NOCHE 26
Había tenido sexo incontables veces.
A veces era para llenar un vacío de soledad, otras simplemente por deseo carnal. En ocasiones, como medio de negociación.
Nunca había tenido una pareja fija. Por eso no recordaba el nombre de ninguna de ellas. Por supuesto, había placer físico. Durante el acto también disfrutaba de la emoción del intercambio. El sexo en sí no me desagradaba.
Para mí, era algo parecido a un pequeño juego.
Por eso, cuando veía a una mujer hermosa, evaluaba sus posibilidades. A veces también a un hombre.
Cómo conquistarlo…
Nunca hubo amor de por medio.
No era más que un juego frívolo y frío.
Pensaba que estaba bien así.
Pero…
Ahora era diferente.
Estaba a punto de volverme loco.
Leonis.
Solo tenerlo entre mis brazos hacía que perdiera la razón.
Quería su corazón y su cuerpo.
Todo de él, incluso cada jadeo que escapaba de sus labios.
Ni siquiera quería dejar escapar la saliva que se derramaba cuando nuestras lenguas se entrelazaban.
Porque este hombre… era demasiado perfecto.
Además de las feromonas que me estuvieron estimulando durante todo este tiempo, me volvían loco sus gestos avergonzados, su voz, el olor de su sudor e incluso el sabor de su semen. Todo en él era exactamente de mi gusto.
¿Así era la debilidad de haberse enamorado…?
Las palabras se me escaparon sin querer.
Era la primera vez que me llevaba el pene de un hombre a mi boca. Cuando me dijo que estaba a punto de correrse, pensé sin siquiera dudarlo que debía tragarlo. Después, cuando llegó al orgasmo dentro de mi boca, me sorprendí. Incluso mientras sujetaba su cuerpo rígido por el clímax y seguía succionando, no sentí rechazo ni indignación; solo satisfacción.
Por supuesto, mi instinto me había pedido una y otra vez que lo penetrara cuanto antes. Quería consumar lo que realmente deseaba.
Pero, más que eso, quería seguir viendo a Leonis retorcerse bajo el placer que yo le daba. Me gustaba todo: cómo respondía al beso con torpeza pero completamente absorto, cómo me rodeaba con los brazos con cierta inseguridad, cómo sus piernas se cerraban enseguida por la vergüenza. Todo me excitaba. Incluso si no hubiera estado en celo, me habría excitado.
Era ingenuo y no tenía experiencia. Y, aun así… Quizá por ser un vampiro, su cuerpo era extremadamente lascivo.
Su piel se erizaba con sensibilidad ante mis caricias y su hermoso cuerpo se arqueaba de manera seductora. Bastaba con tocarlo ligeramente para que sus pezones se endurecieran. Su miembro se humedecía mucho y, aunque él probablemente no se daba cuenta… aquella parte se contraía con desesperación, intentando abrirse cuando la relajaba.
Pero luego este tipo dice:
—Puedo soportarlo.
¿Soportar qué, si me estaba deseando con todo su cuerpo de esa manera? ¿Acaso no se daba cuenta? ¿Leonis era todavía más inexperto de lo que yo pensaba?
No quiero tu máscara.
Quiero la parte más frágil y suave de ti.
Adentrarme hasta lo más profundo, y enredarme en ti y no soltarte nunca más.
Cuando los brazos de Leonis me rodearon con verdadera fuerza y, justo cuando mi cuerpo intentaba abrirse paso entre sus piernas, de pronto me di cuenta.
—¿Es tu primera vez con un hombre? —Se lo susurré al oído y noté cómo Leonis, que había estado moviendo el cuerpo con impaciencia, contuvo el aliento. Y entonces… sentí cómo estrechaba con fuerza los brazos alrededor de mí.
No puede ser.
El calor inundó mi cuerpo de golpe.
¿Después de haber vivido mil años, todavía era su primera vez? ¿Con ese rostro? ¿Con un cuerpo tan lascivo? ¿Con nadie? ¿Nunca nadie lo había…?
Entonces… No podía perder tiempo.
Rápido. Más rápido.
En el momento en que lo inmovilicé y metí mi miembro dentro, solo podía pensar en mi egoísta posesividad.
—Ah… —Un gemido escapó de mis labios.
La sensación de su firme agarre, junto con aquellas contracciones que parecían atraerme hacia lo más profundo. Precisamente porque aquella parte tenía una función distinta, sus movimientos eran complejos.
Solo podía seguir pensando en que lo quería otra vez, quería más.
Quería devorar a este hombre por completo.
Sin poder evitarlo, seguí adelante.
—¡Ah! Ah… mm, uh…!
Leonis gimió. Clavó los dedos en mi espalda con tanta fuerza que, en vez de dolor, me excitó. Quizá porque mi sudor hacía que resbalara, volvió a arañarme una y otra vez. Percibí el olor de mi propia sangre, pero no me importó.
Mientras mantenía la cintura pegada a sus nalgas, la moví para acostumbrarnos el uno al otro. Pero cada vez que lo hacía, aquella parte me apretaba. Las rodillas de Leonis, todavía sujetas por los tirantes de sus calcetines, temblaban.
—Leo…—Lo llamé por su nombre.
Sus párpados, enmarcados por blancas pestañas, se entreabrieron. Mi sudor cayó gota a gota sobre su frente y sus mejillas. De vez en cuando, nuestras narices se rozaban. Nuestros alientos, ambos superficiales, se mezclaban.
—Más…
Leonis lo murmuró con voz ronca. Lo besé como respuesta y, después de corresponder al beso, dijo:
—Más… llámame… Leo…
Qué cosa tan adorable.
Sentí el pulso de nuestra sangre latiendo en el punto donde estábamos unidos. Al comprender que ya se había acostumbrado a mí, aunque fuera estrecho, moví lentamente la cintura. Al principio, apenas un poco.
—Ah… hm…
Un gemido se escapó por el espacio entre nuestros labios unidos. Sin dejar de besarlo, moví la cintura repetidas veces, como si la levantara desde abajo. Se escuchó el pequeño sonido de nuestros cuerpos al encontrarse.
Plac, plac, plac…
—…Leo…
Al llamarlo como él quería, Leonis dejó escapar un dulce gemido desde el fondo de la garganta. Contoneó la cadera envolviendo mis muslos con sus piernas. La suave textura de sus calcetines de seda y algodón rozó mi piel.
No dejé de mover la cintura. Yo también quería sentir placer. Su interior era tan agradable que quería seguir disfrutándolo para siempre. Agarrándolo por la cintura y empujando a diferentes velocidades, el cuerpo de Leonis se arqueó.
—Ah, ah… ¡Slash…!
El miembro de Leonis también se endureció y dejó escapar su esencia. Después de todo, su cuerpo debía de ser muy sensible al placer. Si el dolor o el miedo fueran demasiado fuertes, no habría podido reaccionar así.
Al verlo, algo dentro de mí comenzó a romperse.
Me incorporé y separé las rodillas de Leonis.
—¡!
Pude ver el punto donde nuestros cuerpos estaban unidos.
Pensé que Leonis se avergonzaría.
Pero no.
Entrelazó sus dedos con los míos mientras mantenía las rodillas abiertas y… por un instante, sonrió.
Con una sensualidad sobrecogedora.
Sus ojos azul hielo parecían de hielo, pero no era así. Como pensaba, aquello era fuego. Un fuego que seguía ardiendo a una temperatura elevada.
Se me erizó todo el cuerpo.
Era insoportable.
Incluso sin ningún encanto, conseguía cautivarme.
Aunque era yo quien lo poseía, tenía la sensación de que era él quien me devoraba.
Como si me hubiera arrebatado el nombre y me hubiera sometido.
Le sujeté ambos brazos y embestí moviendo la cintura como si tirara de las riendas de un caballo. La sonrisa desapareció de su rostro y frunció las cejas con expresión de deseo, mientras las comisuras de sus ojos se teñían de rojo. Su suave cabello cambiaba de forma con cada movimiento.
—¡Ah… ah! …¡No, para…!
—¿Qué pasa?
—Otra… vez… voy a… ¡…!
Qué cuerpo tan lascivo. Me hacía estremecer.
Mientras seguía jadeando, el miembro de Leonis tembló y eyaculó. Unas gotas se deslizaron desde mi abdomen hacia el costado. Dejé de embestirlo, recogí unas con el dedo y la lamí.
Tenía buen sabor. Como esperaba, estaba delicioso.
—Tú… —Leonis me miró con reproche mientras jadeaba, pero no era algo que me importara.
—Tú también bebes mi sangre como si fuera deliciosa… Estamos a mano…
Volví a inclinarme sobre él y lo aplasté bajo mi cuerpo. Me adentré profundamente y Leonis gimió. Lo besé; al principio emitió un sonido como si le molestara, pero enseguida volvió a acariciarme la mejilla con cariño y respondió con la lengua.
Volví a mover la cintura.
Esta vez, por mí.
Más adentro, más profundo.
Hasta lo más profundo de Leonis.
Dejaré mi marca.
Para que nadie pudiera quitármelo.
Lo abracé con fuerza. Podía oír su respiración entrecortada y sus leves gemidos en mis oídos.
Y entonces, hasta lo más profundo.
—¡!
En el instante en que su cuerpo se estremeció, sentí como si una corriente eléctrica hubiera recorrido todo mi cuerpo, hasta la punta de mi cola que ya no tenía. Después de dar varias embestidas fuertes como último impulso, detuve el movimiento.
En el silencio solo quedaron nuestros jadeos agitados.
Mientras seguía abrazando aquel cuerpo terso, húmedo de sudor, unos dedos blancos pasaron entre mi cabello.
—Slash… dijiste que estabas en celo…
—¿Qué pasa?
Sus dedos juguetearon tímidamente con mi cabello.
—…Pensaba que el celo de los hombres lobo era más… precipitado y violento.
—¿Quieres decir que perdería el control?
—No, no es eso.
Levanté apenas la cabeza para mirarlo.
Su rostro seguía aturdido y cubierto de sudor, pero parecía satisfecho. Poco a poco volvía a su expresión habitual y también parecía avergonzado.
—No.
—Ya veo. Me alegra…
—Simplemente no se detiene.
—Ya veo, no se detie… ¿eh?
Sus párpados parpadearon con inocencia.
—Todavía no he terminado.
No sonreí.
Tampoco aflojé mi agarre en la cintura de Leonis.
Te lo dije, ¿no? Te daría mi cariño más tarde.
—No voy a dejarte escapar, Leo.
Después de todo, afuera estaba nevando intensamente.
No podríamos ir a ningún lado por un tiempo.
NOCHE 27
Se escuchó un sonido.
Un sonido electrónico.
A pesar de que estaba en un agradable estado de somnolencia… abrí los párpados.
—……
Un pecho cálido. Subiendo y bajando con cada respiración contra mi mejilla. Al levantar un poco la mirada, mi frente rozó la barba dispersa de su mentón.
Slash dormía boca arriba. Tenía una expresión serena mientras dormía. Debo haber estado durmiendo sobre su pecho como almohada. Aunque no recordaba haberme quedado dormido.
Me moví y levanté medio cuerpo. La manta que apenas me cubría se deslizó de mis hombros. El aire acondicionado estaba regulado, pero al alejarme de aquella piel cálida, sentí un poco de frío.
Tenía el trasero pegado a la alfombra, al despegarlo se oyó un pequeño sonido. Habíamos dejado los fluidos corporales secos. Esta alfombra estaba arruinada. No podría volver a usarla.
En algún momento, el sonido electrónico dejó de oírse.
Era mi celular. Que estaba sonando en algún lugar.
Intenté ponerme de pie. A medida que terminaba de despertarme, me di cuenta de que tenía todo el cuerpo pegajoso.
Ah… esto es terrible… Cómo pude quedarme dormido así…
Sentí cómo el rostro se me calentaba.
Porque había recordado el sexo de la noche anterior.
Tuve sexo con Slash una y otra vez.
Él me deseaba, y yo también.
Slash dijo que no era una bestia, pero para mí que era mi primera experiencia, y al recordar cómo nos habíamos entregado por completo al deseo, la vergüenza comenzó a invadirme.
Quiero bañarme…
Intenté levantarme sin despertar a Slash, que todavía dormía.
—…¿Adónde vas?
Al oír aquella voz baja y ronca, me sobresalté y me giré.
El único ojo de Slash estaba abierto y me observaba.
—A bañarme… Tengo el cuerpo… pegajoso…
Respondí, tratando de no dejar que se notara mi nerviosismo.
—……
La palma de Slash tocó mi mejilla. Su mano cálida me acarició con suavidad. Solo con eso sentí que los recuerdos de lo ocurrido volvían a mi mente, y mis mejillas se calentaron aún más.
Sus ojos rojos, que me habían estado observando con calma, volvieron a ocultarse tras sus párpados. La mano que estaba sobre mi mejilla también cayó sobre la alfombra, como si incluso moverla le resultara molesto. Y volvió a sumirse lentamente en la somnolencia.
Yo me dirigí en silencio hacia el cuarto de baño.
Al abrir el grifo de agua caliente, el baño se llenó enseguida de vapor. Cuando dejé que el agua de la ducha corriera sobre mi piel, los rastros de mi abdomen, mis nalgas y mis muslos, que seguían pegajosos, se fueron desapareciendo.
No sentía dolor ni pesadez.
Tampoco quedaban marcas de besos ni mordidas.
Era como si todo lo de la noche anterior hubiera sido un sueño. Solo quedaban los recuerdos.
Ojalá hubiera quedado al menos un chupetón...
Sentí cierto resentimiento hacia mi propio cuerpo, incapaz de conservar siquiera un rastro físico de lo ocurrido. Si me lavaba bien con jabón, no habría nada que me diferenciara de como estaba anteayer.
Terminé de quitarme el champú del cabello y, mientras me relajaba un poco, de pronto se abrió la puerta de cristal a mis espaldas.
Slash entró desnudo, sin siquiera pedir permiso. Tenía el cabello revuelto y aún parecía un poco adormilado.
—...
Debería haber dicho algo, pero había entrado con tanta naturalidad que me quedé inmóvil.
Slash me apartó un poco y se colocó bajo la ducha. Echó la cabeza hacia atrás y dejó que el agua le cayera desde arriba, dejando escapar un gemido de satisfacción. Después de frotarse el cuerpo un rato, también se limpió con una mano la hombría que tantas veces me había penetrado. Al principio no sabía dónde mirar, así que terminé conversando con la pared. Pero entonces, de pronto, una de sus manos se posó en mi cintura y me atrajo hacia él.
—¿Ya te lavaste todo? —dijo, haciéndome entrar bajo la ducha.
—¿Ah? Ah, sí... Yo ya...
—Ya veo.
—Slash deberías entrar en calor poco a poco… después de todo, debes de estar cansado.
—No estoy cansado. Además, ya se me pasó el celo. Me siento renovado.
—Re... renovado...
Sin el parche en el ojo, me miraba fijamente desde arriba. No era diferente de antes. Al menos, no debería serlo...pero, había algo distinto mezclado en sus ojos rojos y en el tono de su voz.
Eso hizo que mi corazón comenzara a latir con fuerza.
—Tú tampoco tienes ni una sola marca.
Slash acarició mi pecho con el dorso de los dedos. En su cuerpo tampoco quedaba ningún rastro. Me había aferrado a él con placer. Le había agarrado con fuerza la espalda y los brazos, incluso lo arañé varias veces.
—...Por eso creo que es una pregunta tonta, pero...
—¿Eh?
—No te duele el cuerpo... ni te sientes mal, ¿verdad?
—Ah... Sí, estoy bien.
—Ya veo. Entonces está bien.
El leve ceño entre sus cejas se relajó. Los dedos que acariciaban mi pecho subieron hasta mi barbilla y la apretó.
Al levantarme apenas el rostro, sus labios, todavía mojados por el agua, se posaron sobre los míos.
Sus labios finos mordisquearon los míos con suavidad.
Entre el sonido de la ducha se escucharon pequeños sonidos de besos.
Era una sensación tan agradable, casi embriagadora, que estuve a punto de acercarme y entregarme a él.
Pero los labios de Slash se apartaron enseguida.
—Quédate calentándote poco a poco. Voy a preparar el desayuno.
Dicho eso, se dio la vuelta y salió primero por la puerta de cristal. A través del vidrio esmerilado, lo vi enrollarse una toalla alrededor de la cintura y salir de la habitación.
Mi cuerpo estaba tan acalorado que ya no necesitaba seguir bajo la ducha para entrar en calor.
**
Después de secarme el pelo, regresé a la sala y la alfombra estaba enrollada y colocada a un lado. La ropa que había quedado esparcida estaba colgada sobre el respaldo del sofá, y el celular se encontraba sobre la mesita baja.
Slash estaba en la cocina, mirando una olla mientras revolvía su contenido con una cuchara de madera. Pero, llevaba puestas las botas, una sudadera gruesa y, en la parte superior, un suéter de cuello alto, como si fuera a salir a algún sitio.
—Slash, ¿vas a salir? —Como había dado por sentado que se quedaría aquí, le pregunté apresuradamente. Tenía tantas cosas que quería preguntarle.
Slash levantó la vista de la olla y me miró, señalando con la barbilla. En el monitor de la pared se veía, aunque sin sonido, cómo estaba la ciudad.
—Por lo visto, el transporte está paralizado por la nieve. Han cerrado todo por todas partes. Parece que las principales entradas y salidas de Stella también quedaron bloqueadas por la nieve que no ha dejado de caer durante toda la noche... Me contactaron desde Seguridad para pedirme ayuda. Al parecer, hasta las manos de un hombre lobo les sirven.
Durante un rato, observé en el monitor la ciudad enterrada bajo una capa de nieve completamente blanca.
Mientras estaba absorto con Slash.
Me apresuré a mirar mi celular. Había varias llamadas y también correos. La mayoría eran cancelaciones de reuniones o mensajes consultando qué hacer. También había correos de Seguridad, explicando la situación de Stella, enterrada bajo la nieve, y uno cuyo asunto pedía que les prestara a Slash. Me sentí culpable por haberlos ignorado. Todos debían de estar preocupados al no poder comunicarse conmigo.
—Qué problema, primero tengo que contactar a todos…
Mientras servía sopa caliente en los platos, Slash habló detrás de mí. —Come primero. No hay nada que puedas hacer con la nieve.
Dicho eso, me empujó suavemente por la cintura hasta sentarme frente al desayuno que había preparado en el comedor. Él se sentó enseguida y empezó a comer un trozo de pan. Parecía un poco apurado.
—¿Y por qué te llamaron precisamente a ti?
—Para retirar la nieve. Parece que la entrada por donde salen las máquinas quitanieves está sepultada.
—Entonces, yo también...
—A ti no te llamaron para hacer trabajo físico. Quédate aquí y encárgate de coordinar todo lo demás.
Como diciéndome que comiera de una vez, dio un golpecito a mi plato con la cuchara de madera. Aunque el celular seguía preocupándome, comencé a comer. Era una sopa caliente de calabaza y frijoles. Estaba tan humeante y suave que parecía derretirse en la boca. Los tallos de brócoli estaban bien cocidos hasta quedar suaves y deliciosos.
Pero este no era precisamente el momento de sentarse a disfrutar tranquilamente de la comida.
Slash, que había terminado de comer antes que yo, se levantó sin esperarme. Dejó el plato tal como estaba, se puso el grueso abrigo para el frío que colgaba sobre el sofá y, tomando los guantes en la mano, me dijo —Te dejo los platos.
—Espera, Slash… —Corrí hacia él antes de que se marchara.
Slash se dio la vuelta e inclinó la cabeza.
—¿Qué pasa? Si no me apuro, Lily me va a dar una patada en el trasero.
Abrí el armario que había junto a la entrada y tomé un gorro negro del estante superior.
—Seguro que hace un frío terrible. Te dolerán las orejas.
Extendí los brazos y lo colocó por encima de su cabeza, cubriéndole hasta las orejas.
—Ten cuidado. También puede caer nieve de los techos... Además, cuida también de todos los de Seguridad. Pasaré más tarde por la sala de Seguridad. Asegúrate de que podamos comunicarnos en cualquier momento, estés donde estés. Si surge algún problema, ponte en contacto conmigo. Y también...
Mientras seguía dándole instrucciones, Slash soltó una breve risa.
Entonces, con la mano ya cubierta por el guante, me dio unas palmaditas suaves en la mejilla.
—Leonis.
—¿Eh?
—En momentos así, se despide a alguien con un beso. Recuérdalo.
Dicho eso, se dio la vuelta y salió por la puerta.
Me quedé mirando hasta que su espalda corpulenta desapareció tras ella.
—Un beso... ¿Estaba bien hacer eso...?
Había aprendido algo nuevo.
Incluso después de vivir mil años, todavía había una enorme cantidad de cosas que no sabía.
NT: Aaaaawwwwashahs me dio feels la parte de “se despide a alguien con un beso.” pinche Slash, me encanta
NOCHE 28
—¡Llegas tarde!
El cabello pelirrojo de Lily destacaba mucho entre la nieve. Incluso con unas orejeras y un calentador de cuello que le cubría hasta la nariz, era fácil reconocerla. Varios miembros de Seguridad ya estaban retirando la nieve frente a la entrada para vehículos. En aquel mundo blanco y gris, figuras vestidas con ropa negra abrigadora se movían de un lado a otro.
—Hace un momento recibí el permiso de Leonis. Hoy vas a trabajar duro todo el día, hombre lobo.
Lily me tendió una pala grande. La tomé, pero permanecí en silencio.
...Ya iba siendo hora de que me llamara por mi nombre. Aunque ‘Slash’ era solo un apodo.
—Ya hay gente despejando las demás entradas y salidas. Date prisa y retira la nieve. Necesitamos sacar las máquinas quitanieves.
—Entendido.
Dicho eso, me eché la pala al hombro y me dirigí hacia la entrada. Lily abrió los ojos de par en par. Desde detrás de mí me lanzó unas palabras mordaces.
—Hoy estás especialmente obediente. Deberías ser siempre así.
La entrada no estaba tan sepultada, pero probablemente por el viento la nieve se había endurecido bastante. La única opción era derribarla desde la parte superior, en bloques.
Me dediqué en silencio a aquella tarea monótona.
El cielo estaba gris y parecía que todavía podía nevar más. En las noticias decían que era una nevada intensa que había llegado antes de lo habitual. Probablemente la respuesta de las autoridades también se había retrasado.
En la calzada, grandes máquinas quitanieves ya iban y venían lentamente. En todos los edificios, los residentes abrían caminos en las entradas y salidas. También podía verse a algunos niños jugando en la nieve.
Yo también seguí cavando sin pensar.
Mi corazón estaba extrañamente tranquilo.
Tan quieto como un mar en calma.
Era la primera vez que me sentía así.
Sabía cuál era la razón.
Cuando la entrada quedó al descubierto y pudieron abrirla, una máquina quitanieves salió como si hubiera estado esperando ese momento. Con eso podrían despejar los alrededores de Stella. Detrás también la siguió un vehículo que esparcía descongelante.
Sin embargo, para las entradas y salidas más pequeñas seguía siendo necesaria la fuerza humana. Cargábamos grandes sacos de descongelante, los transportábamos, los esparcíamos y repetíamos el proceso mientras abríamos camino.
Por el momento, en las noticias no se hablaba de problemas con los servicios básicos. La gente de la ciudad estaba bastante acostumbrada a la nieve. Al llegar el mediodía, los coches también comenzaron a circular por las carreteras. Seguramente ya habían levantado las restricciones de tráfico.
Algunos negocios que, aunque rodeados de nieve, abrieron al menos la parte delantera para seguir atendiendo. Ver a los residentes, envueltos en gruesas prendas de abrigo, avanzar torpemente por los caminos resultaba reconfortante.
—Slash.
Al oír que me llamaban, me di la vuelta. Frente a mí estaba… Ed, vestido con una chaqueta acolchada azul. Entre el gorro y la bufanda solo se le veían los ojos almendrados.
—Ed.
—Como era de esperar, eres muy fuerte.
Lo dijo mientras dejaba en el suelo un saco de descongelante. Yo llevaba tres al hombro y otro bajo el brazo.
—Quiero terminar esto cuanto antes.
—Ya pasó el mediodía hace rato. ¿No deberías volver a comer algo?
—Lily dijo que pensaba explotarme todo el día.
—Ella tampoco le exigiría tanto a alguien. De hecho, los miembros de Seguridad están yendo a comer por turnos.
—A mí no me dijeron nada.
—¿Y tu celular?
Al oírlo, me di cuenta de que llevaba bastante tiempo sin revisarlo. Dejé caer el saco que tenía bajo el brazo y saqué el móvil del bolsillo. Había varios mensajes: uno de Seguridad avisando sobre el horario de la comida y...
Uno de Leonis.
Decía que estaba en la sala de Seguridad y que volviera.
—Ahí está, ¿ves? ...Je, je, debes de tener muchísima hambre. Menos mal que al fin vas a poder comer.
Ed se rió al verme la cara. Como no entendía qué quería decir, incliné la cabeza.
—¿Por qué piensas eso?
—Porque estabas sonriendo, ¿no?
¿Estaba sonriendo?
Guardé el celular en el bolsillo y bajé los sacos de descongelante que llevaba al hombro.
—Me haré cargo de esto. Ya solo queda esparcir la sal.
—¿Seguro?
—Claro. Vaya, puede irse.
Asentí y atravesé la puerta que tenía delante.
Entré por la puerta de servicio y avancé por el pasillo reservado para el personal. Normalmente era un lugar por el que los empleados iban y venían de forma constante, pero hoy estaba casi desierto. La mayoría de los negocios estaban cerrados de manera temporal.
Cuanto más me internaba en el edificio, más se hacía notar la calefacción y más cálido se volvía el ambiente. Me quité el gorro y abrí el abrigo por delante.
Para cuando llegué a la sala de Seguridad, ya no podía seguir llevando puesto el abrigo. Al bajar del ascensor, entre aquel grupo de personas vestidas de negro, vi una única espalda con un jersey de cuello alto completamente blanco. Llevaba unos pantalones ajustados color crema y botas hasta las rodillas. Sobre una mesa cercana había dejado una chaqueta acolchada blanca, así que no sabía si también había salido a comprobar la situación afuera o si pensaba hacerlo después… Pero yo me quedé mirando sus piernas esbeltas y su pequeño trasero.
De pronto, recordé lo de la noche anterior.
Aquel cuerpo exquisito que había tenido entre mis brazos durante toda la noche. Me recibió con flexibilidad. También hacía muchísimo tiempo que no entraba en celo, pero aun así, ni siquiera yo había follado tanto en toda mi vida. Con un humano no habría podido hacer algo así.
Y, sin embargo, al despertar por la mañana, Leonis estaba tan fresco como si nada. Y ahora parecía seguir bien.
Entonces se dio cuenta de que yo estaba allí y se volvió.
—...
No había forma de resistirse cuando ponía esa cara.
Hasta hacía un momento tenía una expresión serena, pero abrió un poco los ojos, el color en las comisuras de estos se hizo más vivo y un aroma agradable se extendió suavemente.
Era un cambio mínimo, pero para mí era más que suficiente.
Le entregó su tableta a uno de los empleados y, después de decirle algo, se acercó a mí a paso ligero desde donde había bajado del ascensor.
—Buen trabajo. Te envié un mensaje hace bastante, pero como no venías a comer, estaba preocupado.
—Solo no me di cuenta. Me mandaron de un lado a otro.
—Ya veo. Entonces come algo. Lo siento, solo es servicio de catering.
Sobre una mesa dispuesta a un lado había varios recipientes con sándwiches apilados. Junto a ellos había una hilera de pequeños recipientes de plástico, parecidos a jeringas.
—¿Y esto qué es?
—Sangre coagulada. Es comida para emergencias. ...Aunque tú no la necesitas.
Ya veo. Algo así como un suplemento nutritivo para vampiros.
Tomé unos tres paquetes de sándwiches y me senté en la silla de un escritorio que estaba libre.
—Ah, cierto. Toma esto.
—¿Qué es?
Leonis tomó un termo que estaba junto a su chaqueta acolchada.
—Café. Como debes de estar helado, te preparé uno caliente.
Creía que aquí también había una cafetera. ¿Trajo eso desde el penthouse?
Estuve a punto de preguntárselo, pero desistí.
Leonis parecía sentirse ligeramente incómodo.
—Aah.
Me limité a responder eso, y lo tomé. Al abrirlo y beber, descubrí que era café fuerte, con apenas un poco de leche, justo como me gustaba.
Hasta a mí me incomoda esto.
Mientras devoraba unos sándwiches de sabor bastante aceptable, pregunté, —¿Todo lo demás está bien?
—Sí, no hay problemas con los servicios básicos. Pero como todavía no han abierto los canales de desagüe para la nieve, no están dando abasto para deshacerse de toda la que se ha acumulado.
—¿Canales de desagüe?
—Son lugares donde se arroja la nieve. Como solo se utilizan durante el invierno, normalmente son simples carreteras. Cuando llega el invierno, se cierran algunas calles y se convierten en vías para depositar la nieve. Luego, esta se escurre hacia el sistema de drenaje subterráneo. Por eso, durante el invierno, el tráfico en Meteora cambia un poco.
Creía que ya conocía esta ciudad, pero al parecer todavía me quedaban muchas cosas por descubrir. ¿Será por eso que había carreteras bajas excavadas en el suelo en algunos lugares?
—Parece que la ciudad seguirá teniendo problemas con la nieve durante un tiempo.
Leonis permaneció de pie, con los brazos cruzados y el puño apoyado en la barbilla, sumido en sus pensamientos. Yo, mientras masticaba los sándwiches, no podía dejar de mirar su cintura, ese trasero ligeramente respingado y provocativo.
No podía evitarlo. Lo tenía justo delante de mí.
Cuando terminé de comer, bebí un poco de café y lo saboreé con calma. Entonces vi a Lily salir del grupo de empleados reunidos al otro lado de la sala. Sin darme cuenta, me escondí un poco detrás de Leonis, usándolo como escudo.
—Hombre lobo. No es momento de perder el tiempo.
—……
No había forma de que pudiera esconderme.
—Lily, al menos déjalo terminar de comer. Él no puede alimentarse tan fácilmente como nosotros.
Lily tomó un pequeño recipiente, se llevó a la boca la sangre coagulada que contenía y se la tragó. Su comida había terminado.
—No. Si tiene tiempo para mirar al señor Leonis con esos ojos pervertidos y obscenos, entonces lo pondré a trabajar limpiando la nieve de los canales de desagüe.
Así que ya se había dado cuenta.
Leonis se volvió hacia mí, sorprendido, pero yo aparté la mirada.
Antes de que empezara a sermonearme, terminé el café y me levanté. Agarré mi abrigo de invierno y pregunté con tono inexpresivo, —¿Qué sigue?
—El canal de desagüe de la calle Bright. Parece que está enterrado bajo la nieve y no pueden abrir las tapas de las alcantarillas, así que tendrás que desenterrarlas. Se te da bien, ¿no?
Eso fue lo que me dijo. Se me vinieron a la mente descripciones despectivas como ‘es bueno en trabajos manuales’ o ‘es un lobo’. Pero en ese momento, tenía otra cosa en mi cabeza.
Leonis, que estaba justo frente a mí, también desvió la mirada mientras una sonrisa incómoda se dibujaba en la comisura de sus labios.
NOCHE 29
Al caer la noche, parecía que había vuelto a nevar.
Las noticias en el monitor, con el volumen bajo, llevaba horas mostrando la situación de la ciudad. Como habíamos proporcionado las cámaras fijas de Stella, podía observarse toda la ciudad.
Por el momento, no parecía haber ninguna emergencia. Gracias a los esfuerzos de Seguridad y las autoridades locales, no se habían producido grandes complicaciones. Ahora solo quedaba rezar para que la nieve dejara de caer.
Estaba trabajando en el comedor. Desde allí, me daría cuenta enseguida cuando Slash regresara por la entrada. Estaba leyendo los informes sobre la gestión de Stella, pero no dejaba de mirar el reloj. Ya se estaba haciendo muy tarde y todavía no regresaba.
Podía haberle escrito al celular. Pero no quería que, por insistirle para que regresara, lo interpretara como una forma de atarlo o controlarlo, así que no lo hice.
Tengo tantas cosas de las que quiero hablar.
Apoyé la mejilla en una mano y miré el celular. No había ningún mensaje de Slash. ¿Lily lo tendrá trabajando de un lado para otro? ¿O acaso el canal de evacuación de nieve se había llenado tanto? No, si hubiera ocurrido algún problema, me habrían informado. Ahora que incluso las principales carreteras estaban abiertas de nuevo, no debería haber ningún inconveniente con los canales para evacuar la nieve.
No me digas que...
¿Y si el celo de Slash todavía no había terminado y se había ido a algún lugar para aliviarlo?
Por lo que vi antes, Slash solía coquetear con mujeres de aquí y de allá. No sería extraño que hubiera hecho algo así.
Lo que podría significar que yo no era suficiente para satisfacerlo.
—……
Entrelacé los dedos, apoyé los codos sobre la mesa y dejé caer la frente sobre las manos.
Anoche pensé que le gustaba. El deseo de Slash parecía no tener fin, y me hizo suyo hasta dejarme completamente exhausto. Sus besos apasionados tampoco paraban.
Pero, después de que amaneciera, cuanto más tiempo pasaba, más difusa se volvía aquella certeza. y ahora comenzaba a inquietarme que piense que solo fue un "desliz momentáneo"... en otras palabras, un error.
¿Qué pensaría Slash de mí...?
Y además, ¿qué quería yo?
¿Qué era exactamente lo que yo quería que ocurriera entre Slash y yo?
Cuando lo pensaba, realmente... incluso yo mismo creía que era algo desvergonzado, pero...
Quiero que Slash me abrace una vez más.
Siempre terminaba llegando a esa conclusión. Quizá, si volvía a estar entre sus brazos una vez más, mis sentimientos se volverían mucho más claros. Después de todo, lo de anoche había sido un encuentro apasionado, como si me hubiera visto arrastrado por un mar embravecido. Sentí el deseo de Slash y yo, que nunca había tenido una experiencia semejante, también me dejé llevar y me perdí en él. Solo de recordarlo, el rostro se me calentaba.
Además... él era bueno en eso.
Es cierto que al principio también sentí dolor y cierta incomodidad. Quizá pude aceptarlo porque era un vampiro. Pero, aun así, su habilidad para hacerme sentir placer fue realmente... buena.
Precisamente por eso me había dejado absorber tanto por aquella sensación que tenía la impresión de no haberlo mirado demasiado.
Quería volver a ver a Slash mientras me abrazaba.
Qué expresión ponía.
Qué mirada tenía.
Quería comprobarlo.
Quería saber si en ella había amor hacia mí.
Una extraña tensión se apoderó de mí.
Sentí un nudo en la garganta al pensar en mis propios deseos y en la cruel realidad.
Decidí darme una ducha para despejarme. Y luego, por si Slash regresaba con hambre... Sí, debería haber curry en el congelador. Lo calentaré.
Pensando en ello, dejé que el agua corriera sobre mi cuerpo, pero aquellos sentimientos que me atormentaban no desaparecieron.
Después de la ducha, todavía en bata, me tumbé en la cama mientras seguía sumido en mis cavilaciones. Quizá el cansancio acumulado por la falta de sueño terminó pasándome factura, porque antes de darme cuenta me había quedado dormido.
**
La sensación de que la cama crujía y se movía me despertó.
Sobresaltado, levanté la cabeza y vi a Slash.
¿Cuándo había regresado? No me había dado cuenta.
Estaba desnudo de la cintura para arriba. Su cabello aún estaba mojado. Llevaba puesto el parche, pero era evidente que acababa de salir del baño.
—Hola.
—Slash... Ah. Me quedé dormido... Lo siento. Pensaba preparar la comida, pero..., ¿...?
Su mano tiró del cinturón de mi bata. Al desatarlo, deslizó la palma hacia el interior.
—……
Mi corazón me dio un vuelco.
—La comida puede esperar.
—Pero ¿no estás cansado?
—No estoy cansado. Pero, si eso es lo que piensas...
Su palma se deslizó hasta mi pecho.
—Cúrame...
Sonrió con dulzura. El único ojo, que normalmente no mostraba más que agudeza, adquirió un brillo intenso. Al recordar el placer de la noche anterior, mi cuerpo comenzó a estremecerse de inmediato.
Hay tantas cosas que tengo que preguntarle...
Aunque lo pensara, la parte más lasciva de mí decía que, en ese momento, todo eso daba igual. Quería conocer más las sensaciones que Slash podía darme. Quería volver a experimentar aquel intenso placer. Mi naturaleza como vampiro empezó a imponerse.
El cuerpo de Slash subió a la cama.
Sin poder apartar la mirada de él, retrocedí, y la bata, que ya estaba desatada, se deslizó naturalmente de mis hombros. Él también se quitó la toalla que llevaba enrollada en la cintura y quedó completamente desnudo.
Su miembro ya estaba erecto.
Solo verlo hizo que me palpitara el bajo vientre.
Slash se acercó y nuestros labios se unieron. Al principio mordisqueó suavemente mis labios; después comenzó a succionarlos con más fuerza y su cálida lengua se abrió paso en mi boca.
Aquella noche, una vez más, me sorprendió.
Había pensado que sería mucho más brusco. No era más que una imagen, pero cada vez que sentía la vigorosa fuerza vital que albergaba en su interior, había dado por sentado que sería del tipo de persona que practicaba un sexo salvaje y desenfrenado.
Pero mis expectativas estaban equivocadas.
Slash era muy gentil.
Por supuesto, era fuerte y a veces podía volverse brusco. Pero nunca hacía nada que pudiera lastimarme sin tener en cuenta mi cuerpo.
Incluso ahora... no, más que ayer... estaba siendo tan gentil que casi resultaba desesperante.
—Meteora tiene más nieve de la que esperaba... Me costó bastante quitarla.
—Mm... Este año... quizá haya nevado más de lo normal...
Mientras me acariciaba el cuello y compartíamos besos lentos, Slash habló y yo le respondí.
—Hace frío, pero... no me desagrada la nieve.
Lo dijo mientras sus labios recorrían mi cuello. Lo oí aspirar suavemente por la nariz y tuve la sensación de que me estaba olfateando. Al mismo tiempo, el roce de sus dos manos descendiendo por mis costados hizo que mi excitación aumentara.
Cuando acarició mi trasero, abrí mis piernas. Su cintura se acomodó entre ellas y nuestros miembros se rozaron, provocándome una ligera molestia.
Qué vergüenza… Parecía como si fuera yo quien estuviera diciéndole que apurara.
—Tú también eres blanco como la nieve. —Murmuró Slash mientras iba dejando pequeños besos sobre mi piel. Sus fuertes brazos se enrollaron alrededor de mi cuerpo, envolviéndome y estrechándome contra él.
—¿Eh?
—¿Eh? ¿Qué? Pero si eres completamente blanco, ¿no? El cabello, la piel…
No, no era eso.
—Entonces, eso…
Estaba a punto de preguntarle, pero me selló los labios. Enredó su lengua con la mía y la succionó con pequeños besos húmedos. Era un beso dulce, casi embriagador, y aquella sensación que no había experimentado en cientos de años me dejó enseguida aturdido. Acaricié su mandíbula y su cuello, como si le pidiera más.
¿Acaso Slash…
es tan bueno en el sexo?
¿O será alguna habilidad propia de los hombres lobo? ¿Poseen algo capaz de embriagar a los demás? ¿Me estaba dejando llevar por eso?
Mi miembro, atrapado entre nuestros vientres, se humedeció. El miembro duro de Slash se frotó contra él. Sus abdominales se movían, amasándolos como si los estuviera masajeando.
—Ah… ah…
Dolía un poco, pero al mismo tiempo se sentía bien. Rodeé con los brazos su cintura mientras la movía y atraje hacia mí sus firmes nalgas. Sentir cómo aquellos músculos tensos y bien desarrollados se contraían y flexionaban hizo que me obsesionara aún más.
Su respiración se volvió un poco más agitada. Aun así, Slash no apartó los labios. Yo tampoco podía dejar de aferrarme a él, dejando escapar suspiros sensuales, sin ocultar mi placer. Mi respiración se aceleró, estaba dejándome llevar sin poder evitarlo. Y entonces Slash, como si aquello le alegrara, empujó la cintura con aún más fuerza.
La cama crujió.
Se sentía bien.
Todo en él, su cuerpo entero.
Normalmente siempre tenía esa expresión hosca y, dependiendo de la persona, podía mostrarse insolente y tener un carácter difícil de controlar.
Entonces, ¿por qué era tan…?
—Compré algo bueno.
—¿Eh…?
Lo dijo de repente, justo cuando estaba a punto de venirme, y una voz aturdida escapó de mis labios. Slash estiró el brazo y tomó algo que había dejado sobre el aparador junto a la cama.
—Porque esto no se lubrica por sí solo.
Destapó el frasco y lo inclinó. Luego, incorporándose, dejó caer el contenido sobre su miembro. El líquido formó hilos y también se derramó sobre mi abdomen.
—Ah…
Los dedos de Slash tantearon mi entrada. Con una mano me sujetó las rodillas y las levantó hasta casi pegarlas a mi pecho.
—Ya estás bien suave… De verdad que tienes un cuerpo indecente, ¿sabes?
—……
La vergüenza me impidió decir nada y solo pude aferrarme a las sábanas.
Aun así, lo deseaba.
Soporté aquella postura, tan expuesto y con las piernas abiertas sin pudor. Vi cómo Slash sujetaba su miembro, húmedo por el lubricante, y apoyaba la punta contra mí.
—¿Lo quieres? —Me lo preguntó de esa manera. Al levantar la vista hacia él, vi que me observaba con una sonrisa traviesa.
Tú también lo quieres.
Esas palabras me cruzaron por la mente, pero…
solo asentí.
De inmediato, algo caliente se introdujo en mí.
—¡Aaah! ¡Aah…!
Gracias al lubricante, me penetró hasta el fondo de un solo impulso y, por la fuerza del movimiento, llegué al orgasmo.
Pero Slash no detuvo sus movimientos.
—¡Ah…! ¡Espera…! ¡Ya… voy…! ¡…!
Era demasiado bueno. El placer era abrumador. Nuestra piel chocaba mientras el líquido formaba hilos, produciendo sonidos húmedos y rítmicos. Aunque presioné sus hermosos abdominales marcados para intentar detener el movimiento de su cintura, no había forma de que se detuviera.
—…Nn… Leo…
Basta, es tan injusto.
Que me llamara así solo en momentos como este. Sabía que era una especie de hechizo para hacerme abrir las piernas.
Y también sabía que no podía resistirme.
NOCHE 30
Sus brazos blancos y suaves me acariciaban el pecho.
Su cabello, apenas humedecido por el sudor, me rozaba el cuello y me hacía cosquillas. Mientras recuperaba el aliento, froté la mejilla contra él, como si quisiera sujetarlo.
Después de pasar todo el día luchando contra la nieve, y sin siquiera haber comido, me acosté con Leonis dos veces. Hasta yo mismo pensaba que tenía una resistencia increíble. Aunque empezaba a sentir hambre, acaricié la suave cintura del hombre al que seguía abrazando. Leonis estaba aferrado a mi cuerpo, encajando su cuerpo contra el mío como si quisiera llenar cada hueco. Su respiración también se iba volviendo poco a poco más pausada.
Sus largas y esbeltas piernas rozaban lentamente una de las mías.
—¿Estabas en celo otra vez…? —preguntó Leonis con la cabeza apoyada sobre mi hombro.
—No. ¿Por qué?
—Porque apenas regresaste, me… bueno, tú…
—¿Tengo que estar en celo para hacerlo?
—No es eso, pero…
Una vez que se suelta el freno, ya no hay forma de volver a ponerlo.
Después de conocer el cuerpo de Leonis, ya no podía contenerme. Era como descubrir el placer de algo delicioso.
Cuando regresé a casa, primero pensé que debía hablar con él sobre lo de anoche. Pero al verlo completamente indefenso, dormido después de haberse bañado, quise hacerlo mío. Si se hubiera negado, habría parado. Pero tampoco se negó. Incluso en un momento se montó sobre mí y movió las caderas.
Solo recordar aquella imagen, tan obscena y sensual, hacía que todavía me ardiera el bajo vientre.
De algún modo aparté esos pensamientos.
—Mi celo ya no volverá hasta dentro de un tiempo.
Al menos tenía que explicarle algunas cosas. Incluso sin querer, era evidente que Leonis quería saber por qué habíamos llegado a esta clase de relación.
—Entonces, ¿lo de ahora qué fue?
—Solo quería hacerlo. No tuvo nada que ver con tus feromonas.
—¿Feromonas? ¿Las… mías?
Leonis levantó la cabeza. Alzó un poco el cuerpo y se inclinó sobre mí para mirarme. Sus ojos aún conservaban el brillo sensual de después del acto… Sus iris azules eran hermosos, sin importar cuántas veces los mirara.
—Así que, después de todo, los vampiros no tienen un olfato capaz de distinguir las feromonas.
—¿Los hombres lobo sí?
—Sí. ...Y tú desprendes un aroma de lo más provocador. Incluso cuando estás bebiendo mi sangre, y después… también sé lo que haces cuando regresas a tu habitación.
—……
Las mejillas de Leonis se enrojecieron.
Me reí.
—Si un hombre lobo sigue oliendo feromonas fuertes, entra en celo.
No dije “las de alguien que le atrae”. No quería atar a Leonis.
…No. Era yo quien tenía miedo. Miedo de que descubriera lo que sentía.
—Entonces, ¿fue por mi culpa?
De repente, Leonis puso una expresión triste y una punzada de culpa me atravesó el pecho. Evité profundizar demasiado en el tema y dije, —Fueron unas feromonas tan fuertes que me volvieron loco. ¿No has recuperado ya tus poderes originales? Deberías alegrarte. Si hasta te ha regresado el apetito sexual, ¿no significa que estás completamente recuperado?
Los ojos de Leonis siguieron vacilando. Sus labios, teñidos de color, se entreabrieron.
—No quería usarte como una salida para mi deseo sexual…
—Yo también lo disfruté. Además, pude disfrutar del privilegio de acostarme con mi propio jefe. Incluso ahora.
—¿Estás feliz con eso, Slash?
—No es que odie el sexo.
—……¿y qué hay de mí?
—……
—¿Yo te gusto?
—……
Los dedos de Leonis acariciaron mis labios, como si me incitara a responder. Con las mejillas ligeramente sonrojadas, sus ojos reflejaban claramente el afecto que sentía por mí.
Solo hacía falta una palabra.
No, ni siquiera eso. Bastaba con asentir.
Pero no podía hacerlo.
No tenía el valor de dar ese paso y caer en un abismo sin fondo.
Temía a la ‘muerte’ que me esperaba al otro lado.
Solo podía quedarme mirándolo.
Leonis también me observaba. Sus inteligentes ojos parecían explorar mi corazón. Me pareció una eternidad, aunque también pudo haber sido apenas un instante.
De pronto, sus largas pestañas se relajaron. Y entonces… Sonrió dulcemente.
Me dio una ligera palmada en el abdomen y soltó una risita.
—Tienes hambre, ¿no? Te está sonando el estómago.
—……¿Eh?
Me quedé desconcertado ante aquella pregunta tan repentina.
—Hay curry que dejé preparado en el congelador. Vamos a calentarlo. Yo también quiero comer.
—¿Ah? Ah, sí…
Leonis se movió un poco y apoyó una mano sobre mi pecho. Luego inclinó el rostro y me besó, sin borrar aquella hermosa sonrisa.
—Te amo, Slash.
—¡!
—De ahora en adelante, cuando quieras… también quiero que te acuestes conmigo.
Leonis me acarició la mejilla, luego se levantó completamente desnudo y desapareció en el baño. Me quedé solo en aquella cómoda cama, mirando el techo.
¿Qué fue eso de ahora?
Por un instante, mi corazón pareció detenerse. Después comenzó a latir con fuerza, sentía el cuello arder y tenía la cabeza ligeramente entumecida.
¿Qué significaba la reacción de Leonis?
Dijo que me ama.
Y eso que yo, cobardemente, me había quedado sin palabras y no le respondí.
¿Amar…? ¿Significa que le gusto? ¿Y eso de que puedo acostarme con él cuando quiera? ¿Qué significa? ¿Que somos amigos con derecho? ¿O acaso… una relación como la de los amantes que aparecían en las películas antiguas…?
Ahora lo entendía aún menos.
¿Qué es el amor?
¿Qué clase de amor deseaba yo?
¿Y qué clase de amor busca Leonis de mí?
¿Cómo se construye el amor?
Amarse…
¿Qué significa, exactamente?
¿Qué se supone que debo hacer?
Depende de ti.
Eso dijo mi viejo, en un recuerdo lejano.
¿De qué demonios dependía de mí?
¡No entendía una mierda, imbécil!
Traducción: Kyo-kun
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