CAPÍTULO 1
—Haah, hah…
Los pasos se acercaban.
Se escuchaba un sonido húmedo, junto con la respiración agitada de esa cosa.
Contuvo el aliento y encogió su cuerpo, pero sentía que iba a hiperventilar. Se controló e intentó simplemente esperar.
Esa cosa los mató a todos.
Que un viaje escolar sea al espacio no es algo raro hoy en día; pero ¿por qué tuvo que tocarle a ellos?
Mientras dormían, una alarma ensordecedora comenzó a sonar despertando a Tsubasa y a los demás y, guiados por los profesores que llegaron a toda prisa, los reunieron a todos en el único comedor.
A partir de ahí, todo ocurrió en un instante.
Un alienígena cuadrúpedo, completamente negro, sin ojos ni oídos a la vista y con una boca llena de colmillos afilados, atacó a Tsubasa y a los demás.
Sus compañeros de clase fueron asesinados de forma espantosa ante sus ojos.
A uno de sus mejores amigos le atravesaron el cuerpo con una cola larga y afilada. Lo vio justo frente a él, el brillo de sus ojos extinguiéndose.
Los alienígenas olfatearon a los estudiantes como si buscaran algo, y luego los mataban.
Varios alumnos y profesores lograron salir del comedor escapando por sus vidas, y Tsubasa hizo lo mismo, corriendo a refugiarse en su habitación individual. La cama podía guardarse dentro de la pared, dejando un espacio para que cupiera una persona.
Apretó el interruptor mientras estaba acostado y se escondió allí.
Con el celular de un simple estudiante era imposible comunicarse con la Tierra, así que envió mensajes a las personas a bordo de la nave cuya información de contacto tenía.
Las confirmaciones de lectura nunca aparecieron y ya habría pasado una hora desde entonces.
Fue entonces cuando esa cosa entró en la habitación.
La cerradura no sirvió de nada. Su corazón latía tan fuerte que sentía que se le iba a salir del pecho.
Plaf… Plaf…
El deseo de Tsubasa fue en vano; la pared donde estaba guardada la cama fue destrozada.
Cayendo al suelo junto con la estructura de la cama, Tsubasa se aferró con fuerza para no salir despedido. Cerró los ojos ante el impacto, preparándose para la muerte.
Sin embargo, el dolor desgarrador jamás llegó.
Al abrir los ojos con cautela...
—¡Hic!
Justo al lado de su rostro estaba la boca llena de colmillos, olfateando el aroma de Tsubasa.
El alienígena; que estaba completamente húmedo, frotó su cabeza contra sus orejas, su cuello y su nuca, examinándolo con cuidado, dejando todo su cuerpo empapado.
Su cerebro parecía que se había paralizado por el terror. Ni siquiera podía mover la punta de los dedos.
—A-Ah…
De la boca del alienígena emergió lentamente una especie de serpiente. En su extremo tenía otra boca con colmillos que se abrió, dejando salir un siseo amenazante, similar al de una víbora.
Tsubasa se le quedó viendo y sintió cómo su conciencia se perdía. Sus nervios habían llegado al límite por el pánico.
Pensó que sería mejor morir mientras estuviera inconsciente y decidió dejarse llevar.
Sin embargo, para su desgracia, el alienígena no se lo permitió.
—¡...!
La lengua del alienígena, secretando mucosidad, lo lamió por encima de la ropa desde el ombligo hasta el cuello.
Tsubasa ahogó un gemido.
El cuerpo de los estudiantes que fueron rociados con ese líquido se derritió mientras gritaban de agonía antes de morir.
Por instinto, su cuerpo se resistió e intentó quitarse la camisa.
Sin embargo, una de las patas del alienígena; que hacía las veces de brazo, lo sujetó contra el suelo, mientras abría su enorme boca de par en par hacia el rostro de Tsubasa para amenazarlo.
Paralizado de nuevo, Tsubasa esperó el momento final con los dientes castañeteando.
Pero la sustancia viscosa solo disolvió la ropa; la piel de Tsubasa no sufrió ningún daño.
—¿...? ¿Por... qué...? Ah...
El alienígena entonces sujetó las piernas de Tsubasa y las lamió de abajo hacia arriba, disolviendo esta vez sus pantalones, incluso su ropa interior, dejando a Tsubasa casi desnudo, únicamente con la camisa colgándole de los hombros.
¿Acaso lo iba a devorar lentamente a partir de ahora...?
¿No podrías matarme rápido, por favor?
En ese momento, sintió envidia de su amigo, quien había muerto al instante atravesado por la cola.
Sin embargo, el alienígena no hacía el menor intento por lastimar a Tsubasa; simplemente olfateaba su cuerpo y, respiraba con dificultad mientras soltaba chillidos como si estuviera excitado.
La lengua de la pequeña boca secundaria finalmente tocó la piel, deslizándose por el suave abdomen de Tsubasa.
Su cuerpo temblaba con espasmos violentos y su respiración se volvió corta y entrecortada. ¿Cuánto tiempo tendría que luchar contra el terror de ser desgarrado?
Pero Tsubasa pronto tuvo que enfrentarse a un horror aún mayor.
La parte inferior del cuerpo del alienígena mostraba lo que parecía ser su miembro erecto, el cual se frotaba contra los muslos desnudos de Tsubasa.
—No... no... ¡por favor, no!...
No entendía nada. ¿Por qué un alienígena estaba en celo con él? Aquello se frotaba torpemente desde sus muslos hasta sus nalgas, y Tsubasa comenzó a resistirse con todas sus fuerzas, pensando que prefería estar muerto. Pero la criatura lo sujetó contra el suelo, sometiéndolo boca abajo.
—¡No! ¡Suéltameee!
De pronto, el cuerpo del alienígena que estaba sobre él, salió volando por los aires.
Aún estupefacto, Tsubasa vio pasar una masa gigantesca a su lado. Al otro lado de la cama, la criatura lanzó un chillido de agonía mientras algo lo sujetaba del cuello y lo levantaba. Tras escucharse un crujido ahogado, la cabeza del alienígena cayó al suelo con un golpe seco. Su cuerpo sin cabeza continuaba moviéndose ligeramente; tras arrojarlo a un lado, la entidad se giró hacia Tsubasa.
Tsubasa se aferró a la esperanza de que alguien había venido a rescatarlo, pero, por supuesto, no se trataba de un humano. De hecho, la criatura parecía casi inofensiva en comparación. Tenía un cuerpo negro que, según la luz, reflejaba destellos plateados y rojizos; si bien se mantenía erguido sobre dos patas como un humano, su cabeza era casi idéntica a la del otro alienígena. La diferencia radicaba en las imponentes branquias que se desplegaban en su cabeza a modo de corona. Sus brazos y piernas de fisonomía similar a la humana, estaban cubiertos por una musculatura que duplicaba a la de los otros alienígenas de extremidades delgadas. Su cola era gruesa y larga, y a lo largo de su columna vertebral brotaban púas redondeadas de diversos tamaños.
Era claramente distinto a los demás.
Era como el Rey de los alienígenas.
—Ah...
El "Rey" atrapó a Tsubasa con su enorme mano y lo levantó.
Tocó la piel casi desnuda de Tsubasa como para cerciorarse de su presencia. A diferencia del otro alienígena, su cuerpo no estaba húmedo y transmitía calor corporal. Se sentía casi como un ser humano, pero el rostro aterrador que tenía frente a él devolvió a Tsubasa a la realidad. Al abrir la boca, la misma "serpiente" emergió e invadió la boca de Tsubasa.
—¡¿Nghh?! —Trató de empujarlo con sus brazos en un arranque de pánico, pero no sirvió de nada; la serpiente continuó profanando el interior de su boca.
—¡Fuuh… hmm, hmm!
Con su enorme mano, la criatura acarició las nalgas descubiertas y suaves de Tsubasa, deslizando sus dedos por su espalda como si estuviera disfrutando de la sensación.
Tsubasa dudó de su propia cordura al notar que su cuerpo reaccionaba con pequeños espasmos, como si estuviera sintiendo placer.
¿Por qué los alienígenas le hacían esto? No... tal vez a las demás personas les estaba pasando lo mismo.
¿Con qué propósito?
Sin darse cuenta, Tsubasa terminó rindiéndose y cediendo su cuerpo al contacto del alienígena, que bien podrían interpretarse como caricias.
El temor de Tsubasa estaba equivocado; a excepción de él, todos los demás humanos habían sido masacrados sin piedad. El Rey alienígena había viajado hasta allí buscando solo a Tsubasa, la única persona que deseaba.
Esa nave descomunal había quedado inoperativa por obra del Rey que buscaba a Tsubasa, y de aquellos que acataban sus órdenes.
No podía ocultar su confusión al sentir que su cuerpo se estaba derritiendo de placer. Delante de él estaba el monstruo desconocido que había asesinado a todos; sin embargo, flaqueaba ante la forma en que lo tocaba con cuidado de no lastimarlo y cómo devoraba su boca permitiéndole sentir placer, dejándolo exhausto.
Seguro había alguna sustancia en la lengua que se introducía en su boca. Tenía que ser eso; un método para someter a la presa antes de devorarla.
—Hmm, hah, ah… ah…
La lengua se deslizó hacia afuera de repente, y Tsubasa jadeó por la repentina bocanada de oxígeno y por las manos que recorrían su cuerpo. Su mente estaba extrañamente agotada, desgastada por el miedo y la tensión interminables.
Recostó la cabeza contra el pecho del Rey.
Mientras sostenía a Tsubasa en brazos, el Rey salió de la habitación destrozada.
Sintiendo el aire frío de un espacio amplio, Tsubasa abrió un poco los ojos, con la conciencia nublada, y cerró los párpados como si fuera a dormir, dejándolo hacer lo que quisiera.
Pero pronto se arrepentiría.
—¡Nh!
Vísceras esparcidas por todas partes, extremidades y cabezas que ya no conservaban forma alguna. Decenas de alienígenas negros y húmedos avanzaban hacia ellos, pisoteando aquellos restos con desdén, como si aplastaran mala hierba.
Tsubasa se aferró a los brazos que lo sostenían por puro instinto.
Por algún motivo, tuvo la sensación de que era sostenido con más fuerza.
Los alienígenas se agruparon rápidamente alrededor de los pies del Rey; se escuchaban sus respiraciones, sus chillidos y el golpeteo de sus colas contra el suelo.
Unos cuantos ejemplares se alzaron sobre sus patas delanteras y se acercaron, olfateando el aroma de Tsubasa.
—¡...!
Esta vez, Tsubasa se aferró con desesperación al Rey, enterrando su rostro en su pecho para no tener que ver a los alienígenas.
El Rey abrió la boca para intimidarlos y azotó el suelo con su imponente cola, la más majestuosa de todas.
Al instante, los alienígenas encogieron la cabeza y retrocedieron.
Le resultaba desconcertante. Aunque era obvio que la criatura a la que ahora se aferraba era la más peligrosa de todas, el único lugar donde podía hallar consuelo en esa situación era en esos brazos. No, seguramente pensaba así solo porque ese alienígena, por el momento, no mostraba intenciones de matarlo; aunque era imposible saber cuándo decidiría hacerlo. De hecho, viendo semejante panorama de muertos, probablemente la noticia de lo sucedido había llegado a la Tierra, las probabilidades de sobrevivir hasta que llegara un rescate eran nulas. Pero si permanecer al lado de esta criatura aumentaba un poco sus posibilidades, si eso significaba no morir como los demás...
Con ese último pensamiento, Tsubasa finalmente perdió el conocimiento.
CAPÍTULO 2
Recuperé la conciencia y me di cuenta de que me había despertado. La luz que entraba por la ventana era deslumbrante, así que, mientras me estiraba para levantarme, asumí que ayer había olvidado cerrar las cortinas.
—¡Tsubasa! ¿Ya te despertaste?
—Mmm…
Escuché la voz de mi madre desde el piso de abajo, pero con mi respuesta floja y desganada seguramente no me había oído.
Si bajaba en pijama, me regañaría, pero ese día ganó la pereza, así que simplemente decidí recibir el sermón. En cuanto abrí la puerta de mi habitación, el olor a pescado a la parrilla llegó hasta mí y de repente sentí una tremenda hambre.
Como era de esperar, mi madre me regañó cuando pasé por la sala, pero fui rápido a lavarme la cara.
—¿Quieres pan?
—No. No puedo comer tanto. No soy papá, después de todo. —Respondí con una sonrisa irónica sentándome en la silla, mientras me secaba la cara con una toalla. Sentía que teníamos esta misma conversación todas las mañanas, pero papá, que ya se había ido a trabajar, era profesor de educación física, mientras que yo, Tsubasa, llevaba años sin participar en ningún club escolar, así que no podía comer de la misma manera.
—Estás emocionado por el viaje escolar ¿no?
—Sí.
—Pídele al profesor que se asegure de llamarnos, ¿de acuerdo?
—Sí.
—Y sobre los recuerdos que nos vas a traer…
**
Aún aferrado a aquella sensación de seguridad, Tsubasa despertó y recordó con claridad la situación en la que se encontraba y se incorporó. Le dolía el cuerpo y, como si hubiera dormido sobre un suelo duro, sus articulaciones le crujían.
No había nada ni nadie a su alrededor. El suelo, que antes estaba tan limpio que incluso podía reflejar el rostro, ya no tenía nada de su aspecto original. En algunos lugares estaba cubierto por algo parecido a piel y en otros manchado de rojo, como si hubiera sido salpicado de sangre por todas partes, el suelo era tan poco visible que parecía la superficie original.
La idea de estar desnudo tumbado en un lugar así cruzó su mente, pero no era momento para pensar en eso.
A juzgar por el interior de la habitación, probablemente se trataba de un aula. Aunque era un viaje escolar, incluso con la tecnología avanzada de la época, un viaje espacial dura un mes entero entre la ida y la vuelta. Por eso no era extraño que una de las muchas habitaciones disponibles de la nave espacial se utilizara como aula para continuar con las clases.
Los escritorios y las sillas habían sido apartados hacia los extremos y algunos estaban aplastados contra las paredes, mientras que otros se habían derretido. Aunque ya era bastante amplio de por sí, parecía aún más despejado.
—Creo que estoy bastante tranquilo. —Murmuró mientras pensaba que el aula era mucho más grande de lo que recordaba.
Como si se estuviera obligando a mantenerse así, pensó.
De cualquier manera, mientras estuviera en el espacio, Tsubasa no tenía forma de escapar ni podía hacer nada.
Y seguro aquellos alienígenas tampoco se habían ido.
—Tengo que… evitar provocarlos… Si hago eso… entonces…
¿Estaré a salvo?
¿Por qué decía algo así? ¿Acaso no fue por pura suerte que no lo mataran aquella vez? Era evidente que esos seres no eran capaces de comunicarse. No podía entender a las criaturas sin raciocinio. Podían matarlo en cualquier momento, por cualquier motivo, tal como habían hecho con sus compañeros de clase y sus profesores.
—Ah… —Tsubasa se abrazó a sí mismo, intentando controlar su cuerpo que había comenzado a temblar. —Cálmate, cálmate… Mantén la calma…
Clang
Un sonido parecido al golpeteo de un fregadero a lo lejos, hizo estremecer a Tsubasa.
Retrocedió mientras miraba hacia el lado de la puerta. La puerta estaba destruida junto con parte de la pared y era imposible cerrarla. Incluso si pudiera cerrarla, no serviría de nada.
Clang, clang, clang, clang...
El sonido se acercaba y Tsubasa estaba a punto de entrar en pánico. Se tapó los oídos, cerró los ojos con fuerza y se encogió, apretando las rodillas contra su corazón que parecía querer salirse del pecho.
Mientras tanto, el sonido no dejaba de escucharse y, tal como temía, se hacía cada vez más fuerte.
—Uu… uuh… No quiero… —Tsubasa no podía hacer otra cosa que llorar en silencio.
Sin embargo, después de un rato, nada apareció por la puerta.
Siguió mirando fijamente hacia ella, pero seguía sin aparecer nada, así que se puso a cuatro patas y se acercó a la puerta. Ya no soportaba la incertidumbre, sin saber si algo iba a aparecer o no.
Pero Tsubasa, que no apartaba la mirada de la puerta, no se dio cuenta de lo que ocurría a sus espaldas.
—…
Tsubasa sintió una presencia y se volvió hacia atrás por reflejo con los ojos abiertos de par en par.
Del enorme agujero abierto en el techo, que estaba cubierto por una piel tan espeluznante que resultaba increíble que no hubiera notado su presencia, el Rey descendía lentamente y sin hacer el mínimo ruido.
Cuando su enorme cuerpo, que podía parecer negro, rojo oscuro o incluso plateado, posó las patas sobre el suelo de la habitación, una cola larga y gruesa, como si la médula espinal hubiera quedado completamente expuesta, ya se había desplazado hacia el lado de la puerta.
—Ah…
Con la vía de escape bloqueada, Tsubasa no pudo hacer más que quedarse paralizado. El Rey acercó lentamente su aterradora cabeza. El aliento, parecido a vapor, que escapaba de su boca llena de colmillos humedeció la mejilla de Tsubasa.
—N-no… me… mates…
Las palabras se le escaparon sin poder evitarlo. Sabía que no debía provocarlo y que era imposible que pudiera entenderlo, pero aun así no pudo evitar decirlas.
El Rey inclinó con lentitud la cabeza junto al rostro de Tsubasa. Como si intentara comprenderlo.
—P-por favor…
El Rey abrió la boca.
Aah, Tsubasa cerró los ojos llenos de lágrimas.
Pero lo que lo abrumó no fue el dolor, sino una sensación tibia y húmeda que le acariciaba el cuello.
Tsubasa recordó lo que había sucedido en ese entonces; cómo el interior de su boca había sido invadido y su lengua había recorrido su cuerpo, cómo lo había levantado para protegerlo de los otros alienígenas y lo trató como si fuera algo frágil. Tal vez… tal vez… ¿en qué había estado pensando antes de perder el conocimiento?
La boca del Rey era enorme y lo tomó suavemente del hombro, con cuidado de no hacerle daño con los colmillos. Tsubasa palideció. Justo cuando pensó que esta vez sería diferente, el Rey apartó la boca y frotó la cabeza contra él, como buscando afecto. La cola, que estaba detrás de él, se movía acariciándole la espalda.
Tal vez… tal vez…
Tsubasa extendió una mano hacia el Rey. No pudo evitar que su cuerpo temblara.
Cuando sus dedos tocaron la cabeza del Rey, se estremeció por el calor.
Luego comenzó a acariciarla lentamente, recorriendo su curva. El Rey levantó un poco la cabeza del cuello de Tsubasa. Aunque no se distinguían ojos en él, parecía como si lo estuviera mirando.
Tsubasa apartó la mano sin pensarlo, pero de aquella boca llena de colmillos volvió a salir aquella lengua parecida a una serpiente, la misma que había invadido el interior de su boca aquella vez.
¿Por qué no sentía repulsión hacia esa cosa cubierta de mucosidad? Casi inconscientemente, Tsubasa acercó su propia lengua.
NT: Porque te va el MONSTERFUCKEEEER TSUBASA jajajaja perdón. Rompí el ambiente.
Ah, cuando se dio cuenta de lo que estaba haciendo, ya era demasiado tarde. La había lamido de arriba abajo.
¿Qué… qué…? ¿Qué estoy haciendo…? ¿Eh…?
Incapaz de creer lo que él mismo estaba haciendo, su cuerpo, por voluntad propia, no conforme con solo lamer, también comenzó a sujetarla con los labios y a dejar pequeños besos.
Era como si el instinto de supervivencia dentro de Tsubasa le estuviera diciendo “Adula al ser fuerte que tienes delante.”
Besa, besa.
Mientras producía aquellos sonidos tan adorables, Tsubasa terminó lamiendo la lengua del Rey con mucha atención. De pronto, la lengua fue presionada con fuerza contra sus labios.
—Ha… ah……
La lengua del Rey se deslizó lentamente dentro de su boca y llegó hasta su garganta.
Tsubasa gimió sorprendido por aquello, y el Rey le acarició el paladar con la lengua, como si quisiera calmarlo y tratarlo con cuidado.
Aquella sensación hizo que sintiera un cosquilleo entumecedor en la cintura.
—Mmn…
Y, una vez más, intentó entrar en su garganta.
Al repetir aquello una y otra vez, Tsubasa se acostumbró a aceptar la lengua del Rey en su garganta. Su cuerpo intentaba expulsar aquel cuerpo extraño, contrayendo la garganta y apretando la lengua del Rey.
La lengua del alienígena casi no tenía la flexibilidad de una lengua humana; Tsubasa pensó que debía tener un hueso grueso en su interior.
Hubo sonidos húmedos al sorber. Poco a poco, el Rey comenzó a sacar y meter la lengua.
—Fuuuh… nn… ngh… haa… ah… nn… —Tsubasa se entregaba por completo a aquella acción, que parecía como aparearse usando su garganta.
De forma natural, inclinó el rostro hacia arriba para que la lengua del Rey pudiera pasar con mayor facilidad, mientras la abundante saliva del Rey, se desbordaba por las comisuras de sus labios, sintiendo que se ahogaba.
Sin darse cuenta, sus manos comenzaron a acariciar la boca del aterrador Rey. Era áspera y llena de protuberancias; la abertura de la boca era mucho más grande de lo que había imaginado y sus colmillos eran afilados.
Después de un rato, el Rey retiró la lengua con un sorbo y cerró la boca. Tsubasa sujetó una de las protuberancias que sobresalían de su rostro como si fueran cuernos.
—Ah… espera… —Se acercó al rostro del Rey, que intentaba apartarse un poco, y depositó un beso sobre aquella boca llena de colmillos.
¿Qué era esa sensación?
Era como si quisiera aferrarse a él, como si quisiera ser mimado; simplemente quería restregarse contra aquel ser poderoso que tenía delante. Tsubasa también comprendía que era mejor comportarse así.
Tal vez soy importante para este alienígena.
Ese pensamiento era su única esperanza.
Besos y más besos.
—…Otra vez.
Tsubasa abrió la boca de forma seductora.
**
NT: Tsubasa no le teme al éxito.
CAPÍTULO 3
Su cuerpo ardía.
Tsubasa volvió a despertarse por el calor que sentía en su cuerpo. Como siempre, debajo de la mejilla seguía el suelo duro, pero incluso eso le resultaba agradable ahora.
Tenía sed.
Habían pasado unos tres días desde que el Rey lo había encarcelado en ese lugar. Desde entonces, Tsubasa no había comido nada y, si las cosas seguían así, moriría de hambre en vez de ser masacrado por los alienígenas. De cierta manera, pensaba que eso podría ser un alivio, pero el miedo a la muerte seguía estando presente.
—Nn…
Para evitar lastimarse por permanecer en la misma posición, cada vez que despertaba intentaba darse la vuelta, pero finalmente su cuerpo comenzó a dejar de responder como quería.
Apoyó las manos temblorosas en el suelo para levantarse, pero cayó de golpe.
—Ah…
El Rey estuvo todo el tiempo detrás de Tsubasa.
Al ver cómo Tsubasa hacía una mueca de dolor por el crujido de su cuerpo, el Rey estiró el cuello como si quisiera mirarlo desde arriba.
Su larga y gruesa cola, como si tuviera la médula espinal expuesta, parecía capaz de realizar movimientos delicados a pesar de su apariencia. Se enroscó alrededor de las piernas de Tsubasa y lo arrastró a su lado.
Tsubasa estaba exhausto de miedo por la presencia constante del Rey, pero quizá la sensación de hambre lograba aliviarlo un poco, ya que se había acostumbrado un poco… o tal vez sus nervios habían dejado de funcionar correctamente.
Ayer incluso durmió pegado al Rey.
El sistema de climatización de aquella nave espacial se ajustaba automáticamente y, cuando llegaba la hora de dormir, la temperatura de las habitaciones como el aula en la que se encontraba Tsubasa descendía para ahorrar combustible.
Habiendo perdido fuerzas e incapaz de soportar más el frío, Tsubasa tenía que aferrarse al Rey para buscar calor.
Tsubasa cerró los ojos, pensando en qué pasaría si se agotara el combustible de la nave espacial algún día.
Eso no sucedería. No solo esta nave, sino todas las naves espaciales estaban construidas con requisitos mínimos de poder flotar por el espacio durante cincuenta años. Para entonces, él ya estaría muerto.
El Rey soltó la cola de las piernas de Tsubasa y lentamente acercó el rostro.
Aunque sus nervios se hubieran entumecido, seguía siendo aterrador, y se quedaba paralizado con los ojos muy abiertos cada vez.
Tsubasa una vez más, jugándose su supervivencia, abrió lentamente la boca.
**
Al despertar, el Rey ya no estaba en la habitación.
Cada vez que la lengua le invadía el fondo de la garganta, su ya escasa energía iba disminuyendo poco a poco.
—De verdad… voy a morir.
Si iba a morir, quería hacerlo cuando el Rey no estuviera cerca.
Quizá, se lo comería después de muerto. Y tampoco quería que lo devorara cuando todavía no estuviera muerto por completo. Una vez vio una grabación antigua de un animal llamado hiena, una especie ya extinta, devorando viva a otro animal herbívoro.
Él y sus amigos motivados por el morbo miraron el video, y no podía olvidar la imagen del herbívoro, cuyos ojos iban girándose hacia arriba a causa del dolor.
Si llegaba a ocurrir algo así, Tsubasa decidió que se mordería la lengua hasta arrancársela y moriría.
Pip, pip, pip
Aquel sonido familiar hizo que su mente aturdida volviera a un estado de alerta total.
—…Dónde… ¿dónde…?
En algún lugar de la habitación sonaba el celular de alguien.
Se puso de rodillas y miró a su alrededor, buscando la dirección de donde provenía el sonido, le pareció que procedía de cerca de la pizarra electrónica utilizada para las clases. Avanzó arrastrándose y, como esperaba, el sonido se hizo cada vez más cercano.
Era un tono de llamada.
Seguro el celular había sido tirado por ahí y alguien que sobrevivió estaba llamando.
Tenía que encontrarlo lo más pronto. Tsubasa revisó dentro del atril del profesor que estaba junto a la pizarra electrónica y descubrió el origen de aquel sonido.
—Ah… ¡Aaah!
Uno de los estudiantes que había huido hasta allí estaba metido dentro del atril, con el rostro arrancado. O, mejor dicho, probablemente debió esconderse dentro.
Los alienígenas lo habían encontrado y, sin darle oportunidad de escapar, lo habían matado allí mismo. Tenía el rostro destrozado y era imposible saber quién era, pero por el color de la corbata parecía ser de la clase de al lado.
El celular que sonaba permanecía apretado en la mano con la que lo sujetaba.
Tsubasa tuvo arcadas al comprender que había pasado durmiendo en aquella habitación donde yacía el cadáver durante tres días.
Por supuesto, no salió nada. Solo pudo sufrir mientras se sujetaba la garganta, que se contraía dolorosamente.
¿Por qué ni siquiera notó el olor putrefacto?
Durante el día la calefacción estaba encendida, pero por la noche era otra cosa. Sin que Tsubasa se diera cuenta, el estrés había hecho que perdiera el sentido del olfato.
—L-lo siento… lo siento… perdón…
Tsubasa estuvo allí llorando un rato y disculpándose sin saber por qué, pero, entre sollozos, finalmente se armó de valor y se acercó al cadáver. Bajó la mirada para no ver la parte destrozada y sacó a la fuerza el celular de la mano, que se había endurecido debido al rigor mortis.
NT: Para quien no sepa, ‘Rigor Mortis’ significa de forma literal ‘Rigidez de la Muerte’ en latín. Es el endurecimiento gradual y temporal de los músculos que adquiere un cadáver a las pocas horas del fallecimiento.
Se alejó rápidamente del cadáver y miró la pantalla.
—Ugh… uh…
Por desgracia, no era un sobreviviente.
¡Hoy, tenemos un nuevo producto en Makado, en el segundo piso!
Era una alarma que aquel estudiante había programado antes de que los alienígenas atacaran. Tsubasa, por casualidad, tenía ese mismo sonido como tono de llamada, mientras que él lo había configurado como sonido de alarma.
Hasta hacía poco, todos se lo estaban pasando realmente bien.
Exploraron la nave espacial, se quedaban despiertos hasta tarde intentando que los profesores no los descubrieran, animaban o se burlaban de sus compañeros cuando alguien se declaraba, y pensaban qué recuerdos comprarles a sus familias en la estación cuando regresaran a la Tierra.
No quiero morir aquí, quiero volver a ver a mi familia.
Esperar alguna esperanza en aquella situación tan desesperada era terriblemente doloroso. En el fondo, Tsubasa siempre pensaba que, de todos modos, iba a morir. Lo que temía no era a la muerte en sí, sino en cómo moriría.
Tenía miedo de experimentar un dolor insoportable.
Sin muchas esperanzas, Tsubasa intentó ponerse en contacto con alguien usando aquel celular, enviando mensajes a una persona tras otra.
Por supuesto, era imposible comunicarse con la Tierra.
En la pantalla de conversaciones aún permanecían los mensajes que el dueño de aquel teléfono ya había enviado. Ni siquiera esos mensajes estaban marcados como leídos, así que probablemente sería inútil.
Tsubasa se levantó lentamente.
—Ugh…
Por todas partes había trozos de carne esparcidos, ni siquiera quería pensar de qué serían.
Llevaba unos diez minutos desde que comenzó a caminar descalzo por el frío pasillo. Sorprendentemente, los alienígenas no habían aparecido ni una sola vez, así que Tsubasa se dirigió en línea recta hacia la sala de control.
Quizá allí hubiera algún medio para comunicarse con la Tierra.
No creía que un estudiante como Tsubasa, que no tenía ningún conocimiento al respecto, pudiera hacer algo, pero al menos creía que sería mejor que quedarse allí. Seguro habría comida y agua.
Tal vez incluso estaría algún adulto superviviente.
Había perdido tanta fuerza que se quedaba sin aliento después de caminar apenas un poco, y caminar sin ninguna protección una nave que suponía estaba invadida de alienígenas era una auténtica locura.
Incluso ahora sentía que el miedo iba a hacer que perdiera la razón.
¿Era la decisión equivocada o la correcta?
No podía dejar de pensar en eso.
Quizá un alienígena podría aparecer de repente y le arrancaría la cara como a aquel estudiante.
—¿Q-qué estoy… haciendo?
Tsubasa sintió como si le hubieran echado un balde de agua fría encima de repente, dándose cuenta que estaba haciendo algo completamente disparatado.
¿Debería regresar? ¿Después de haber llegado hasta allí?
Al menos, ¿podría sobrevivir quedándose junto al Rey? ¿Y si descubría que había escapado?
¿Qué hago? ¿Qué hago…?
Tsubasa cayó en un estado de confusión instantáneo y se acurrucó allí mismo.
No solo le temblaban las piernas; sino todo su cuerpo, y comenzó a hiperventilar. Las lágrimas brotaron una tras otra mientras jadeaba, provocadas por su propia reacción física.
Desde algún lugar frente a él escuchó un sonido parecido al de vapor escapando. Tsubasa conocía aquel sonido.
Levantó lentamente la cabeza y allí estaba el Rey, a diferencia de cuando lo vio por primera vez, se acercaba caminando lentamente sobre cuatro patas. De su boca, donde asomaban los colmillos, escapaba un aliento muy caliente que, al entrar en contacto con el aire frío, se convertía en vapor.
Cuando el Rey se acercó a Tsubasa, apoyó su propia cabeza contra la cabeza del chico, que seguía acurrucado.
El Rey movió la cabeza como la frotara contra él, como si estuviera olfateándolo, y poco a poco dejó al descubierto los colmillos.
Tsubasa, al ver entre los mechones de su cabello cómo la saliva del Rey resbalaba por los colmillos y caía, abrió mucho los ojos y esperó a que llegara ese momento.
—…¡!
El Rey emitió junto a la cabeza de Tsubasa un grito que no se parecía al de ninguna criatura que existiera en la Tierra.
No lo hizo una sola vez, sino muchas veces. Como si intentara razonar con Tsubasa. Como si lo estuviera regañando.
Durante ese momento, Tsubasa contuvo la respiración y resistió, pero finalmente comenzó a llorar entre sollozos. Entonces, el Rey lo alzó con delicadeza entre sus fuertes brazos.
Aunque quedó atrapado por aquel cuerpo caliente, Tsubasa ya no tenía fuerzas para resistirse. Tampoco podía gritar.
Tsubasa escuchó el sonido amortiguado de las patas que sostenían el pesado cuerpo del Rey al golpear contra el duro suelo.
¡No me mató…! ¡No me mató…!
Los brazos que sostenían a Tsubasa también lo trataban como si fuera algo frágil que pudiera romperse.
Una vez más, el instinto de supervivencia de Tsubasa resurgió.
Se acurrucó tímidamente contra el cálido pecho del Rey.
El Rey emitió un gruñido desde la garganta justo a su lado, haciendo que Tsubasa se estremeciera, pero su instinto le decía que continuara.
Con cautela, rodeó su fuerte pecho y cuello con los brazos, adoptando una posición como si fuera él mismo quien se aferraba al Rey y, mientras tanto, frotó las mejillas contra los cuernos y las protuberancias semejantes a branquias de su cabeza, como un animal buscando afecto.
El Rey no lo rechazó. También comenzó a emitir aquel sonido gutural que hacía cuando invadía la garganta de Tsubasa.
Los dedos largos, negros, duros y ásperos del Rey, que sostenían el cuerpo delgado de Tsubasa, comenzaron a moverse recorriendo su cuerpo.
Mientras rogaba en su mente ‘no quiero morir, por favor, no me mates’, Tsubasa acercó los labios a los colmillos del Rey.
Para el Rey, Tsubasa era su pareja, y aquella pareja a la que había reprendido ahora le suplicaba desesperadamente que la perdonara.
Aunque no podían comunicarse mediante palabras, su inteligencia no podía compararse con el coeficiente intelectual humano. Era una especie que había desarrollado inteligente conservando fuertemente sus instintos.
El Rey era un claro ejemplo de esto.
Tal vez pretendía llevar a quien se aferraba a él a otra habitación en lugar de devolvero al aula donde estaba antes, por eso se dirigía en dirección contraria.
Tsubasa se dio cuenta de ello recién entonces y quedó confundido.
—¿A, a dónde…? ¿Adónde vamos…?
Aunque sabía que no entendería sus palabras, no pudo evitar decirlas en voz alta.
Hasta entonces, había intentando permanecer en silencio delante del Rey, temiendo que cualquier sonido pudiera provocarlo. Pero quizá, al haber adquirido cierta confianza en que el Rey no lo mataría, se había relajado.
Como el Rey avanzaba con pasos más largos que los de Tsubasa varias veces, el paisaje cambió rápidamente ante sus ojos.
El suelo y el techo estaban teñidos de un rojo oscuro.
En algunos lugares, las paredes se habían desprendido y dejaban al descubierto las estructuras metálicas y las tuberías. Cuando llegaron a una zona oscura donde las bombillas estaban fundidas, Tsubasa se aferró con más fuerza al Rey.
**
CAPÍTULO 4
—Aquí…
Tsubasa fue llevado por el Rey a un comedor, que ahora se había convertido en un lugar irreconocible.
Fue allí donde los alienígenas los atacaron por primera vez y donde vio morir a personas ante sus propios ojos.
El recuerdo le provocó un intenso flashback que le hizo cubrirse la boca con la mano.
El Rey avanzaba haciendo un sonido crujiente al aplastar algo bajo sus patas.
Tsubasa sacudió la cabeza para apartar aquel pensamiento antes de llegar a imaginar qué era lo que estaba pisando.
Cálmate, cálmate. Si consigo entrar en la cocina, habrá agua y comida.
Solo pensar en comida en ese momento le revolvía su estómago vacío como si fuera a retorcerse hasta explotar, pero, al menos, quería beber agua.
El comedor tenía dos salidas. Quizá el Rey solo pretendía atravesarlo sin detenerse. Si se marchaba de allí, existía la posibilidad de que nunca pudiera volver.
Al recordar el furioso grito del Rey, un escalofrío le recorrió la espalda. Tsubasa decidió intentar comunicarle lo que quería, aunque no tuviera muchas esperanzas.
—E-espera.
Agarró uno de los cuernos de la cabeza del Rey para llamar su atención.
Como no tenía ojos, seguía siendo difícil saber si estaba mirándolo o no, pero se detuvo, así que debió haber funcionado.
—Aquí… eh… Yo quiero ir allí. Allí.
Se señaló a sí mismo y luego señaló la cocina, alternando entre ambos.
¿Lo entendería? No creía que pudiera hacerlo.
Aun así, el Rey parecía estar intentando comprenderlo. Inclinó lentamente la cabeza, como si se preguntara qué quería decir.
Tsubasa no se dio por vencido y continuó.
—Quiero ir allí ¡Uwaah!
De repente, el Rey cambió de dirección de golpe, tan bruscamente que Tsubasa sintió que le arrancaría el cuello.
Se apresuró a aferrarse a los cuernos y, al ver hacia dónde se dirigía el Rey, Tsubasa se llenó de alegría.
¡Me entendió…! ¡Lo logré! ¡Voy a poder beber agua…!
Incluso conseguir que el Rey lo bajara, cuando llegaron a la cocia, fue toda una odisea. Al final, el Rey pareció ceder al enrollar la cola alrededor del cuerpo de Tsubasa.
El agua después de tantos días sin beberla, tenía un sabor increíble y era como si se extendiera por todo su cuerpo. Cuando los alienígenas los atacaron, no era la hora de comer, así que no había nadie en la cocina, y por suerte, Tsubasa se había librado de tener que ver algo grotesco.
Con cuidado de no provocar demasiado al Rey, abrió el refrigerador más cercano.
Pero el sonido de la puerta al abrirse hizo que el Rey mostrara los colmillos, el refrigerador tenía un sonido parecido al siseo de una serpiente, probablemente amenazante, por lo que sacar algo de comida puso más nervioso Tsubasa.
Encontró unos sobres de curry y otros con acompañamientos para servir sobre un cuenco de arroz, y los abrió con cuidado.
Se suponía que debía calentarlos, pero no estaba en condiciones de preocuparse por semejante detalle. Apoyó la boca directamente en la abertura del sobre y con sus dedos empujó el contenido para comer.
En ese momento Tsubasa se dio cuenta de que no podía percibir ningún olor. Pensó que se debía a la fiebre y decidió no darle demasiada importancia. No podía oler nada y, debido a la fiebre, apenas sentía el sabor con la lengua. Aun así, al notar cómo se le iba llenando el estómago, Tsubasa rompió a llorar.
La imagen de él sorbiendo lastimosamente el contenido de un sobre y llorando a moco tendido era patética y miserable.
El Rey lo observaba fijamente, intentando descifrar su comportamiento. Sin embargo, al verlo masticar y tragar, pareció comprender algo y comenzó a vigilar la entrada de la cocina.
Tsubasa se puso en guardia, preguntándose si se acercaba algo, pero no apareció nadie. El Rey simplemente estaba haciendo guardia mientras su vulnerable pareja comía. Era un comportamiento habitual entre los animales salvajes, y parecía que también se daba entre las criaturas del espacio.
Con el estómago reducido por llevar tanto tiempo sin comer, Tsubasa apenas pudo terminarse un sobre y medio antes de sentirse incapaz de comer más. Le habría gustado quedarse allí, pero la cocina estaba fría. Por el momento no le molestaba demasiado, aunque dormir allí sería una tortura.
Además, el Rey tampoco parecía tener intención de quedarse más tiempo. Al ver que había terminado de comer, tiró bruscamente de la cola que tenía enrollada alrededor de su cuerpo. Tsubasa se apresuró a recoger otros sobres y botellas de agua, metiéndolos en un cuenco y sujetándolo entre los brazos.
El Rey acercó la cabeza a los objetos, como si olfateara su contenido, pero enseguida perdió el interés y volvió a levantar a Tsubasa con delicadeza.
¿Adónde lo llevaría ahora?
Si pensaba en algún lugar que tuviera abundantes provisiones aparte de la cocina, solo se le ocurría el almacén. Sin embargo, tenía una puerta enorme y pesada que permanecía cerrada con llave, así que seguramente no podría entrar.
En ese momento, a Tsubasa se le ocurrió una idea.
¿Y si conseguía la llave y se encerraba allí dentro? Podría esperar a que llegara la ayuda desde la Tierra sin que los alienígenas lo encontraran y sin tener que preocuparse por quedarse sin comida ni agua.
Incluso si hacía frío, allí había abundante ropa de abrigo y otras cosas que podrían protegerlo.
Tsubasa pensó hasta sudar, que incluso con una puerta tan fortificada, ni siquiera los alienígenas podrían romperla fácilmente. Pero, al ver lo que tenía delante, dejó escapar unas palabras en las que se mezclaban la sorpresa y cierta exasperación.
—...No hay forma de que eso funcione.
La robusta puerta que había considerado tan difícil de romper presentaba abolladuras por todas partes y había sido arrancada por las uniones soldadas. Las marcas de los golpes eran enormes; incluso parecían ocupar una superficie mayor que la de los cuerpos de los otros alienígenas.
En otras palabras, aunque los demás alienígenas tuvieran dificultades para romperla, el Rey podía hacerlo sin problemas.
Tsubasa abrazó instintivamente el cuenco con más fuerza y alzó la mirada hacia el Rey.
¿Podría estar aquí?
Si es así, sería maravilloso.
Antes de que Tsubasa pudiera siquiera indicarle que quería entrar, el Rey ya había puesto un pie dentro del almacén.
Como esperaba, el interior estaba refrigerado para evitar que los alimentos se echaran a perder. Aferrado al cuerpo del Rey, Tsubasa recorrió el lugar con la mirada.
Cuando le entregaron el mapa de la nave espacial, solo había podido ver una fotografía de aquel sitio, pero era muchísimo más grande de lo que había imaginado.
¡Parecía que cabrían cuatro gimnasios escolares!
Había una enorme cantidad de estanterías, más altas que el propio Rey, repletas de alimentos, medicamentos, ropa y mantas.
El corazón de Tsubasa comenzó a latir con fuerza.
¡Aquí! ¡Quiero quedarme aquí...!
El Rey siguió avanzando en línea recta, deslizándose hábilmente entre las estanterías.
Cuando llegaron a un espacio abierto, bajó a Tsubasa con delicadeza. Al sentir el frío, este bajó la mirada hacia el suelo. Estaba demasiado oscuro para distinguirlo bien, pero las estanterías habían quedado aplastadas hasta convertirse en láminas planas.
Tsubasa palideció al verlo.
¡Aquello era acero inoxidable, y estaba aplastado como si fuera una simple chapa! Ahora entendía perfectamente cómo consiguieron destrozar aquella puerta.
Al ver que el Rey se tumbaba allí, como un animal cuadrúpedo, Tsubasa se fijó en que todos los objetos de los alrededores estaban aplastados. Era casi como si aquel lugar fuera su nido.
—¿Te quedas aquí...?
Por supuesto, no obtuvo respuesta. Sin embargo, cuando vio que el Rey apoyaba la cabeza en el suelo, como si fuera a dormir, Tsubasa lo supo con certeza.
Estaba tan contento que casi se echó a reír. Claro, dadas las circunstancias, no tenía por qué alegrarse en primer lugar. Pero, al menos, ya no moriría de hambre.
Quizá sobreviviría hasta que llegara la ayuda desde la Tierra.
**
NT: ¿Llegará realmente la ayuda?
CAPÍTULO 5
Después de un rato, Tsubasa vio cómo el Rey se marchaba del almacén. Una vez que se quedó solo, lo primero que hizo fue buscar el interruptor de la luz. Seguramente estaría cerca de alguna pared, pero el lugar era tan enorme y oscuro que temía perderse.
El simple hecho de que palabra perderse se le pasara por la mente significaba que había decidido que el lugar al que debía regresar era junto al Rey. Aunque él mismo no se diera cuenta.
Primero, sacó algo de ropa de una estantería cercana.
Llevaba tanto tiempo con la camisa hecha andrajosa que se sorprendió al ver las prendas almacenadas en los estantes.
Lo que encontró parecía ser un sencillo traje para el sauna. No serviría para protegerlo del frío, pero era mejor que estar desnudo. Por el momento, se la puso.
También había toallas de baño cerca, pero quería algo más grueso. Un futón, sería lo ideal, mejor aún, una manta eléctrica.
Se suponía que debía buscar el interruptor de la luz, pero las cosas que veía en las estanterías no dejaban de distraerlo, una tras otra.
Vació una cesta grande y empezó a llenarla con todo lo que pudiera necesitar. Entre las cosas que encontró había un antipirético, que se tomó en cuanto lo vio.
Y así, mientras seguía recogiendo cosas, Tsubasa se dio cuenta de que estaba completamente perdido...
A diferencia de cuando contemplaba las estanterías con alivio y alegría, ahora el miedo comenzó a apoderarse de él. Un escalofrío le recorrió el cuerpo y las piernas empezaron a temblarle.
¡El lugar era inmenso!
Incluso existía la posibilidad de que hubiera otros alienígenas, cuya presencia casi olvidaba, escondidos por allí. Que a ojos de Tsubasa, parecían menos inteligentes que el Rey.
Al recordar cómo habían matado a los estudiantes y cómo fue atacado en el aula, volvió a acurrucarse en el suelo.
¿Qué voy a hacer? De verdad, no pienso las cosas…
Comenzó a culparse. Para escapar de la realidad, imaginó otra versión de sí mismo que le señalaba sus propios defectos y lo regañaba por su falta de prudencia.
—Ba, basta.
Lo peor era que hasta empezaba a enfadarse consigo mismo.
Por el momento, decidió intentar reconstruir el camino calculando la ruta a partir de los objetos que llevaba en la cesta.
Antes le pareció que el lugar estaba tenuemente iluminado, pero, en cuanto el miedo se apoderó de él, todo empezó a parecerle completamente oscuro. El silencio era tan absoluto que hasta el sonido de su propia respiración le daba miedo.
Conteniendo la respiración todo lo posible y avanzando de puntillas, escuchó un fuerte golpe procedente del techo.
—¡...!
Tsubasa dio un salto y se encogió quedándose inmóvil en el sitio.
Recordaba aquel sonido. Era el mismo que hizo el Rey cuando apareció desde el techo del aula.
Pero no sabía si era el Rey o algún otro alienígena. En aquella situación no podía evitar pensar que lo más probable era que se tratara de otro alienígena.
Estaba a punto de sufrir una hiperventilación, pero hizo todo lo posible por controlarse. Y, aunque resultara increíble, Tsubasa deseaba con todas sus fuerzas regresar junto al Rey.
¡BANG! ¡BANG!
Los golpes fueron acercándose poco a poco. Tsubasa soltó la cesta y echó a correr sin pensarlo.
Tenía la sensación de que aquello lo estaba persiguiendo y, al final, no pudo soportarlo más y dejó escapar un grito.
Quería llamar a aquel Rey, pero no sabía siquiera cómo hacerlo, y tampoco estaba seguro de que le respondería.
Siguió corriendo desesperadamente, sin rumbo, hasta llegar a una zona que le resultaba todavía más desconocida. Tsubasa cayó entonces en un estado de confusión aún mayor.
Cuando sintió que estaba a punto de perder el conocimiento y rendirse, algo apareció por el rabillo del ojo: una cola de aspecto familiar se deslizó con un suave movimiento. Tsubasa volvió en sí de inmediato.
Podría ser el Rey...
Pero la forma de la cola del Rey y la de los otros alienígenas eran prácticamente idénticas. La única diferencia estaba en el tamaño, algo imposible de determinar si solo veía la punta.
Tsubasa no tuvo más remedio que quedarse paralizado en el sitio.
Sin embargo, desde el techo volvió a oírse otro golpe, como si algo lo estuviera abollando. Eso le hizo convencerse de que la cola que acababa de ver pertenecía al Rey.
—¡Espera!
Tambaleándose, se aferró a las estanterías para avanzar tras él.
—¡Dije que esperes...! ¡Estoy aquí! ¡Aquí...! —Una vez más, Tsubasa tuvo que arrepentirse de su propia imprudencia.
El que tenía delante, de espaldas a él, no era el Rey, sino otro individuo distinto del que se encontraba en el techo.
Tsubasa jadeó en busca de aire mientras retrocedía lentamente.
Un recuerdo repentino de aquel compañero de clase cuyo rostro había quedado destrozado, cuyo nombre ni siquiera conocía, se le vino a la mente.
Dejó de respirar por un instante y se movió con toda la lentitud posible. El alienígena avanzaba en dirección contraria a Tsubasa, ondulando su cola con una lentitud tan repugnante que le revolvía el estómago.
Poco a poco, la distancia entre ambos fue aumentando. Finalmente, el alienígena cambió de dirección y desapareció de su campo de visión.
Tsubasa también se ocultó detrás de una estantería, utilizándola como escudo. Se tapó la boca con una mano y aspiró aire con cuidado para evitar que su respiración se descontrolara de golpe.
¿Por qué demonios pensé que estaría a salvo aquí?
Aunque no había vuelto a ver a ningún otro alienígena desde aquel día, eso no justificaba semejante estupidez. Tsubasa se burló de sí mismo con amargura, intentando tranquilizarse. Seguramente era el típico personaje que moriría primero en una película de terror.
Todo está bien, todo está bien. Cálmate.
Lo mejor era llegar hasta la pared. Allí habría una salida y, desde allí podría ir directamente hasta el nido.
Los otros alienígenas parecían temer al Rey. Era razonable pensar que ocupaba el puesto de líder de la manada.
Si conseguía llegar hasta el nido, seguro que...
¿De verdad sería así?
Tsubasa apartó aquella duda de su mente. Se agarró la cabeza con tanta fuerza que casi parecía que fuera a arrancarse el pelo y respiró hondo.
Los ruidos del techo también cesaron por el momento.
Quizá ya es hora de moverme.
Espera, ¿de verdad debería moverme ahora? ¿Y si el alienígena vuelve? ¿No sería mejor quedarme aquí hasta que llegue el Rey? ¿Vendrá a buscarme siquiera?
Tsubasa estaba a punto de volverse loco.
Sin darse cuenta, empezó a hiperventilar y sintió un hormigueo en las puntas de los dedos. El tiempo transcurrió de una forma extraña, unos instantes le parecían cinco minutos y, al mismo tiempo, una hora entera.
Finalmente, Tsubasa consiguió tomar una decisión.
Me quedaré aquí. Seguro que el Rey vendrá a buscarme. Cuando me escapé del aula, se enfadó muchísimo.
Aunque también cabía la posibilidad de que creyera que volvió a escaparse y no sabía qué haría entonces, Tsubasa sentía que esa opción le ofrecía algo más de esperanza que la situación en la que se encontraba.
Sí, eso haré. Seguro que es lo mejor...
Una vez que tomó una decisión, su estado mental se estabilizó un poco, al menos en comparación con la incertidumbre que lo había atormentado hasta entonces.
Mientras se masajeaba los dedos, que se le habían quedado rígidos, Tsubasa esperó.
Ploc.
Algo cayó entre sus rodillas, sobre las que se había desplomado.
Aquello siguió goteando, ploc, ploc. Era más viscoso que el agua.
No podía levantar la cabeza.
Hay algo estaba encima.
Con un estruendo, el contenido de la estantería cayó en masa sobre Tsubasa. Se cubrió la cabeza con los brazos y se protegió por instinto. El ruido de los objetos al caer, fue el último sonido antes de que el silencio volviera.
Tsubasa no pudo hacer otra cosa que sollozar.
Ante sus ojos había un alienígena que, por desgracia, no era el rey. Cuando abrió los ojos, tenía justo delante de la punta de su nariz una boca llena de colmillos, y el rostro aplastado volvió a su memoria con una claridad aterradora. Seguro que sería un dolor indescriptible. Una agonía insoportable.
¿Moriría al instante?
La boca se abrió lentamente y una lengua como la de una serpiente comenzó a asomar.
Incapaz de apartar la mirada.
Justo cuando aquella cosa estaba a punto de tocar a Tsubasa, el alienígena que tenía delante salió disparado por los aires.
La escena le resultaba extrañamente familiar, le recordó el día en que el rey lo encontró.
Tsubasa se ilusionó, pensando que el rey había llegado. Sin embargo, al seguir con la mirada al alienígena que había salido volando, se encontró con una situación aún más complicada.
¡Los alienígenas estaban luchando entre sí!
El alienígena que estaba justo delante de Tsubasa era el mismo que se encontraba en el techo, mientras que el que lo atacó probablemente era aquel que Tsubasa había confundido antes con el rey.
Abrumado por la visión de aquellas criaturas extrañas luchando mientras lanzaban chillidos estridentes que, aunque este era el momento perfecto para escapar, no podía moverse.
En medio del caos, ya no podía distinguir quién era quién, pero seguramente daba igual porque sin duda, cualquiera de los dos intentarían matar a Tsubasa.
Tsubasa se dio cuenta de repente, que con las piernas tan flojas apenas podía sostenerse, e intentó huir arrastrándose por el suelo.
—¡Ah…! ¡P, para…maldición! ¡Suéltame…!
Una de las criaturas agarró la pierna de Tsubasa con sus dedos largos y delgados, y trató de arrastrarlo de vuelta. Tsubasa clava los dedos en el suelo para resistirse, como si intentara aferrarse a este, pero aun así fue arrastrado. Poco a poco, sintió que su cuerpo se empapa de un líquido caliente y, por puro reflejo, mira hacia atrás.
—¡Hii…!
La lucha entre las dos criaturas parecía haber llegado a su fin con la muerte de una de ellas. Un líquido verde se extendió por todo el suelo, debía de ser la sangre de los alienígenas.
Mientras todo su cuerpo se empapaba y ensuciaba, el suelo se volvió resbaladizo y ya no le quedó ninguna forma de escapar.
El alienígena que se cernía sobre él desde arriba, lanzó un grito de excitación y le arrancó bruscamente la ropa que Tsubasa acababa de ponerse. Sus afiladas garras lo hirieron, y al mismo tiempo, le infligió una leve herida en el estómago, pero Tsubasa no sintió dolor, quizás por la adrenalina.
—¡No, no…! ¡Para…! ¡Aaaah!
La serpiente presionada contra su vientre se deslizó lentamente, provocando que Tsubasa lanzara un grito visceral. Sintiéndola girar y presionar con fuerza como si intentara meterse en su ombligo, resistió sin importarle nada, poniendo las manos sobre la cabeza del alienígena.
¡Me están arrancando las tripas, me las arrancarán…!
—¡Nooo…!
Unos dedos grandes y alargados rodearon por completo los muslos de Tsubasa.
Ni siquiera podía agitar las piernas.
En ese momento, algo tan caliente que parecía iba a quemarlo se presionaba contra él. Tsubasa sabía lo que era.
Lo que parecía ser el órgano genital del alienígena se alzó, retorciéndose mientras buscaba la manera de entrar en el cuerpo de Tsubasa.
El alienígena volvió a emitir un chillido ahogado y excitado. Había encontrado un orificio para introducirse en el cuerpo de Tsubasa.
Tsubasa solo podía mirar al alienígena que seguía profiriendo gritos extraños sobre él.
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Traducción: Kyo-kun
Revisión: Chibl
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