Noche 16 al 20

 NOCHE 16

—El cristal tiene cinco centímetros de grosor, y la carrocería cuenta con blindaje pesado capaz de detener munición perforante. El depósito de combustible también es antibalas, y los neumáticos son especiales, soportan el peso del vehículo y resisten los pinchazos. Aunque reciba algunos disparos, podrá seguir circulando. Les recomendamos una limusina y un todoterreno. Para el personal, cuatro vehículos ligeros con mayor movilidad.

La apasionada explicación del mecánico resonaba bajo el alto techo del área de vehículos. Leonis lo escuchaba, aunque parecía más interesado en la comodidad de los asientos.

Yo, en cambio, estaba mirando el todoterreno. Ese era más de mi gusto. Neumáticos anchos, llantas recién montadas. La carrocería negra era robusta, casi como un tanque. La puerta pesaba una barbaridad. Seguro que el volante también. Por un momento me pregunté si Ed sería capaz de conducir algo así, pero, al fin y al cabo, también era un vampiro.

Había pasado un tiempo desde el atentado, y ni la mafia ni Vesper habían vuelto a hacer ningún movimiento. En parte porque Leonis se había encerrado en Stella, aunque tampoco habían aparecido noticias inquietantes en la ciudad... al menos no de cara al público. Lo que ocurriera bajo la superficie era otra historia.

Tal como le había prometido, insistí en que Leonis comprara un vehículo resistente.

...Aunque, considerando que a Ed le habían disparado fuera del coche, quizá mi argumento no fuera demasiado convincente. Lo mejor sería que no volviera a abrirle la puerta a Leonis al bajar. Mientras permaneciera dentro del vehículo, estaría mucho más seguro.

—¿Te convence? —me preguntó Leonis que acababa de acercarse desde la limusina, mientras estaba sentado acariciando el volante del todoterreno.

—Sí, está bien. —En cuanto di mi aprobación, él asintió hacia el mecánico. Era un hombre de mediana edad, y de la gorra le sobresalían unas orejas largas y puntiagudas. Bastó eso para saber que también era un vampiro.

—¿Se puede confiar en él? —Pregunté señalando al mecánico, que ya se alejaba.

Por muy resistente que fuera el vehículo, si alguien lo manipulaba, no serviría de nada. Leonis miró un instante en dirección al hombre antes de volver la vista hacia mí.

—No hay problema. Lleva trabajando para mí desde antes del Gran Desastre. Ha estado a cargo de todos mis vehículos a lo largo de los años. Es un especialista; puedo dejar esto en sus manos.

—¿Y también en las de sus subordinados?

—Ninguno de ellos puede tocar mis vehículos personales. Él no lo permitiría.

Parecía confiar plenamente en él. Pero yo no tenía ese sentido de camaradería, así que no podía creerlo tan fácilmente.

—Como últimamente todas las reuniones las estoy llevando a cabo en Stella, ya empiezo a cansarme un poco de estar encerrado aquí.

—Mientras tanto, he estado estudiando cómo está la ciudad. Quédate tranquilo.

En los últimos días había empezado a recorrer la ciudad por mi cuenta con más frecuencia. En parte porque apenas tenía trabajo como guardaespaldas, pero también porque quería familiarizarme con el terreno.

—¿La ciudad?

—Si no conozco al enemigo, no puedo enfrentarme a él. Es trabajo de campo.

Leonis frunció el ceño con preocupación. Desde lo ocurrido en el baño, había dejado de ocultar ese tipo de pequeñas emociones.

—¿No es peligroso? Si preguntas al personal de seguridad, ellos ya conocen bastante bien la situación.

—Hasta cierto punto. Lo demás lo averiguaré por mi cuenta. —Bajé del asiento del conductor y me puse al lado de Leonis. Seguía teniendo esa expresión de preocupación.

—Puedes usar al personal de seguridad. Pero no vayas solo.

—No creo que esos, que detestan a los hombres lobo, vayan a obedecerme con gusto. Prefiero moverme solo.

—Pero...

—¿Es que no confías en mí? —Lo corté en seco.

Leonis guardó silencio. Sin embargo, al cabo de un momento volvió a levantar la vista.

—Has estado conmigo todo este tiempo. Mis movimientos están siendo vigilados. Eso significa que ya saben quién eres, que eres mi guardaespaldas. Seguro que incluso conocen tu rostro... Si empiezas a husmear, podrían ir también tras de ti.

—Eso solo significa que ya le hicieron buena publicidad a este guardaespaldas tan guapo.

Era una broma, pero Leonis frunció el ceño.

—¡Slash!... No lo hagas. De verdad me preocupo por ti. —Sus ojos azules se humedecieron y temblaron levemente.

Al verlo así, ya no pude seguir bromeando.

Quién iba a decir que llegaría el día en que las lágrimas de un hombre me dejarían sin palabras.

Después de todo, entre nosotros no había pasado nada. Lo único que habíamos hecho era ducharnos juntos. No había ocurrido ningún ‘desliz’.

Pero, aun así, cada vez había más momentos en los que me ponía extrañamente nervioso.

A la hora de la "comida", Leonis cada vez bebía menos mi sangre. Tal vez simplemente ya había recuperado suficiente poder. Si era así, bastaba con que dijera: ‘Hoy no hace falta’. Pero no lo hacía. Decía ‘por favor’ y, aun así, había veces en que solo se acomodaba sobre mí y se quedaba abrazándome. Lo más sorprendente era que, a veces, incluso se quedaba dormido así.

Y si alguien hace eso una y otra vez… Por mucho que sea yo, si siento que depende de mí, que busca consuelo o que confía en mí, es imposible no conmoverse. Lo único que hago es procurar no pensar demasiado en ello.

Si se te acerca restregándose como un gato, dan ganas de acariciarlo.

Si pone su cuerpo en tus manos, quieres sostenerlo.

Y cuando te muestra algo parecido al afecto... terminas sintiéndote incómodo, como me estaba pasando ahora.

—Está bien, está bien... Entonces…—Sacudí la cabeza, como si quisiera espantar esos sentimientos tan blandos que empezaban a surgir.

Y, a propósito, elegí la peor opción posible.

—Aunque tenga ese carácter, al menos el paisaje mejoraría si Lily… —Ni siquiera pude terminar la frase.

—Lily no. —Leonis lo rechazó al instante.

—¿Y por qué? —Fruncí el ceño. Él hizo lo mismo.

—Porque Lily te odia.

—¿Sabes? Dicen que cuando alguien te odia es porque, en el fondo, le importas. Es mejor eso que la indiferencia.

—No quiero dejar a Lily a solas contigo.

—¿Qué pasa? ¿Estás celoso? —Lo provoqué a propósito. Sabía que ese tipo de bromas no le gustaban.

—¡No...! —Por una vez, Leonis abrió mucho los ojos y alzó la voz. Pero enseguida recuperó la compostura—. ...No. Lo digo por ella. Además, Lily es la jefa de seguridad; tiene muchísimo trabajo. No puedo hacer que deje su puesto tan fácilmente.

—Entonces, ¿qué se supone que haga...? —Justo cuando iba a terminar la frase, una voz salió desde detrás de uno de los vehículos.

—¿Y si voy yo? ¿No serviría? —Los dos volvimos la vista al mismo tiempo.

—¡Ed!

El rostro de Leonis se iluminó y corrió hacia el conductor, que ya se había reincorporado.

—¿Ya estás bien? Si todavía no te has recuperado del todo, podrías descansar un poco más... Pero ¿qué haces aquí?

—Me dijeron que viniera porque llegaban los vehículos nuevos... El señor Slash. —Ed volvió la mirada hacia mí. Leonis hizo lo mismo.

—...Pensé que te animaría un poco como celebración por tu recuperación. —me encogí de hombros al decirlo.

—Muchas gracias. —Ed respondió con la cortesía de siempre.

Y Leonis...

Leonis sonreía con esa belleza suya.

Sin saber por qué, aparté la mirada.

Era la primera vez que hablaba con Ed. Hasta entonces, mi impresión de él había sido la de un vampiro sin nada destacable, el que siempre estaba al volante. Visto de cerca, tenía más o menos la misma estatura que Leonis, aunque era de complexión más robusta. Llevaba el cabello corto, cuidadosamente recortado, unos ojos almendrados de color castaño que transmitían seriedad, y la corbata bien ajustada le ocultaba la cicatriz del cuello.

Sin embargo, tenía buen color en el rostro y hablaba con claridad. Era evidente que se había recuperado.

—Ya estoy bien. La herida ha cerrado por completo y, además, no quiero perder mi trabajo como conductor.

—¿Cómo que perderlo? Jamás pensaría en despedirte. Conduces con suavidad, sin hacer que el coche se sacuda, y eres excelente en lo que haces... Pero pasaste por algo aterrador. Y doloroso.

Ed negó con fuerza. —No. Lo único que importa es que usted esté bien, señor Leonis. Cuando me convertí en su conductor, el equipo de seguridad ya me había explicado los riesgos y me preparó para ellos. Por eso quiero serle aún más útil. Y creo que también puedo ayudar al señor Slash.

—¿En serio...? Entonces puedes volver al trabajo... ¿Eh? Espera, ¿ayudar a Slash...? ¿¡Piensas acompañarlo!? ¡No digas tonterías! ¡Es demasiado peligroso!

Leonis se irguió de golpe y frunció el ceño.

No me metí en la conversación, pero, en esencia, pensaba lo mismo que él. No parecía una propuesta propia de alguien que acababa de salir de una recuperación.

Aun así, Ed respondió con total firmeza. —Conozco esta ciudad como la palma de mi mano. Sé dónde está todo. Estoy seguro de que podré guiar al señor Slash y facilitarle las cosas.

La sonrisa inocente que me dedicó hizo que se me escapara una risa. Mientras tanto, Leonis seguía intentando convencerlo de que abandonara la idea.

—Ed, no vas a hacer turismo... Además, apenas acabas de recuperarte de tus heridas.

—No se me da bien la violencia. Precisamente por eso, si yo estoy con el señor Slash, tampoco podrá hacer ninguna locura.

Ante aquellas palabras tan resueltas de Ed, Leonis, que hasta ese momento dudaba, alzó ligeramente las cejas.

No... No pongas esa cara de "ya veo". Esta vez fui yo quien intentó convencerlos.

—Déjalo. Si es así, solo me vas a dificultar moverme.

—Entonces, señor Slash, ¿sabe exactamente dónde empiezan y dónde terminan los territorios de don Alessi?

—...

No tuve más remedio que callarme.

—La señorita Lily me comentó hace tiempo que Demi suele frecuentar un establecimiento en el Barrio Oriental. ¿Sabe cómo llegar hasta allí?

Ed sonreía mientras hablaba. Yo me crucé de brazos.

—Como conductor del señor Leonis, conozco muy bien qué zonas son seguras y cuáles no. Estoy seguro de que podré serle de utilidad.

—...

No tenía forma de rebatirlo. De hecho, mientras lo escuchaba, empecé a pensar que quizá fuera la opción más sensata. Si seguía investigando por mi cuenta sin conocer bien la ciudad, solo perdería tiempo. Y, además, Ed estaba presentándose como una solución intermedia que beneficiaba tanto a Leonis como a mí.

Pero había una pregunta fundamental.

—¿Por qué haces todo esto? No eres más que un conductor.

Ed abrió mucho los ojos, como si la pregunta lo hubiera tomado por sorpresa.

—Porque yo también quiero proteger al señor Leonis. Si está en problemas, quiero ayudarlo. Y además, señor Slash, usted me salvó la vida. Si puedo ser útil para los dos, entonces también quiero aportar mi granito de arena. —Lo dijo con una sinceridad impecable, propia de un subordinado ejemplar. Y, precisamente por eso, me dejó sin respuesta.

Esta vez fui yo quien guardó silencio junto con Leonis.

—Si las cosas no marchan bien entre usted y el equipo de seguridad, creo que sería mejor contar conmigo. Yo confío en usted y quiero devolverle el favor.

Se llevó un puño al pecho y me sostuvo la mirada con absoluta franqueza.

—...

—...

Leonis y yo, ambos con los brazos cruzados, terminamos mirándonos casi al mismo tiempo.

Los dos teníamos la misma pregunta en la mirada.

‘¿Qué hacemos?’

¿Y qué íbamos a hacer?

Este tipo ya había decidido que iba a venir con nosotros. 

Y además...

La verdad era que el coche que conducía era cómodo.

**

NOCHE 17

—Ni se te ocurra salir de la oficina hasta que vuelva. ¿Entendido? —Dijo Slash, después de señalarme con el dedo una y otra vez, antes de marcharse con Ed. Cualquiera diría que era un niño incapaz de cumplir una promesa. Pero tampoco tenía intención de volver a sufrir otro atentado.

Aunque la opinión pública dijera que Leonis era demasiado blando con las organizaciones criminales, responder a sus provocaciones era precisamente lo que buscaban. Además, quienes difundían esos rumores eran medios vinculados a esos mismos grupos, así que lo mejor era guardar silencio. Que fueran ellos quienes se desesperaran.

Lo más probable era que su ira se debiera a la aprobación de una nueva reforma urbana: “Reforma de la legislación sobre importación y exportación de medicamentos, e introducción de medicamentos genéricos”

En los últimos años, el desarrollo de todo tipo de medicamentos había avanzado enormemente en la sociedad humana. Para una raza como la nuestra, dotada de poder mágico, ese era un campo prácticamente innecesario. Sin embargo, para la humanidad, tan vulnerable a las enfermedades y las heridas, los medicamentos eran indispensables.

Por eso, tanto nuestro pueblo como los propios humanos se apresuraron a apoyar su reconstrucción.

Después de todo, de nada servía que la población humana aumentara si sus vidas terminaban demasiado pronto.

Precisamente por eso, los medicamentos siempre fueron una prioridad y un bien de enorme valor comercial.

Incluso durante la reconstrucción, los fármacos que distribuíamos equitativamente terminaban siendo robados por grupos criminales, que los revendían en el mercado negro a precios exorbitantes para llenar sus bolsillos. Durante mucho tiempo, los medicamentos no llegaban a quienes realmente los necesitaban y, en cambio, eran utilizados como moneda de cambio en transacciones clandestinas.

Y esa situación continúa hasta el día de hoy.

Aunque se hable de "medicamentos" en términos generales, los delincuentes los convierten en "drogas": sustancias ilegales. Tanto antes como ahora, el tráfico de drogas ha sido uno de los principales negocios de la mafia.

La ley que impulsé tenía como objetivo combatir precisamente ese tráfico ilegal y, al mismo tiempo, facilitar la comercialización de medicamentos de uso común a precios más accesibles.

Como la producción farmacéutica ya se había estabilizado en las ciudades administradas por los humanos, decidimos introducir esa reforma también en Meteora. Aunque esta ciudad sea conocida como la ciudad de los vampiros, la gran mayoría de sus habitantes son humanos, y la inmensa mayoría trabaja honradamente y lleva una vida pacífica. Para quienes necesitaban tratamiento por lesiones, requerían medicación de forma continua o sostenían a familiares en esa situación, la reforma representó un alivio económico muy bien recibido.

Pero para la mafia, que llevaba años lucrándose con el mercado negro de esos medicamentos, aquella ley era perjudicial.

Después de todo, les había arrebatado una importante fuente de ingresos. Era natural que me guardaran rencor. Aunque me resultaba injusto.

También le expliqué a Slash todo el trasfondo de este conflicto con la mafia, pero él apenas resopló antes de responder.

—Así que, al final, todo se reduce al dinero. —Y luego añadió, con toda la lógica del mundo—- Van a vivir poco de todos modos. ¿Para qué amontonar tanto dinero?

Tenía toda la razón, pero le respondí —Precisamente por eso.

—Justamente porque su tiempo es limitado, los humanos buscan la felicidad y el disfrute con tanta avidez. Esa ambición también tiene un lado positivo: les da una enorme energía para avanzar. Pero, a veces, esa misma avidez acaba convirtiéndose en una competencia desmedida y en conflictos. El dinero y el alto estatus que obtienen los vencedores terminan siendo como trofeos a lo largo de sus vidas.

Ante mis palabras, Slash murmuró en voz baja —Y aun así, cuando mueren, se van con las manos vacías.

No supe qué responder. Al fin y al cabo, para nosotros aquello no dejaba de ser un asunto ajeno.

Desde la perspectiva de un humano, aquella conversación seguramente habría resultado insoportable.

**

Mientras releía una vez más el documento de la reforma legal que había desatado la ira de la mafia, apoyé la mejilla sobre la mano.

Un camino completamente llano, desde luego, no tiene gracia. Son los obstáculos y las dificultades los que hacen que valga la pena recorrerlo.

Pero…

Mi corazón seguía agitado por la inquietud.

Me preocupaba la seguridad de quienes vivían pacíficamente en la ciudad, así como la de los miembros de mi clan, que siempre se entregaban con devoción a su labor, y el sueño de construir una auténtica utopía seguía estando muy lejos.

Y también...

Slash.

El último hombre lobo, que vino a refugiarse bajo mi protección.

No quería verlo herido.

Solo deseaba que regresara sano y salvo a mi lado.

Me resultaba extraño preocuparme tanto por él, hasta el punto de sentir que no quería perderlo.

Lo que me aterraba era imaginar ese momento.

Y eso que él también poseía un cuerpo inmortal.

Esta noche también quería refugiarme entre sus brazos cálidos. Escuchar el latido de su corazón. Cuando él estaba cerca, me sentía seguro. Aquella presencia imponente era como si me envolviera con el suave verdor de unas hojas jóvenes...

Sin darme cuenta, dejé escapar un suspiro.

Creo que... Me gusta Slash.

Al principio, solo lo veía como una fuente de alimento. Y, por supuesto, aún hoy seguía saciando mi hambre.

Pero, a veces...

Bastaba con sentir el contacto de aquel cuerpo musculoso para sentirme completamente satisfecho.

Era su sola presencia la que me reconfortaba.

A su lado me sentía en paz.

No tenía que ocultar nada, podía ser simplemente yo.

Hasta ahora, siempre había vivido en tensión. Incluso entre los miembros de mi propio clan, estaba convencido de que no debía mostrar debilidad, y aún sigo creyéndolo. Como cabeza de mi linaje, así tenía que ser. Precisamente por eso todos me juraban lealtad y me apoyaban con absoluta devoción.

Pero nunca hubo nadie que me abrazara para consolarme.

Hasta ahora.

Aquel día, Slash me abrazó en el ascensor.

Me dijo: “Así está bien", y aceptó a ese yo frágil que había intentado ocultar durante tanto tiempo.

En ese momento comprendí que no estaba llorando solo por tristeza. También lloraba de alegría, de poder confiar en alguien que me tratara como a un igual... no, más que eso. ¿Un amigo, tal vez...? No… Tampoco es exactamente eso.

Slash es… amable.

¿Será consciente de ello? Siempre es considerado conmigo. Cuando al abrirme la puerta me deja pasar primero. La forma en que me mira para asegurarse de que no me atrape al cerrar la pesada puerta del auto. De dejar que los platos se enfríen un poco antes de servírmelos, porque sabe que no tolero la comida muy caliente. Incluso cuando bebo su sangre, acomoda su cuerpo para que yo esté lo más cómodo posible. Y si tiene que moverse, me acerca a él para que mi "comida" no se interrumpa...

Son incontables esos pequeños gestos con los que cuida de mí.

Podría limitarme a decir que es un hombre muy atento.

Pero, cada vez que descubro una de esas muestras de consideración, no puedo evitar sentirme feliz. Sus palabras y su actitud no siempre son las mejores. Y, sin embargo, de él emana una dedicación sincera.

Slash siempre está pendiente de mí.

Y eso no me desagrada.

Nunca he sentido que su presencia me estorbe.

¿Qué es exactamente esta sensación...?

Con la mente distraída, dirigí la vista hacia el sillón reclinable donde Slash solía descansar. El sillón parecía un poco solitario sin su dueño.

Me levanté y me senté en sillón. Desde allí podía contemplar, a través de los ventanales, el cielo gris y cubierto de nubes. El invierno estaba cerca. No tardaría en llegar el día en que la nieve cubriera de blanco el borde del cráter.

De pronto, percibí el aroma de la colonia de Slash impregnado en la piel sintética del respaldo del sillón. Era ese olor penetrante de agujas de pino, la única que él, tan exigente con los olores, parecía apreciar.

Hundí el rostro en el suave pelaje, buscando ese aroma.

¿Qué pensará él de mí?

¿Seguiré siendo para él esa molesta criatura que chupa su propia sangre?

¿Un vampiro arrogante...? ¿O tal vez un vampiro llorón?

Yo...

Mientras acariciaba distraídamente el pelaje, ese pensamiento cruzó mi mente.

Quiero gustarle a Slash.

Aunque sea… un poco.

NOCHE 18

Ed no era de los que hablaban por hablar.

Y eso me tranquilizó.

Como se había vendido con tanta lógica y claridad, pensé que, una vez que empezáramos a trabajar juntos, resultaría ser un tipo hablador. Pero no; seguía siendo tan reservado como siempre.

Yo iba sentado en el asiento del copiloto. Sin Leonis, no había razón para ocupar el asiento trasero. Con un codo apoyado en la ventanilla, contemplaba el paisaje que se deslizaba al otro lado del parabrisas. Viéndolo así, era imposible imaginar que aquella ciudad estuviera dividida por fronteras invisibles.

—Desde hace cinco manzanas hasta aquí es territorio de Alessi —dijo Ed.

—¿También se han establecido abiertamente en las calles principales?

—De cara al público manejan negocios legales: restaurantes, tiendas de comestibles y cosas por el estilo. En las sombras son una mafia que no duda en cometer toda clase de delitos, pero no deja de ser un grupo de grandes empresarios que influye en la economía de esta ciudad.

—Y precisamente por eso es tan difícil deshacerse de ellos.

—Así es.

Era una ciudad de unos doscientos mil habitantes. En términos de antes, tendría el tamaño de una ciudad de provincia. Recordé la impresión que tuve al llegar: me había parecido una joya solitaria caída en medio del desierto.

—¿Qué le parece? ¿Quiere que vayamos también al Barrio Oriental? En lo personal, no se lo recomendaría.

—¿Por qué?

—Con este vehículo llamaríamos demasiado la atención.

Ed se encogió de hombros. Después de todo, también estaban probando el nuevo 4x4.

—¿Es una zona peligrosa?

—Podría decirse que es el barrio donde vive la población de bajos ingresos.

—Ya veo. Entonces iré caminando la próxima vez.

—Yo lo acompañaré. No debe andar solo, señor Slash. El señor Leonis me regañará.

—...

Tener a alguien pegado a mí empezaba a cansarme, pero este "cordón" conocía bien la situación de la ciudad. En ese momento, lo más sensato era aprovechar esa ventaja.

Leonis dijo que todo giraba en torno al tráfico de drogas. Si era así, debía de haber distribuidores. Y esos tipos tendrían lugares donde operar o reunirse. Aunque vendieran en la calle, lo normal era que lo hicieran siempre en ciertos puntos.

—Aparte del equipo de seguridad, ¿quién conoce bien a Alessi y a Demi?

—El señor Christian.

Christian... El administrador del Cube. El vampiro pelirrojo.

—El señor Christian posee numerosos establecimientos en la zona de ocio y el distrito de entretenimiento de esta ciudad. Desde la perspectiva de Alessi, podría decirse que es ese molesto rival vampiro en los negocios... Perdón.

Ed se disculpó por la expresión poco elegante.

—¿Christian y Leonis se llevan bien?

—Sí. Mucho.

Dijo pocas palabras, pero en ese "mucho" se percibía un énfasis inconfundible.

—Ya veo...

Si no me fallaba la memoria, ese tipo me había dado un puñetazo. Probablemente por eso se me había agriado un poco el humor al recordarlo.

—Además, la señorita Lily es la hermana menor del señor Christian.

—Ahora que lo dices, sí lo había mencionado.

Después de todo, ambos tenían aquel cabello rojo como el fuego.

—El señor Leonis se lleva muy bien con los dos hermanos. Aunque, por lo que parece, ellos dos no se llevan demasiado bien entre sí.

Sus trabajos eran completamente opuestos y sus personalidades también. Era fácil imaginarlo.

—¿Puedo reunirme con Christian?

—Creo que lo mejor sería pedírselo al señor Leonis. Si es una petición suya, el señor Christian seguramente la pondrá por encima de cualquier otra cosa.

—¿Qué? ¿Christian está tan entregado a Leonis?... ¿O es que está enamorado de él?

Ed me lanzó una rápida mirada.

—Oí al señor Leonis decir que son amigos de la infancia. El señor Christian es una persona de muchos amores..., así que quizá solo sean amigos de muy, muy larga data.

No era exactamente una afirmación ni una negación; más bien sonaba a un "no lo sé".

En cualquier caso, si quería hablar con Christian, lo mejor sería pedírselo a Leonis.

El coche emprendió el camino de regreso a Stella. Al parecer, el recorrido por la ciudad terminaba allí por ese día. Aun así, había tomado más de medio día, y el cielo ya estaba oscuro.

—Señor Slash. ¿Puedo hacerle una pregunta?

—Llámame Slash.

—Entonces..., Slash.

La cortesía de Ed no era fingida ni sonaba condescendiente. Y él tampoco me desagradaba. No me discriminaba por ser un hombre lobo ni intentaba ponerse por encima de mí. Era una relación tranquila, sin necesidad de medir fuerzas.

—Desde que usted llegó, el señor Leonis ha recuperado el ánimo de una forma extraordinaria. ¿A qué se debe?

Había ido directo al punto.

Pero no era una pregunta que pudiera responder.

Leonis había anunciado que me daría protección por ser el último hombre lobo, pero no había dicho que bebía de mi sangre. El único que lo sabía era Christian, que estuvo presente aquella noche. Y, por el hecho de que los demás vampiros aún no parecían enterados, el pelirrojo debía de saber guardar un secreto.

Como permanecí en silencio, Ed asintió levemente.

—Perdone. Es solo que me alegra mucho ver al señor Leonis tan bien. Si eso se debe a usted, pensé que al menos yo debía darle las gracias.

Los vampiros se habían dado cuenta de que Leonis estaba recuperando sus fuerzas. También de que empezó desde mi llegada.

Pero, por alguna razón, nadie se atrevía a preguntarle el motivo. Quizá preferían no tentar a la suerte. O tal vez ya intuían la respuesta y simplemente optaban por no confirmar algo que, en el fondo, preferían no saber.

—Lo importante es que su jefe esté bien.

—...Sí. Durante mucho tiempo lo vi tan agotado que hasta le costaba incorporarse del asiento del coche. Me dolía verlo así. Aun así, nunca dejó de entregarse por esta ciudad. Vivía, literalmente, consumiéndose por ella.

¿Tan grave había sido el estado de Leonis?

¿Por qué estaba tan obsesionado con proteger esta ciudad... y, por extensión, a los humanos? ¿Qué era lo que lo impulsaba hasta ese extremo? Aún no lo sabía. Y la verdad... tampoco se lo había preguntado.

Aunque ahora estaba de lo más lozano y reluciente.

—Slash... Espero que de ahora en adelante siga cuidando del señor Leonis.

Eso dijo Ed.

No respondí.

Cualquier cosa que dijera me habría parecido imprudente.

Miré por la ventanilla la silueta de Stella, que se alzaba ante nosotros como una enorme torre. Y pensé en el hombre solitario que aguardaba en la cima.

¿Estaría esperándome con hambre?

¿O acaso...

...estaría llorando porque se sentía solo?

¿Esperando mi calor?

Esto no es bueno...

Me pasé una mano por la frente.

Era el instinto del lobo el que empezaba a confundirme.

Los lobos... por naturaleza, son criaturas profundamente afectuosas. Poseen un fuerte instinto de protección. Son capaces de jugarse la vida por aquellos a quienes aman: su familia, su manada, sus compañeros.

Por instinto, siempre buscan un lugar al que pertenecer y alguien a quien proteger.

Quizá había pasado demasiado tiempo solo. Aunque el otro perteneciera a una especie distinta, cuando poco a poco nacía la confianza y el compañerismo, aquel entorno empezaba a sentirse como un hogar.

Incluso si eso significaba enfrentarse a la mafia, la idea de afilar las garras y los colmillos para proteger mi territorio y a los míos despertaba en mí una emoción difícil de contener.

Y ahora, para mí......ese era Leonis.

Esperándome en lo alto de aquella torre.

**

Me despedí de Ed en el estacionamiento. Al parecer, él mismo se encargaría de entregar al equipo de seguridad el informe de la inspección de ese día en mi lugar. Era un tipo eficiente; servía para todo.

Tomé el ascensor que llevaba directamente a la oficina, uno al que solo podían acceder quienes tenían una llave de acceso, y subí hasta el último piso. Cuando las puertas se abrieron en silencio, el interior estaba tenuemente iluminado.

—¿Leonis?

No estaba en el escritorio de ébano que se veía nada más entrar. La computadora también estaba cerrada. ¿Estaría en el baño? Aunque, por un instante, me cruzó la inquietud de que hubiera salido a deambular por algún lado.

—Será idiota...

Saqué el móvil y llamé a Leonis. Pero, sobre el escritorio de ébano, la pantalla de otro teléfono se iluminó. Debía de tenerlo en silencio, porque solo se escuchaba la vibración.

Con el móvil aún pegado a la oreja, me acerqué al escritorio. Fue entonces cuando lo vi. Junto al ventanal, había una figura acurrucada en el sillón reclinable.

Leonis tenía el cuerpo encogido, con los brazos y las piernas recogidos. Ni siquiera estaba usando el reposapiés. No... estaba dormido.

Con que ahí estabas...

Corté la llamada. El susto que me había llevado fue de los buenos. Era raro verlo quedarse dormido así. 

Me acerqué dispuesto a ponerle una mano sobre el hombro. Cumplió con quedarse esperándome en la oficina, eso había que reconocérselo. Iba a preguntarle por qué demonios se había quedado dormido allí cuando, de pronto, me detuve.

¿Por qué precisamente en este sillón?

El lugar donde siempre me sentaba yo.

¿No me digas que, era por eso?

—...

La mano que iba a posar sobre su hombro terminó acariciándole el cabello. Era suave... Se sentía como tocar seda. Mientras le acariciaba la coronilla, de contornos delicados, Leonis se movió ligeramente.

Sobresaltado, retiré la mano.

—...Ah...

Parpadeó un par de veces, ubicándose primero en el lugar donde estaba, y luego alzó la vista hacia mí. Sus ojos ya debían de haberse acostumbrado a la oscuridad, porque enseguida supo que era yo.

—¿No te parece un poco imprudente quedarte dormido aquí?

—Mm... Lo siento. Estaba esperándote y, sin darme cuenta... Me quedé dormido. No pasa nada. Solo tú y yo podemos subir directamente por ese ascensor.

¿Ah, sí? Como siempre vamos juntos, nunca me había dado cuenta.

Leonis se frotó los ojos con suavidad. Bajó los pies al suelo y giró un poco los hombros para desperezarse.

—Hablemos del recorrido cuando volvamos al penthouse. Debes de tener hambre, ¿no, Slash? Yo todavía puedo esperar, así que primero...

Antes de que terminara de hablar, me agaché y le rodeé la cintura con un brazo.

De un solo movimiento, lo levanté.

—¡Ah...!

Leonis dejó escapar un pequeño grito por la sorpresa. Su cuerpo se inclinó de forma natural contra mi pecho, y sus largos dedos blancos se apoyaron sobre él. Su rostro, todavía desconcertado, quedó muy cerca del mío.

—¿Te sentías solo?

Al oír la pregunta, inclinó la cabeza por un instante, como si no esperara escuchar algo así. Luego su mirada vaciló y se apartó.

—No... No es eso.

—Entonces, ¿por qué te quedaste dormido en mi sillón?

—Inicialmente era mi sillón. Bueno... Sigue siendo mío...

Frunció el ceño para replicar.

Era una excusa improvisada.

La habitación estaba en penumbra, así que no podía distinguir el color de su rostro. Sin embargo, de pronto, un tenue aroma comenzó a desprenderse del cuerpo de Leonis.

...¿Feromonas?

Era la primera vez que percibía las feromonas de un vampiro.

Hasta entonces, todas las personas con las que había compartido la cama habían sido humanas, y su aroma era tan tenue que nunca llegaba a disfrutarlo.

Pero las de un vampiro... las de Leonis, eran distintas. Apenas eran perceptibles y, aun así, intensas. Dulces... profundas. Nunca antes había sentido ese olor en él. Ni siquiera en aquella ducha, cuando ambos estábamos desnudos. Probablemente, al haber permanecido tanto tiempo sin poder, también su deseo sexual se había debilitado.

Pero ahora era diferente.

No había duda, era el aroma de sus feromonas, y mi instinto reaccionó de inmediato.

Quise aspirarlo una vez más y acerqué la nariz a su cuello. Inhalé despacio y, esta vez, Leonis se estremeció y se apartó.

—¡Oye...! Ya basta. Llevo todo el día sin bañarme. No me digas que huelo mal. Vamos, ya que volviste, regresemos al penthouse.

Mientras hablaba, me dejó atrás y caminó hacia el ascensor. Era una reacción completamente normal. Leonis no sabía que estaba liberando feromonas... que estaba emitiendo deseo sexual. Solo mi olfato podía percibirlo. Guardé en el bolsillo la mano con la que lo había sujetado por la cintura y seguí su figura con la mirada. A duras penas logré contenerme para no lamerme los labios.

Qué buen aroma...

Pero ese impulso no desapareció. Dentro de mí, el deseo también empezaba a agitarse.

Así como los vampiros no pueden escapar del hambre...

...los hombres lobo no pueden escapar del deseo.

Y Leonis no lo sabía.

**

NT: Ay mi dios… ya veo quién es el depredador xD




NOCHE 19

—¿Pudiste recorrer la ciudad?

—Todavía no toda, pero sí la mayor parte. Al menos ya sé qué lugares debes evitar cuando salgas.

—¿Entonces ya puedo salir?

—Sí, pero tendrás que quedarte detrás de mí.

—No es que quiera usarte de escudo... Por cierto, ¿no estás demasiado cerca?

—¿Sí?

Esa fue nuestra conversación en el ascensor de regreso al penthouse. Slash estaba de pie detrás de mí, pero sentía su presencia mucho más cerca de lo habitual. Su aura imponente iba envolviéndome poco a poco.

—¿No serás tú el que me echó de menos? —Lo dije en tono de broma.

—Puede ser. —Su respuesta hizo que me girara de inmediato.

Slash no sonreía. Su único ojo rojo permanecía fijo en mí. No pude devolverle un ‘¿estás bromeando?’, así que volví la vista al frente.

Sentí un leve calor extenderse por mi pecho. Sin darme cuenta, me alegraba pensar que pudiera ser cierto.

Al regresar al penthouse, cada uno se dirigió en silencio a su habitación. Me quité el traje, le di el cuidado habitual y guardé en una bolsa la ropa que debía enviarse a la tintorería. Después me di una ducha rápida.

Usé el jabón con aroma a osmanthus que tanto le gusta a Slash.

Con este aroma... suele abrazarme cuando llega la hora de "comer"...

Si ese perfume le agradaba, quizá debería cambiar también el champú por uno de osmanthus. No... si el olor era demasiado intenso, con el olfato que tiene quizá terminaría molestándole.

Ayer no le pedí nada, así que hoy sí quería hacerlo. Al menos quería oler bien.

Al volver a la sala de estar, Slash ya estaba en la cocina. Aún llevaba el cabello peinado con cera, así que parecía que todavía no se había duchado. Había puesto los ingredientes sobre la encimera y ya estaba con los preparativos.

—¿Hay algo que te apetezca comer?

Aunque tenía la vista fija en la tabla de cortar, la pregunta iba dirigida a mí.

—Si hay champiñones, me gustaría un risotto. Con salsa blanca.

Cuando respondía ‘lo que sea’, él terminaba poniéndose de mal humor.

Slash se quedó pensativo un momento antes de asentir.

—De acuerdo.

—¿Quieres que te ayude?

—Entonces desgarra los champiñones con las manos.

—¿Sabes? También sé usar un cuchillo.

—Los champiñones sueltan más aroma si los desgarras... Mira. Huélelos.

Él mismo rompió uno con los dedos y lo acercó a mi rostro. Un aroma fresco y delicado se elevó al instante.

—Es verdad.

—Enjuágalos por encima antes de partirlos. La base también está limpia, así que úsala también.

Mientras hablaba, Slash cortaba el nabo y el brócoli en trozos de un bocado. Después los metió al microondas para darles un golpe de calor. En la olla, entretanto, salteaba cebolla. Añadió agua y dejó caer un cubo de caldo concentrado; solo con eso, la cocina empezó a llenarse de un aroma apetitoso.

—Voy a hacer sopa de consomé de cebolla. Te gusta, ¿verdad?

—Mm.

Estaba tan concentrado desgarrando los champiñones que apenas respondí con un murmullo. Mientras lo hacía, me pregunté si el olor se quedaría impregnado en mis manos. Con discreción, acerqué los dedos a la nariz.

—¿Te molesta que se te quede el olor?

—Ah... no.

¿Se había dado cuenta? Slash dejó la espátula de madera sobre la encimera y tomó mi mano. Luego, acercó mis dedos a su nariz y los olió.

—Eso desaparecerá enseguida. No es ajo ni nada. Si ya los lavaste, déjalos ahí.

—Bien.

Slash preparaba la salsa blanca en la sartén. Daba gusto verlo trabajar con tanta destreza. La mantequilla desprendía un delicioso aroma al derretirse. Fue incorporando poco a poco la harina mientras se mezclaba, y luego la diluyó con leche de soja. En un instante, la salsa blanca adquirió una consistencia espesa.

—Se ve bien.

—¿Si? Anda, pruébala.

Deslizó un dedo por la espátula de madera, recogiendo un poco de salsa, y me lo ofreció. Me sobresalté un poco, pero no quería que notara mi nerviosismo, así que me incliné y la recibí en la boca.

—...

La yema de su dedo rozó apenas mi lengua. Con esa sensación fui incapaz de concentrarme en el sabor. Seguí con la mirada el dedo cuando salió de mi boca y él... se lo llevó directamente a sus labios para lamerlo. Como estaba del lado de su parche, no pude ver la expresión de sus ojos.

—Sabe bien. —Dijo Slash. Desvié la mirada.

¿Por qué me estaba alterando? Solo era una prueba de sabor. Nada más.

Él ya estaba echando los champiñones y el arroz a la salsa blanca. ¿Por qué era yo el único que seguía tan nervioso? Aunque, pensándolo bien, ¿quién hace probar una salsa con el dedo? El raro era Slash. ¿Otra vez se estaba burlando de mí?

—Mientras el arroz reposa... ¿quieres ‘la comida’ primero?

—¿Ah...? Ah, sí.

Slash tapó la sartén y se volvió hacia mí. Me miraba desde arriba con la misma expresión de siempre. No parecía que hubiera intentado burlarse de mí, y eso hacía que entendiera aún menos lo que había pasado.

—Entonces... supongo...que… adelante.

Conseguí decirlo y me dirigí al salón para sentarme en el sofá. Slash me siguió y, como de costumbre, se recostó. Ya era un gesto al que ambos nos habíamos acostumbrado.

Al ver su cuello expuesto, me quedé absorto. Para mí era como un licor fuerte; cada vez que me alimentaba de él terminaba embriagado. Solo su vigor y su sabor bastaban para llenarme por completo.

Claro... solo fue un dedo.

Después de todo, le estoy mordiendo el cuello. 

Mientras apoyaba mi cuerpo sobre el suyo, deslicé los labios por su piel. Quizá le hizo cosquillas, porque Slash se estremeció ligeramente, pero atrapé su cuello antes de que pudiera apartarlo.

Huele tan bien…

El olor de Slash. Su dulzura. Su calor.

Quería llenarme solo de eso, y hundí los colmillos en su cuello.

—Mmh...

Bebí con suavidad. Por más veces que lo probara, nunca era suficiente.

Qué delicioso...

En realidad, el risotto me daba igual. Mientras tuviera esto, era suficiente. Mientras tuviera a Slash.

¿Huelo bien, verdad?

Al aroma de osmanthus que tanto te gusta... acércate más. Deséalo...

Un pesado brazo rodeó mi espalda. La palma de su mano fue deslizándose lentamente hasta mi cintura. Me pareció que el sabor de su sangre se volvía aún más intenso.

La piel se me erizó.

Un dulce hormigueo se extendió desde mi cintura. Mis caderas también comenzaron a balancearse al ritmo de sus caricias. Aunque estaba absorto en mi comida, quería sentir aún más a Slash.

Su palma recorrió lentamente mi cintura, acariciándola con suavidad, hasta que el largo dedo medio descendió, como guiado por voluntad propia, hacia mi coxis.

Ah...

Otro deseo comenzó a mezclarse con el hambre.

Ya no podía distinguirlos.

Qué delicioso... más...

Mientras acariciaba su cálido cuello, lo animé en silencio.

Su mano siguió deslizándose más abajo.

Sus dedos alcanzaron, a través de la tela, el surco entre mis nalgas.

Más... Slash...

Levanté ligeramente las caderas, como invitándolo.

Pero...

—Espera... Leonis... estás bebiendo... demasiado...

Volví en mí de repente.

Aparté los labios de su cuello y encontré a Slash jadeando frente a mí. Podía sentir los rápidos latidos de su corazón a través de mi palma.

—¡Ah!... L-lo siento. Me dejé llevar......!?

Me moví para incorporarme y me quedé rígido.

—¿Tenías tanta hambre? Hoy sí que te lanzaste con ganas.

—No... no es eso... No es nada.

Me aparté apresuradamente de su cuerpo y tomé distancia. Slash se incorporó con aspecto algo cansado.

—Al final, saltarse un día no es buena idea. Es importante mantener el ritmo. Hay que hacerlo todos los días y en la cantidad justa...

Slash seguía diciendo algo, pero yo no estaba en condiciones de prestarle atención.

—Entendido. A partir de mañana lo haré como es debido. ...Voy a volver un momento a mi habitación para tranquilizarme. —Respondí vagamente, me levanté y me apresuré hacia mi cuarto. 

Detrás de mí oí a Slash llamarme —¡Oye! —Fingí no escucharlo.

Estaba desconcertado.

—...¿Cuántos años han pasado...? —Me refugié en el dormitorio y me senté al borde de la cama.

Llevé la mano al calor que se acumulaba entre mis piernas.

—...Ah...

La tela rozó mi piel y me dolió. Un estremecimiento me recorrió los hombros. Bajo la ropa interior, mi miembro estaba completamente erecto. Hacía cientos de años que no experimentaba aquella sensación. Estuve tan debilitado que no me quedaban fuerzas para el deseo sexual.

¿Había confundido el hambre con el deseo?

¿O fue porque Slash me acarició las nalgas...? 

No... ¿Aquello había sucedido de verdad? Tal vez solo fue producto de mi imaginación. Quizá, en mi estado de embriaguez, simplemente imaginé que Slash estaba haciendo lo que quería que hiciera.

Aún podía sentir en mi cintura el cálido y vívido recuerdo de la palma de su mano.

También la firmeza de aquellos dedos hundiéndose entre mis nalgas...

—Ah... no…

Un temblor recorrió la parte interna de mis muslos. Un escalofrío me atravesó desde la nuca hasta la punta de los pies. Aunque intenté contenerlo con la mano, no pude detenerlo.

Ah...

Mi cuerpo se estremeció.

Me corrí dentro de la ropa interior. La sensación húmeda se extendió lentamente y me dejó con un sentimiento difícil de describir.

Junto con la culpa, también sentí que había sido un desperdicio.

Si iba a experimentar placer dentro de una fantasía, debí imaginarla con mayor claridad.

Las manos de Slash.

Los dedos con los que me había dado a probar la salsa.

Imaginé aquellos dedos ásperos enroscándose alrededor de mi miembro, apretándolo y acariciándolo. Aún más… deseé sentir el dolor de ser atravesado por él….

Yo...

Siento deseo por Slash.

Estaba pidiendo algo más de él.

Qué codicioso soy.




NOCHE 20

—Huele raro.

—¿Raro? Todavía es demasiado pronto para que lo entiendas.

—¿Llegará un momento en que me parezca un buen olor?

—Sí. Para nosotros es una señal muy importante.

—¿Una señal?

—Así es. La señal para compartir el amor y la eternidad.

—¿Quieres decir convertirse en pareja? ¿Como papá y mamá?

—Exacto. Tú también la tienes.

—¿Qué cosa?

—Una nariz capaz de encontrar a la persona que amarás.

—¿Con solo oler ese aroma lo sabré?

—Estoy seguro de que sí.

—¿Y podré convertirme en su pareja?

—Eso dependerá de ti.

—¿Y si yo la quiero, pero ella no llega a quererme?

—En ese caso…


—Niru... entonces morirás.


  • Los hombres lobo anhelan encontrar a su pareja destinada. La especie no importa.

  • Si encuentran a esa pareja, en muy raras ocasiones pueden tener descendencia. Sin embargo, la esperanza de vida de ese hijo seguirá la de la especie de vida más corta.

  • Si ambos miembros de la pareja son hombres lobo, su descendencia será inmortal y heredará una extraordinaria capacidad de combate y un cuerpo excepcionalmente resistente.

  • Si un hombre lobo pierde a su pareja destinada, le llegará la muerte.

  • Cuando dos hombres lobo unidos como pareja completan su eterna existencia, ambos regresan juntos al Reino de los Espíritus.

  • Perder el amor de la pareja destinada... también es una forma de morir.


**

Era una maldición absurda.

‘Morir por un desamor’... eso ni siquiera les pasa a los adolescentes hoy en día.

Y, sin embargo, esa regla estaba grabada en mi sangre. Más aún siendo un hombre lobo de sangre pura. Aunque poseyera un cuerpo extraordinariamente resistente, si no soy amado por quien amo... moriré.

Por eso los hombres lobo se extinguieron.

En todas las épocas hubo hombres lobo que se enamoraron de humanos y eligieron morir junto a su pareja, marchándose con ella cuando la vejez la consumía. Nuestra raza, que nunca fue numerosa, fue debilitándose de ese modo.

Y luego llegó la Gran Catástrofe.

Murieron innumerables seres humanos.

Los hombres lobo que habían formado un hogar con una pareja humana también perecieron cuando la perdieron. Incluso aquellos que se habían retirado a vivir en plena naturaleza desaparecieron junto con los bosques.

La razón por la que viajé durante tanto tiempo no era solo para ocultarme.

Buscaba supervivientes.

Buscaba a los míos.

Pero... al final comprendí que ya estaba solo.

Yo era el único hombre lobo que nunca había conocido el amor.

Y aquí, de todos los lugares… no puedo creer que... sea con él…

Me cubrí el rostro con ambas manos.

Y, aun así, podía percibir el olor.

Feromonas... eran las de Leonis. Dulces, cosquilleaban en mis fosas nasales. Eran tan intensas que incluso podía percibir el aroma que había dejado al eyacular en la habitación del fondo.

Era insoportable.

Mierda...

Mi miembro estaba tan erecto que dolía.

Era por las feromonas de Leonis. Aquel aroma tan delicioso... uno capaz de quemar hasta el último rastro de mi razón.

Me levanté de golpe. ¿Qué más daba?. Si él me deseaba, lo complacería. Lo devoraría hasta saciarme. Podía hacerlo, y haría que se ahogara en mí.

Me acerqué con pasos sigilosos al dormitorio de Leonis. Pero, justo cuando estaba a punto de llegar a la puerta, me detuve en seco.

¿Conseguiría el amor de Leonis de esta manera?

Un amor eterno.

El amor de un vampiro.

¿Solo por puro deseo carnal?

Mierda, maldición...

Me di la vuelta y regresé a mi habitación. Me quité la ropa y entré en la ducha, dejando que el agua fría cayera sobre mí. El corazón me dio un vuelco, pero enseguida dejé de sentirlo. Tomé mi miembro, rígido y erecto, y comencé a frotarlo.

—...Ah...

El calor intenso recorrió mi cuerpo. Apoyé una mano contra la pared de mármol y jadeé. El agua fría resbalaba por mi piel, ayudándome de algún modo a conservar la razón.

Aun así, lo único que podía imaginar era la sensación de la piel y las nalgas de Leonis que había tocado hacía un momento. Su piel blanca, como porcelana, que había visto antes; sus pezones, como pétalos de flor; y aquel miembro teñido de color, como un capullo a punto de florecer.

Imaginaba cómo se retorcía bajo mi cuerpo.

Cómo atrapaba su estrecha cintura cada vez que embestía, y mordía aquel delicado cuello, igual que él lo hacía conmigo. Cómo sujetaba sus rodillas para abrirle las piernas y penetrarlo. Seguro que estaría estrecho... apretándome con fuerza.

Ah…

Los ojos azules de Leonis, como joyas... ¿se llenarían de miedo o se sumirían en el placer? Si alguna vez llegara a amarme, ¿cómo me miraría desde abajo?

Estoy seguro de que me cautivaría.

Ya no podría alejarme.

Y eso me aterra.

Sería como beber por voluntad propia un veneno mortal.

Aun así, ¿llegaría a pensar que no me importaría en ese momento?

Froté mi miembro con fuerza, con la mano resbaladiza. Me irritaba esa sensación ambigua, sin saber si quería correrme o no. Por más que embistiera una y otra vez en mi imaginación, solo es el recuerdo de una carne que no conozco. Lo que deseaba no estaba ahí.

Más que eso, anhelaba la sensación de aquellos dedos blancos y delgados explorando mi pecho cada vez que bebe mi sangre; nuestros cuerpos unidos, encajando sin dejar espacio entre ellos; la suavidad de sus labios recorriendo mi cuello... Su pequeño suspiro de placer cuando se deleita con el sabor de mi sangre... Y, al terminar, cómo lame mi cuello con aire de pesar, chupando durante un rato la herida, como si se sintiera culpable...

Esa lengua.

Envolviendo mi miembro.

—!

Mi cuerpo se tensó y eyaculó.

Apreté con fuerza desde la base, exprimiendo hasta sacar todo.

Exhalando, observé cómo el líquido blanquecino se escurría por el desagüe junto con el agua fría y mi sentimiento de culpa.

Es lo peor.

Quería creer que me estaba equivocando.

Pero ya no puedo.

Al menos...

Tengo que enterrar esto muy, muy profundo dentro de mí, para que no pueda ver lo que siento.

Mientras Leonis no lo descubra, no perderé nada.

Seguramente, debe ser así.




NOCHE 11 AL 15 NOCHE 21 PRÓXIMAMENTE

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