y una sutil agitación recorrió la sala.

Todas las miradas se dirigieron hacia Slash, que estaba a mis espaldas.

Entonces oí a Lily murmurar en voz baja:

—Esa energía demoníaca... ¿Un hombre lobo...? No puede ser... ¿Siguen existiendo?

Aquellas palabras parecieron servir de señal. Los miembros del personal empezaron a intercambiar miradas entre sí.

En sus rostros aparecieron sorpresa, desconcierto y la cautela con la que se observa algo completamente ajeno.

Aun así, la presencia de Slash no cambió lo más mínimo.

Ni un ápice.

Y eso hizo que sintiera todavía más curiosidad por saber qué expresión estaría poniendo en ese momento.

—Me convertiré en su tutor. Preservar una especie al borde de la extinción también es una responsabilidad nuestra. Él es, probablemente, un descendiente de los hombres lobo, el último de ellos. Por eso he decidido mantenerlo a mi lado.

Mientras lo decía, pensé que aquella excusa sonaba poco convincente. Cuando en realidad, lo único que ocurre es que lo necesito como fuente de alimento.

¿Qué estará sintiendo Slash al escuchar esto?

—Sin embargo, ¿a qué se refiere con que será el guardaespaldas del Señor Leonis...? —preguntó Lily, representando las dudas de todos.

En sus ojos podía verse confusión y unos fuertes celos. Los demás miembros del personal parecían sentir lo mismo.

—Él buscaba trabajo. Por eso yo se lo di. Nada más. Al ser un hombre lobo, posee una gran fortaleza y también habilidad para combatir. Creo que es una función apropiada para él.

—¿Más apropiada que para nosotros? —dijo Lily con evidente descontento.

Sin ocultar en absoluto su fuerte antipatía, levantó la vista hacia Slash. Yo la observaba con una leve sonrisa amarga.

Sin embargo, vi cómo aquellos ojos llenos de determinación se tensaban y quedaban congelados en un instante.

Eso era el miedo a la muerte.

La sala se llenó de miedo y terror. La presencia de todos los miembros del personal se tensó; era tan opresiva que casi cortaba la respiración.

Sin pensarlo, me giré para mirar a Slash.

Pero él solo tenía una expresión tranquila. Con sus habituales ojos entrecerrados, observaba el vacío.

—Slash, ¿qué tal si te presentas? —dije, aprovechando que ya me había vuelto hacia él.

Su único ojo rojo se posó en mí. Tras parpadear un par de veces, respondió con voz grave:

—Soy Slash.

Nadie del personal dijo nada, la atmósfera seguía congelada.

—...Bien, entonces eso es todo. Encantado de conocerlos.

Lo dije yo en su lugar y, antes de que pudiera dejar escapar algo inconveniente, opté por retirarme. Todos nos observaron hasta que las puertas del ascensor se cerraron mientras dábamos media vuelta. Solo Lily no dejó de hacer una reverencia.

El ascensor volvió a convertirse en un espacio cerrado y, junto con el ruido del mecanismo, sentí el cambio de gravedad.

—...¿Qué les hiciste? Pobres. Los asustaste muchísimo —Lo dije con un ligero tono de reproche. Slash giró el cuello mientras mantenía las manos en los bolsillos del pantalón.

—Si no lo entiendes, no te preocupes por ello.

—¿Entonces para qué fue la presentación? A partir de ahora vas a verlos a menudo; así que no hagas cosas que provoquen que te odien.

Levantó la barbilla y sonrió con arrogancia. No hubo respuesta.

Qué hombre tan problemático.

—Escucha, ¿de acuerdo? Tienes que llevarte bien con ellos.

Eso fue lo único que dije. Entonces él respondió:

—Deberías sentirte agradecido por la sangre de un Verdadero Ancestro.

No pude hacer más que inclinar la cabeza, confundido.

**

NOCHE 10

El penthouse de Leonis no estaba en el último piso del ‘Stella’, sino bajo tierra. Aunque, supongo, eso era muy propio de un vampiro.

En cambio, los pisos superiores albergan oficinas y salas de reuniones; en otras palabras, su lugar de trabajo. Desde allí se podía contemplar toda la ciudad sin importar si era de día o de noche, la vista debía de ser magnífica.

Mi alojamiento estaba en un rincón del penthouse de Leonis. Me asignaron una lujosa habitación de invitados, decorada con muebles a juego con el salón principal y otras comodidades. Tenía una cama enorme, un armario, un sofá y una mesa e incluso contaba con baño privado.

Según nuestro contrato, yo era el ‘alimento’ de Leonis. Era natural que quisiera tenerme a mano, ya lo había previsto, si yo estuviera en su lugar, haría lo mismo, así que no me sorprendía. Aunque se sentía como si me hubieran puesto un collar y eso resultaba asfixiante, pero no había forma de evitarlo.

Ahora que Leonis había hablado con los de seguridad, el hecho de que “empezó a tener un hombre lobo como mascota” se extendería rápidamente por toda la ciudad. Durante un tiempo, atraería miradas cada vez que caminara por la calle, pero era un proceso necesario para obtener ciudadanía y reconocimiento en este lugar.

Aun así… ¿Guardaespaldas como trabajo? ¿De verdad Leonis necesitaba algo así?

Después de beber mi sangre, había recuperado el poder de su mejor época. Además, los vampiros que vi en el departamento de seguridad no eran más que unos novatos débiles. Con solo una mirada cargada de intención asesina por mi parte, parecían encogerse y estar a punto de mearse encima. Aunque se juntaran todos, difícilmente podrían igualar a Leonis solo.

Solo Leonis podía resistir a mi poder demoníaco. Ni siquiera una intensa intención asesina parecía afectarle; la soportaba con una expresión serena.

Incluso ahora, mientras mostraba en el monitor de su oficina el plano de Stella, explicándome con entusiasmo la estructura del edificio, sus ojos brillaban como los de un niño, y de repente soltaba comentarios propios de un anciano que había vivido demasiado. Por otro lado, cuando bebía sangre, desprendía una sensualidad intensa, madura, como una fruta en su punto exacto de maduración.

Era un hombre con muchas caras.

¿Cuántos de ellos llegaría a conocer de ahora en adelante?

Y quizá algún día también resolvería una duda que tenía desde hacía tiempo: ¿Por qué un vampiro ayuda a los humanos?

—Aunque tampoco sirve de mucho explicártelo todo de golpe. Te daré una llave de acceso. Puedes recorrer el lugar cuando quieras.

Sacó un pequeño dispositivo de un cajón de su escritorio de ébano. Lo acopló a una pulsera metálica y me la entregó. Ya sabía que Leonis llevaba una similar en la muñeca.

Una llave, ¿eh? Es un accesorio que no se podía quitar fácilmente una vez puesto. 

—Dentro del Stella eres prácticamente libre de moverte. El nivel de seguridad es alto; podrás acceder a todos los departamentos y también a mi oficina. Con eso también podrás entrar al penthouse donde vivimos. Procura no perderla.

—¿Confías tanto en mí como para dejarme pasear por ahí libremente?

—Ambos hemos vivido más de mil años. Supongo que hemos adquirido cierta sabiduría y comprendemos el peso del contrato que hemos firmado. Además, nuestros intereses coinciden, ¿no es así? Si aun conociendo los riesgos decidieras hacerme daño, sería porque has menospreciado tu orgullo.

—...

—Creo que te he recibido y tratado con toda cortesía, Slash. Te necesito. Y si alguna vez te hago daño, corregiré mis errores. Por supuesto, también hay cosas que están fuera de mis posibilidades.

Leonis habló con la espalda recta, sin alterar la expresión, exponiendo sus argumentos de forma serena y lógica.

Aunque esa actitud impecable me resultaba un poco irritante..., solo lo pensé, no dije nada.

—Repítelo otra vez. —En cambio, eso fue lo que dije.

Leonis, con expresión algo solemne, repitió —Hay cosas que están fuera de mis posibilidades, pero haré todo lo que pueda...

—No esa parte. La de ‘Te…’  ¿qué dijiste?

—...

Sus cejas se fruncieron. Al parecer comprendió mis intenciones, porque cerró la boca. Aun así, tomó la decisión más sensata—. Te necesito —El hombre lo repitió.

Yo asentí y le sonreí. Leonis no sonrió.

No quería hacer valer mis méritos de forma arrogante, pero por alguna razón siempre me daban ganas de alterar esa expresión tan digna y serena. Tampoco convenía burlarme demasiado y hacer que se enfadara, aunque esto no era más que un pequeño mordisco juguetón.

—Quiero que tú también te esfuerces. En esta convivencia.

—¿Convivencia, eh? Claro... Aprovechémonos mutuamente lo mejor que podamos.

Sorprendentemente, la palabra ‘aprovechar’ pareció disgustarle, pero no la refutó.

—Tengo hambre. Hemos estado caminando todo el día.

Cambié de tema. Tampoco pretendía seguir molestando a Leonis eternamente. Quizá notó el cambio de ambiente, porque también relajó un poco los hombros.

—Tienes razón. Vamos a comer.

Aceptó la propuesta. A través de las ventanas panorámicas se extendía un mar de luces nocturnas. Más allá se distinguía el elevado borde del cráter. En el cielo añil aún quedaban restos de un tenue color bermellón. Era una vista espectacular. Pero yo prefería estar de pie sobre una montaña afilada como una lanza, contemplando bosques que se extendían hasta el horizonte.

—Más tarde emitiré tu identificación. Eso depende del sistema, así que llevará algo de tiempo. También habrá que conseguirte algunos dispositivos inteligentes. Después de comer iremos a una tienda para equiparte. ¿Te da igual qué comer? En Stella hay restaurantes, pero si la comida no es de tu gusto podemos pasar por una tienda de comestibles y cocinar tú mismo...

Mientras hablaba, Leonis comenzó a caminar hacia los ascensores. Pulsó el botón con la flecha que indicaba hacia abajo y siguió hablando. Sin embargo, no me moví.

Al notar que me había quedado atrás, se volvió y ladeó la cabeza.

—¿Qué te pasa? ¿No tienes hambre?

El hombre parecía un poco ingenuo; por un momento aparentaba la edad que representaba.

Yo respondí —¿Y tú no?

Tiré del rígido cuello de mi camisa.

El ascensor llegó con un ‘ding’ y sus puertas espejadas se abrieron. Pero, al darse cuenta de que nadie iba a entrar, volvieron a cerrarse pesadamente. Me di la vuelta y me senté en el sofá de cuero sintético negro que estaba en el centro de la habitación. Me quité la chaqueta y empecé a desabrocharme la camisa, sin hacer ruido, Leonis se acercó y se sentó a mi lado.

—Lo siento… —murmuró.

Solté una risa por la nariz. No tenía ninguna doble intención, simplemente me había parecido gracioso.

—No te disculpes. ¿Piensas seguir haciéndolo para siempre?

Leonis no respondió. Su sentimiento de culpa era auténtico; podía percibirlo por su olor. Pero a mí tampoco me interesaba disfrutar haciéndome la víctima para siempre.

—Entonces, pídelo.

—¿Eh?

—Usemos eso como señal para la comida. Será mejor así.

El rostro de Leonis estaba cerca, sus labios brillantes estaban teñidos por el hambre. El color de sus iris resplandecía con más intensidad, y era imposible no sentir el poderoso poder demoníaco que emanaba de él.

—Cuando quieras sangre... di "por favor".

—......

Abrí la camisa y dejé expuesto mi cuello. Debía de parecerle un auténtico banquete, porque vi cómo la nuez de su esbelto cuello subía y bajaba. El sofá de cuero sintético crujió suavemente, unos dedos fríos recorrieron mi pecho, moviéndose como si buscaran el latido de mi corazón. Cuando apoyó su cuerpo contra el mío, percibí el tenue aroma del osmanthus.

Mi aroma favorito.

—Slash… —susurró Leonis. Su voz era húmeda y seductora.

Esta era también otra de las muchas caras de este hombre.

—...Por favor, Slash.

Cerré los ojos. En la amplia y silenciosa habitación, solo resonó a intervalos regulares un pequeño sonido húmedo.

No dolía. Tampoco era desagradable.

Si me dejaba llevar…extrañamente, se sentía bien.

Aunque no lo admitiría ni aunque me desgarraran la boca para obligarme a decirlo.

**

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